EDITORIAL El cartel de los sapos
 Xabier Coscojuela Martes 18 de Noviembre de 2014|TalCual

Todos somos sospechosos en Venezuela. Antes estábamos en esa categoría solamente quienes confrontaban el autoritarismo del finado Hugo Chávez y su combo.

Screen Shot 2014-11-18 at 7.06.12 AMAhora la desconfianza se “democratiza”, pica y se extiende y abarca a las propias filas del PSUV. La nueva orden es incluir en la delación a los compañeritos de partido. Esa es la directriz que dio Francisco Ameliach, quien hasta puso a disposición de los aspirantes a sapos un número telefónico y una dirección de correo electrónico. Estábamos mal y vamos peor.

Desde siempre hemos tenido serias dudas de las convicciones democráticas de buena parte de quienes dirigen este proceso que se autodenomina revolucionario. Se les nota a la distancia que el respeto por las opiniones divergentes, la tolerancia, el debate con argumentos y no con consignas no es lo que los distingue.

Basta ver una sesión de la Asamblea Nacional para corroborarlo. Allí manda el capitán y se tienen que hacer las cosas como a él le parece. Punto. Cabello es otro que también está fomentando el sapeo, al pedir que denuncien a todo funcionario público sospechoso de no ser chavista, sin importar su rango, conocimientos y experiencias, para ser despedido de su cargo.
En el caso del capitán Ameliach su decisión de poner a la orden un canal para los sapos se justifica citando al difunto Comandante Eterno quien exigía unidad en sus filas.

Por lo que cualquiera que “haga algo para entorpecer las cinco líneas del Líder Supremo no es chavista”, dice el gobernador de Carabobo.

Primero hay que hacer la denuncia y luego presentar los soportes de la misma, agregó el mandatario regional. La cacería de brujas inició su temporada en medio de una campaña interna para renovar sus autoridades y con la vista puesta en la selección de los candidatos a diputados.

Cuidadito con formar bochinche en el partido, parece ser el mensaje que se les está enviando a los militantes. En el mismo momento que puso a la orden los mecanismos para sapear pidió que denunciaran a quienes promovían kinos para las elecciones internas.

Quieren eliminar a punta de represión las corrientes, algo normal en todo partido democrático, a punta de represión.

Por otra parte hay que preguntarse ¿Quién decide cuando un militante está entorpeciendo las cinco líneas? ¿Lo hizo Jorge Giordani y Edmée Betancourt cuando denunciaron que se habían robado de Cadivi 20 mil millones de dólares a través de empresas de maletín, o lo hicieron los dueños de los maletines? ¿Entorpece las referidas líneas la carta del exministro Héctor Navarro por solidarizarse con Giordani? Este camarada es un buen ejemplo de lo que puede terminar ocurriendo con los que sean delatados. A pesar de ser un dirigente que gozó del aprecio y la confianza del difunto expresidente Chávez ­por algo estuvo tantos años como ministro­ se encuentra en un limbo como activista, suspendido de su militancia por una decisión del capitán Cabello, pero sin poder ejercer su derecho a la defensa. Si eso ocurre con un militante con esa trayectoria, ¿qué podemos esperar para los demás? ¿Qué mensaje se le transmite a la militancia cuando un ministro dispone de los aviones de Pdvsa para viajar al exterior a atender un problema personal y de paso se impide cualquier investigación al respecto? Poner a la orden de la militancia un número telefónico y un correo electrónico para delatar al camarada pone en evidencia la falta de escrúpulos y de liderazgo de quienes dirigen el PSUV. Ahora todos los que tengan alguna crítica, formulen quejas, cuestionen las decisiones del cogollo rojito son sospechosos. Esta decisión incrementa la cantidad de personas que pueden sufrir la represión policial y parapolicial.

Son mecanismos que se han ejecutado en países bajo dictadura y totalitarios, y las consecuencias no han podido ser más lamentables. Recordemos lo ocurrido en la Alemania comunista donde su policía política, la temible Stasi, aplicó el sapeo a todo dar, sin poder impedir la caída del Muro ni del gobierno de ese país.