EDITORIAL @analitica | ¿Por qué las dictaduras totalitarias son fraudulentas?

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La inmensa mayoría de las dictaduras totalitarias que surgieron en el curso del siglo XX utilizaron el fraude para perpetrarse en el poder. Es cierto que muchas obtuvieron el mando bien sea por un golpe de estado, en el caso de Lenin; por temor y complicidad de la clase dirigente alemana en el caso de Hitler; a consecuencia de una guerra civil en el caso de Mao o por la caída de una dictadura militar en el caso de Fidel. Otras, como las de Mussolini, Franco y Perón tuvieron al principio de sus gobiernos un alto nivel de aceptación popular, por considerar, el pueblo, que tal vez con ellos su suerte podría mejorar y la burguesía, que lograría mantenerse igual o tal vez mejor, como ocurrió en algunos de estos regímenes, salvo en los de corte comunista, en loas que fue barrida y sustituida por una nueva clase, la nomenclatura.

Ahora bien, al transcurrir los años, estos regímenes mostraron con diferentes rostros su odio a la libertad, y en vez de mejorar las condiciones de vida de todos sus ciudadanos, establecieron diferencias en función de categorías sociales privilegiadas, las que respaldaban al régimen, las inexistentes y, por lo tanto, perseguidas, los que rechazaban el régimen y los indiferentes a los que simplemente se les aplicaba la ley vigente.

Como resulta obvio, con el paso del tiempo el descontento de las respectivas poblaciones  fue creciendo, y estos regímenes inventaron diferentes mecanismos para atrincherarse en el poder. Uno de ellos fue la práctica constante y abusiva del fraude electoral, celebrando periódicamente elecciones cuyo resultado ya estaba prefijado por el respectivo mandatario y desatando a la vez purgas y asesinatos o poniendo presos, sin juicio, a todo aquel que pretendiese denunciar cualquier irregularidad.

Como todo en la vida, nada es permanente y cada uno de esos regímenes totalitarios del siglo XX sucumbieron a la larga, por sus inherentes contradicciones y porque las mentiras no pueden prevalecer para siempre.

Hoy solo quedan sistemas anacrónicos de ese corte en pocos países y son relativamente poco importantes, pero dentro de poco estos también pasaran a la historia como ejemplo de experiencias negativas y fallidas y serán sustituidos por nuevos regímenes híbridos, que serán a la vez democráticos y autoritarios, pero con los límites que les impone un mundo cada vez más globalizado e interdependiente.