Editorial | El maratón de Nicolás ıııııı ¿Después de Villa Rosa?

Screen Shot 2016-09-06 at 08.25.08MARTES 6 DE SEPTIEMBRE DE 2016

 

La pregunta se dirige a Nicolás Maduro, por supuesto.

Es absurdo preguntarle al pueblo lo que piensa sobre el régimen, después del episodio sucedido en la localidad margariteña de Villa Rosa. Un lugar que antes se consideraba un bastión chavista sacó sonoras cacerolas para recibir a un antiguo “benefactor”. Una comunidad que se fue separando progresivamente del régimen no quiso dejar dudas sobre su alejamiento y lo divulgó con el ruido de sus ollas.

Un ruido serio, estentóreo, incapaz de dejar espacio para las vacilaciones. No hay nada que preguntarle al pueblo, sino al destinatario de las cacerolas. ¿Oyó la bulla? ¿Le quedó algo de su eco? ¿Sintió, por fin, que la gente no lo quiere? Ya las encuestas se lo han comunicado, pero no es lo mismo ver los números del divorcio popular en la sala situacional, rodeado de adulantes, secuestrado por asesores, que sentirla en el pellejo, en la misma cara, en el tímpano propiamente dicho.

No valieron los anillos de seguridad. De nada valió el paso apresurado de los vigilantes ante la protesta que no se podía evitar y que no estaba en el programa de las inauguraciones.

Diez minutos dispuestos a pasar a la historia, unos instantes capaces de permanecer en la memoria de la sociedad. Todos los sentimos desde lejos, pero ¿se dio Maduro por aludido? La rapidez de los medios oficiales en desmentir el hecho, o en manipularlo a través de la presentación de imágenes distorsionadas, indica lo contrario.

La diligencia que caracterizó la captura del comunicador Braulio Jatar, uno de los primeros en divulgar el episodio, busca el ocultamiento de lo inocultable. Hay que encerrar al destapador de la noticia, como si existiera forma de taparla.

Las informaciones sobre el acoso inmediato a los habitantes de Villa Rosa orientan hacia una operación destinada a imponer el silencio. Son inventos de la “ultraderecha”, han afirmado los burócratas más obsecuentes. No pasó nada en la apacible Perla del Caribe, se apresuran a repetir los acólitos más fanatizados.

Así como han negado lo evidente, es decir, el éxito clamoroso y contundente de la Toma de Caracas, ahora se empeñan en asegurar que uno de sus primeros coletazos, concretado en una localidad popular de Margarita, es solo una fantasía. Todo está en paz. En el territorio nacional no reina el descontento.

En Venezuela todo es miel sobre hojuelas.

Pero ocurre todo lo contrario. Si la candela quema, es imposible desmentir la existencia del infierno, ni las ganas que tiene la gente de salirse de sus pailas marchando o sonando cacerolas, por ahora. Es la realidad que debe calibrar Maduro para evitar males mayores. Es el rechazo visceral que deben pesar sus asesores, antes de que la calamidad invite hacia senderos más abruptos que nadie quiere transitar.

Llegó la hora de una respuesta sincera ante la crudeza del teatro que lo rodea, ciudadano Maduro, antes de que sea demasiado tarde. No le pregunte al pueblo, ya usted sabe lo que opina y siente. Solo falta saber lo que siente y lo que opina usted del rechazo gigantesco que su presencia provoca. No se lo tome con soda, sino con responsabilidad patriótica.