EDITORIAL @analitica | La guerra psicológica

MAYO 24, 2017Screen Shot 2017-05-24 at 5.05.11 PM

Una de las características del régimen actual en el poder ha sido imponer la idea de que nuestro país vive un estado de guerra continuado.

Es casi una adaptación a la letra de la tesis de Trotsky de la revolución permanente, salvo que, como el origen de esta pseudo revolución fue un golpe de estado militar, el guerrerismo es su esencia permanente.

Ya en los albores de estos 18 años, el proto fascista Norberto Ceresole elaboró en un breve texto la doctrina oficial que consistía en una triada encabezada por el caudillo o jefe apoyada por un pueblo y un ejército.

Mientras el “comandante eterno” estuvo vivo eso le funcionó, pero cada día que pasa a su sucesor le resulta más cuesta arriba recrear esta trinidad, porque ya no tiene pueblo y solo le queda la Fuerza Armada de la que “se puede hacer lo que se quiera con las bayonetas salvo sentársele encima”, como decía Mirabeau.

Por eso, y para compensar esas fallas estructurales del proyecto, recurre con asistencia de los cubanos a la guerra psicológica, que consiste esencialmente en un conflicto con pocos fusiles, pero con el empleo planificado de la propaganda y de acciones psicológicas destinadas a desinformar al adversario, estimular reacciones que creen caos y fragmentar la unidad de mando del oponente. Su fin es destruir la moral y capacidad de lucha de la resistencia y hacerle creer que no hay posibilidad de victoria, ya que el régimen en el poder es invencible.

Lo importante es entender que recurren a la guerra psicológica precisamente en el momento en el cual se sienten más débiles. Por eso, en la medida en la que el adversario no compre las falsedades emitidas, la situación se puede revertir y más bien fortalecer su capacidad de lucha y su posibilidad de éxito.