Editorial | Bajo las banderas rojas rojitas —Crímenes y criminales—

Screen Shot 2017-03-02 at 8.30.20 AMJUEVES 2 DE MARZO DE 2017

 

 

 

En la edición de ayer llamaba especialmente la atención una noticia que no por ser ya cuestión de rutina (y de ruina moral del oficialismo) impactaba al lector por dos razones especiales: la primera era el rostro de una humilde y valerosa joven de Barlovento que, a sabiendas de que corría un riesgo de muerte, se atrevió a desmentir la versión oficial, falsa y cobarde, de los voceros de la Guardia Nacional Bolivariana sobre la muerte de dos militares caídos en situaciones que no eran precisamente de combate contra el enemigo imperialista.

Como es costumbre en este gobierno embustero, la muerte de estos integrantes de la GNB había pasado de ser un cruel y cobarde asesinato y, por obra y gracia del cinismo verde oliva, transformado en una emboscada que unos bandidos le habían tendido a 15 valientes soldados de la Guardia Nacional, en un punto de control ubicado en El Delirio, en Río Chico, en el estado Miranda. Poco duró la cortina de humo inventada por el oficialismo porque los lugareños no eran unos ciudadanos miedosos que se iban a quedar callados ante estos abusos criminales, sino que en la primera oportunidad dieron a conocer la verdad.

Dos de los asesinados, presuntamente por la GNB, eran por insólitas cuestiones del destino, gente conocida en la zona y, para mayor escándalo, uno de los caídos era sargento II de la Guardia y el otro, de nombre Jonathan Alberto Cardozo, era soldado y prestaba servicio en Fuerte Tiuna. Valga decir, que no se les puede calificar de hampones o paramilitares sino de gente joven que compartía la alegría del carnaval. Incluso habían escogido una reina y, para mayor rabia y desgracia, como buenos ciudadanos se tomaron la molestia de acudir al centro de comando de la GNB y participaron que celebrarían una fiesta con música y comida, pero que a eso de las 12 de la noche cesarían las actividades y se retirarían a sus hogares.

Mejor imposible, si se toma en cuenta el clima de violencia que reina en Venezuela desde la llegada al poder de la hampocracia roja rojita.

De repente, según cuenta Ámbar Carreño, cuñada del soldado Jonathan Alberto Cardozo, llegó un convoy de la Guardia Nacional Bolivariana disparando de forma inesperada y enloquecida contra el grupo de vecinos que estaba en la reunión a cielo abierto. Desde luego, cundió el pánico y los militares arrasaron con los kioscos de venta de comida y, de paso, cargaron con todo lo que pudieron y tuviera valor. Un saqueo en toda la extensión de la palabra. Como si no bastara con semejante salvajada, varios de los vecinos resultaron heridos y un niño de dos años recibió un balazo que lo mantiene grave en un hospital.

La OLP, ese invento que alguien debe haber calcado de los fascistas alemanes de la Segunda Guerra Mundial y que hoy el PSUV y la FAN nos lo quieren vender como una solución militar y policial, ha resultado un motivo más para matar y mentir, para aterrorizar y paralizar al pueblo.

Cuándo entenderán los cabecillas del PSUV que los militares no son policías y que cada vez que actúan piensan en disparar y matar al enemigo, no importa el país, el idioma, la religión o el color de la piel.