EDITORIAL » Antes y después del 27

Los de Mas dicen que ya están en otro escenario, pero se disputan el actual

 Screen Shot 2015-08-19 at 6.27.51 PMA medida que se acercan los comicios catalanes del 27 de septiembre emergen las contradicciones del proyecto independentista. La ambigüedad de unas elecciones que se pretenden equivalentes a un plebiscito pero que se convocan como autonómicas, y como tales son consideradas por la mayoría de las listas concurrentes, está detrás de las divergencias afloradas.En su camino hacia la ruptura con España, los líderes de Convergencia (CDC) han roto ya con el catalanismo como proyecto compartido por gentes de ideologías diferentes. No solo han renunciado a su antigua intención de buscar una salida que sea legal y pactada (se jactan de lo contrario), sino también a explorar alternativas inclusivas, como la de la reforma de la Constitución planteada por los socialistas como marco para una actualización de la autonomía catalana.

“Nosotros ya estamos en otro escenario”, ha advertido estos días el número dos de CDC, Josep Rull. Y el número tres, Francesc Homs, ha completado el mensaje afirmando que “no consideraremos ninguna propuesta que no incorpore (…) el reconocimiento del derecho a la autodeterminación”. Suponer que puede haber una mayoría de españoles que avale esa posibilidad revela un voluntarismo extremo; y en Cataluña supone plantear la cuestión desde el punto de vista de todo o nada, con desprecio de las posiciones intermedias (federalismo, confederalismo, autonomía reforzada) que según numerosas encuestan sumarían un apoyo mayor que el de la opción independentista. Esas posiciones intermedias estarán representadas en el </CF> Parlament que salga de las urnas, y no podrán simplemente ser ignoradas por los que dicen estar en un escenario de independencia y actúan como si las elecciones ya se hubieran celebrado y ellos fueran los vencedores.

Pero no se han celebrado, pese a lo cual CDC y ERC ya se están repartiendo presencias y ausencias en el futuro Govern y disputándose la presidencia para el periodo que se abrirá tras el recuento. ¿Será para Artur Mas como dan por hecho en Convergencia, o para Raül Romeva, que encabeza la lista unitaria? ¿Y qué pasa si no alcanzan la mayoría absoluta de la que dependen los pasos ulteriores, o lo hacen por tan escaso margen que desisten de la declaración de independencia? Lo más probable sería que Mas dimitiera y se formase un gobierno autonómico en torno a un pacto transversal de superación de la crisis política por él provocada.

Se sabe por los resultados de la consulta del 9-N que 1,8 millones de catalanes apoyan la independencia si la alternativa es si o no a esa posibilidad, y que el resto de un censo potencial de 5,4 millones —que incluía a los mayores de 16 años— se abstuvieron en esa ocasión de respaldarla. Si esa relación se refleja en las urnas, y no hay por tanto una mayoría independentista suficiente, ambas magnitudes tendrían que ser tenidas en cuenta en el periodo postelectoral. Y el punto de encuentro más verosímil sería seguramente un catalanismo reforzado y plural, respetuoso con el marco que resulte de la reforma constitucional. Que hoy se crea en otra dimensión no evitará a Convergencia tener que regresar al mundo real.