EDITORIAL | Avance insuficiente

La cumbre de Lima llega a acuerdos generales que no afrontan a fondo el reto del cambio climático

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El principio de acuerdo con el que concluyó la cumbre de Lima cambió el tono pesimista de los últimos días. Se ha conseguido que los casi 200 países participantes se comprometan a reducir emisiones de gases de efecto invernadero a través de planes que deben presentar a la ONU durante 2015 y se unifiquen a finales de año en la cumbre de París. Es un mensaje positivo que parece contrarrestar la tendencia inmovilista de los últimos años. Sin embargo, el acuerdo tiene limitaciones que hay que subrayar para evitar expectativas frustradas e intentar superarlas más adelante.

Los acuerdos de Kioto establecieron un conjunto de reducciones cuantificables por países pero que sólo afectaban a los más desarrollados y cuyo límite temporal fue 2012. Dada la imposibilidad de sustituirlos por otros más realistas y con proyección de futuro, se decidió prolongar su vigencia hasta la cumbre de París. Por otro lado, en la cumbre de Copenhague, celebrada en 2009, se adoptó el acuerdo de limitar las emisiones de forma que la temperatura del planeta no superara los 2°C, sin establecer los mecanismos para conseguir ese objetivo aun cuando se conocen con bastante precisión.

Las emisiones no están disminuyendo sino aumentando y, en la última década, a un ritmo que las duplicará en unos 40 años. Crece la demanda global de energía, y este aumento se satisface sobre todo con combustibles fósiles, no con renovables o energía nuclear. Más aún, países como Japón o Alemania están reduciendo el componente nuclear de su suministro energético, con lo que han incrementado las emisiones, rompiendo así una tendencia de décadas a la baja.

El problema de Lima es que el acuerdo establece que cada país fijará sus metas de reducción de emisiones sobre una base voluntaria; nadie puede asegurar que la combinación de todas ellas resulte en el nivel global requerido. Más bien cabe sospechar que no será así. Esta es su principal debilidad.

No hay que minimizar, por otra parte, la disposición de países habitualmente reticentes (EE UU, Australia) y de otros, como China, excluidos del protocolo de Kioto pero que están entre los más contaminantes. Se trata de un notable paso adelante, aunque insuficiente para hacer frente al desafío ambiental más importante del próximo futuro: el cambio climático inducido por la actividad humana.