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EDITORIAL El ejemplo de Caracas -Fernando Rodríguez
Lunes 16 de Diciembre de 2013  |  TalCual

Screen Shot 2013-12-16 at 9.09.31 AMAntonio Ledezma es un político maduro, siempre presente desde hace varias décadas en la palestra pública, con un itinerario tan zigzagueante como ha sido nuestra política nacional reciente pero siempre dentro de la esfera de la socialdemocracia, de una tenacidad poco común, de verbo atinado y culto y, subrayamos, de un valor y una reciedumbre comprobados. Su momento estelar fue el triunfo electoral que lo llevó a alcanzar nada menos que la Alcaldía Metropolitana de Caracas, en un momento en que el chavismo reinaba insolentemente en el país, asumiendo una candidatura inesperada e intempestiva, y que la mayoría de los analistas consideraba inviable. Lo logró, entre otras cosas, demostrando que la supuesta cruz de ser un notorio líder de la “cuarta república” mucho tenía de falacia y de vacío lugar común.

Chávez no pudo soportar que la ciudad capital cayese en manos enemigas y desató contra el nuevo alcalde una de sus acciones más antidemocráticas, más alevosas contra la voluntad del soberano, que consistió en inventar, contra la Constitución y la mínima decencia cívica, una jefatura de gobierno de la ciudad que puso en manos de una funcionaria tan mediocre que no sólo no tuvo en el período logro alguno sino tampoco visibilidad u opiniones, solo sumisión y sonrisas celebrativas. Y por otra parte confiscó casi todas las atribuciones de la Alcaldía, hasta lo esencial de su presupuesto y su sede y sus funciones. 

Y Ledezma resistió el embate bárbaro, enfrentándose incluso físicamente al atropello y al despojo, llegando hasta la huelga de hambre. Y mantuvo su presencia, reunió en torno suyo a un equipo de notables planificadores, viajó por medio mundo acumulando las más significativas adhesiones, se hizo figura principal de la unidad e hizo con mucho acierto lo que la devastación del cargo le permitió hacer.

Bueno, ese ciudadano atropellado con tal sadismo acaba de ganar de nuevo esa alcaldía mayor de la capital, lo que es una extraordinaria reivindicación suya por la mayoría de los ciudadanos y, por tanto, una condena del atropello recibido.

No obstante el heredero que cumple con el legado del padre comienza a repetir el despojo, a Ledezma y al pueblo de Caracas, nombrando ministro para el desarrollo de la ciudad al triste y bajotónico candidato oficialista derrotado, que debe saber de urbanismo lo que Maduro de economía política. (Salvajismo que expande a nivel nacional, creando figuras alternas a las electas). Y no da la menor señal de devolverle al alcalde las funciones que la ley manda y el soberano solicita con su voto. No obstante pocas veces un triunfo electoral ha sido tan significativo y tan cargado de futuro.

Tal parece, se oye, que la Mesa de la Unidad atraviesa los vientos tormentosos naturales a unos resultados poco cónsonos con algunas de sus expectativas. Nosotros insistimos en que las elecciones no sólo son mensurables cuantitativa sino también cualitativamente. Y que estos triunfos y estas figuras triunfantes en puntos cardinales y decisivos de la geografía nacional deberían levantar los ánimos. Entre esas victorias señaladas es de las mayores la ratificación, para no salir de Caracas, de Carlos Ocariz, ese soldado humilde y apostólico, en Petare, el mayor conglomerado de la pobrecía nacional y quizás de América latina. ¿Quién dice, pues, que no estamos de pie y en capacidad de enfrentar el inmediato y tormentoso futuro que nos aguarda?