EDITORIAL @analitica | ¿Existe hoy una confrontación izquierda y derecha?

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Es de todos conocidos el origen del uso de los términos izquierda y derecha en política. Fue el 11 de septiembre de 1789, cuando en la Asamblea Constituyente surgida de la Revolución Francesa, se discutía el poder del Veto del Rey y se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea los que propugnaban que fuese absoluto, y a la izquierda que fuese limitado.

De allí en adelante este concepto se extendió a determinar como de izquierda a los que propugnan el cambio político y de derecha los que se oponen.

Con el tiempo se amplió el campo de contenido entre ambos espectros del panorama político, incluyendo en ambos bandos cosas que poco tenían que ver con la idea de estar a favor o en contra de los cambios, porque si bien se podría decir que el comunismo soviético representaba un intento de cambio fundamental con respecto a la Rusia imperial y, por lo tanto, se le consideraba de izquierda, el fascismo italiano también cambiaba profundamente el Estado italiano, implantando el concepto de Estado totalitario. Por cierto, lo mismo hizo Stalin, sin decirlo, y fue calificado como de derecha.

Esto no quiere decir que no haya diferencias importantes entre los diversos regímenes políticos y que se use como referente los antiguos términos de izquierda y derecha, cuando en verdad hoy sería más útil distinguirlos entre democráticos y autocráticos.

Vivimos en un mundo cada vez más globalizado e interconectado, y resulta muy difícil definir, con los antiguos conceptos de izquierda y derecha, por ejemplo a Rusia y a la misma China. En cambio, si usamos la otra distinción, es decir, cuáles son democráticos y cuáles no, resulta más clara la distinción.

En nuestro país, el régimen en el poder se califica de izquierda y democrático, y en realidad la praxis demuestra que tiene elementos comunes con el fascismo de Mussolini y con el estalinismo soviético y que, por lo tanto su pretensión es totalitaria, que es la antítesis de la democracia.

Hoy, uno de los valores que definen el carácter democrático de los países es el respeto a los derechos humanos, a la Constitución y a las leyes, a la división de poderes, a la disidencia, a la libertad de expresión y de iniciativas personales, a la alternancia en el poder y, sobre todo, a la presunción de inocencia al ser juzgado. Con ese baremo en mente es que se puede definir la naturaleza política de un régimen, y no escudándose en el falso concepto de izquierda y derecha.