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Editorial – Día del fracaso y el desamor
Screen Shot 2013-10-25 at 7.09.50 AMEste último invento de consagrar el 8 de diciembre como Día de la Lealtad y el Amor a Chávez, simple propaganda electoral en las narices del CNE, es sólo otra demostración que Maduro no entiende que ni en abril ni a estas alturas el problema no es Hugo Chávez sino Nicolás Maduro

Se nos aparece el Presidente Maduro con una nueva fiesta patriótica, el “Dia de la Lealtad y el Amor a Chávez”, casualmente el 8 de diciembre. Otra ocurrencia de este extraño empeño en alardes, banderazos e inconsistencias en el que ha venido a derivar el chavismo. Que no ha sido precisamente una escuela de coherencia, pero que al menos contaba con el carisma popular de Chávez que no resolvía pero ilusionaba.

Ha dado el sucesor del Presidente fallecido en dedicar excesivo tiempo a hablar, ofrecer y, especialmente amenazar, pero claramente muy poco a gobernar, entendiendo gobernar como dirigir, gerenciar y solucionar las diarias necesidades de una República con enormes problemas. Desde abril ha demostrado su nula capacidad para cumplir los requerimientos mínimos de un Jefe de Estado, y todo le falla. Desde aquella desafortunada confesión de un pájaro que le habló, a perder aceleradamente tal cantidad de votos del chavismo que a punto estuvo de perder también las elecciones, triunfo dudoso por los escasos votos a favor y las demasiadas señales de manipulación, a seis desastrosos meses a cargo del Poder Ejecutivo.

Recibió así la banda presidencial con un precario respaldo ciudadano, con una confrontación política y con algunas esperanzas de que, ante la gravedad económica y social que habían dejado Chávez tras sus repetidos períodos presidenciales, y el propio Maduro en cuestionable pero real papel de suplente, podría tomar decisiones adecuadas a una patética realidad. Un cambio en el gabinete económico alimentó un poco más esas expectativas.

En 6 meses de viajes innecesarios, uno de ellos en extraño desarrollo, y un uso intensivo de cadenas audiovisuales, frases pomposas, anuncios de sabotaje y de atentados magnicidas, el Gobierno de Maduro no sólo va mal, sino que va peor. Nunca ha entendido la importancia de proyectar una imagen propia, personal, que no tiene que ver con la lealtad a Chávez. Al contrario, se ha convertido en un megáfono de la adoración al muerto. Finalmente ha dejado la economía en manos de quien ya es un megaministro y Vicepresidente con la economía en la mano, y parece dedicado, curioso empeño, en aparecer siempre rodeado de generales y almirantes. Su actitud frente al abuso guyanés es similar a su gestión de Gobierno, blanda, ambigua, sólo que sin proclamas.

Este último invento de consagrar el 8 de diciembre como Día de la Lealtad y el Amor a Chávez, simple propaganda electoral en las narices del CNE, es sólo otra demostración que Maduro no entiende que ni en abril ni a estas alturas el problema no es Hugo Chávez sino Nicolás Maduro. Para él, ese domingo electoral será el dia del desamor y del fracaso con la demostración adicional de que ni Chávez tiene sucesor ni el chavismo un líder.

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