Editorial | ¿Dónde están las víctimas? —Nuestra olvidadiza FANB

Screen Shot 2017-03-08 at 08.26.34MIÉRCOLES 8 DE MARZO DE 2017

 

 

Ha pasado tiempo más que suficiente para que nuestras gloriosas fuerzas armadas ­con la habilidad que le caracteriza y con la modernización lograda en los últimos 20 años gracias a la flota aérea de guerra comprada a chinos y rusos, por orden expresa de nuestro máximo piloto bolivariano, el señor comandante Hugo Chávez, que Dios lo tenga en las nubes por siempre jamás­ haya despejado el misterio del helicóptero ruso MI17V5, que salió en misión desconocida o por lo menos sin aclarar, llevando como pasajeros a civiles y militares en número de 17. Despegó, sin fallas aparentes, en las últimas horas del año 2016 y hasta ahora pareciera que se lo tragó la tierra.

Como siempre ocurre en estos accidentes donde están involucrados oficiales y soldados de la FANB, de inmediato se ordenó correr la cortina para que la opinión pública no se enterara de algo que le puede interesar porque se trata casualmente de una tragedia aérea que puede ocurrir en cualquier día o momento. Pero con tanto secretismo y prohibiciones contra la prensa y los organismos civiles de búsqueda y rescate lo que se logra es crear más angustia y misterio, abonando de paso el terreno para que florezca cualquier teoría, por muy disparatada que sea.

En estos casos lo mejor y más recomendable es no cerrarse a las aportaciones informativas de la comunidad que habita en los alrededores y de los conocedores de la zona. De allí que la actitud del ministro de la Defensa, general Padrino, no fuera la más conveniente porque sonaba amenazadora y excluyente contra los civiles que estaban dispuestos a ayudar. De allí que, de antemano, se podía adivinar el fracaso en la tarea de rescate.

A la vista está el hecho fatal de haber actuado no pensando solo como militares sino como miembros de una secta que pretende mantenerse impoluta en tanto no entra en contacto con el resto no armado de la sociedad. El helicóptero podía ser localizado, y no puede ser que carezca de señales de localización y de otros mecanismos que hoy las aeronaves y los helicópteros tienen por razones de seguridad. En este caso nada funcionó. ¿Por qué? ¿Estaba en plenitud de condiciones para volar en esa zona que no es, precisamente, una zona abierta y clara sino nublosa y plena de ventiscas? La actitud de sobreponer la zona de seguridad como un requisito infranqueable, quizás por razones políticas que no vienen al caso tratar en este momento, dejó desprotegido a una decena de venezolanos que podían sobrevivir si alguien en la FANB admitiera que salvar unas vidas es más importante que imponer un reglamento que obliga a la gente que viaja en aeronaves militares a aceptar que en caso de un accidente nadie o casi nadie los buscará para salvarlos.

Que se hayan tardado tres días en avisar la tragedia, dar por sentado que era un accidente de un helicóptero militar, hacer público el área del accidente y proclamar que un general, rollizo tal vez, se dirigía a toda máquina a la zona fue parte del desastre que no podemos olvidar. La vida y la muerte de esta gente no puede ser sepultada por un silencio oficial, a todas luces cómplices.