EDITORIAL @analitica | Moral y luces son nuestras primeras necesidades

OCTUBRE 4, 2017Screen Shot 2017-10-05 at 1.28.40 PM

No lo planteamos como lo hizo Bolívar en Angostura, porque no se trata de establecer un poder moral, sino de predicar la necesidad de un comportamiento apegado a la ética, en el que los valores esenciales de nuestra sociedad sean el norte que debe regir en el futuro de nuestro país.

Demasiados años llevamos tolerando y auspiciando la cultura del más vivo, que en el fondo es el acicate perfecto para justificar la corrupción como medio del que se dispone para enriquecerse sin tener que trabajar. Es la típica historia del que cree que no necesita luces para progresar, porque sabe que medrando y con menos esfuerzos podrá alcanzar lo qué tal vez necesitaría años de preparación y dedicación para lograrlo.

Por eso, si queremos que Venezuela surja después del cataclismo, es imperativo llevar a cabo reformas educativas profundas que capaciten a nuestra juventud en los conocimientos y destrezas necesarias para poder competir en lo que se denomina  a nivel mundial la sociedad del conocimiento. Pero esto por si solo no será suficiente sin sembrar en las familias los conceptos de solidaridad, responsabilidad y honorabilidad que hacen del individuo un ser útil a la sociedad.

Si de verdad queremos a Venezuela, como lo decimos fácilmente en canciones, tenemos que demostrarlo trabajando, siendo honestos, dejando de lado la mal llamada viveza criolla y hacernos responsables de nuestros actos y los de nuestros hijos. Querer a Venezuela es cuidarla, no destruirla, es aprovechar sus riquezas para convertirlas en oportunidades para todos y no sólo para algún que otro enchufado con el gobierno de turno.

Para triunfar hay que recordar la famosa frase de Winston Churchill en la Segunda Guerra Mundial, cuando su nación estaba al borde de la derrota, al señalar que para vencer solo le podía ofrecer a su pueblo, sangre, sudor y lágrimas y, sobre todo, una palabra que raramente citan de su frase, toil: esfuerzo.

Ya nos dimos cuenta que la riqueza de una nación no son sus recursos naturales, sino el trabajo y los principios de su gente. Si estos años de sufrimiento han de servir para algo es para que cambiemos de actitud y nos demos cuenta de que lo hecho hasta ahora no ha servido de nada sino para enriquecer a unos pocos y empobrecer en todos los sentidos a nuestra nación.