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EDITORIAL Fernando Rodríguez —Diálogo, pero con resultados
Lunes 14 de Abril de 2014  |  TalCual

Screen Shot 2014-04-14 at 8.44.30 AMPor fin se dio el diálogo, en todo caso una especie de prólogo que se supone debe continuar mañana. De manera que todo análisis que se pueda hacer de esa maratónica sesión inicial no puede ser sino provisorio y precavido.

Quisiéramos hacer dos aclaratorias, bastante perogrullescas, dirigidas a sectores opositores escépticos o encolerizados por el tal encuentro. Estamos de acuerdo en que la fracción gubernamental se comportó como lo que es: inculta ideológicamente, tramposa, mentirosa y no resulta nada descabellado abrigar todo tipo de sospechas sobre sus objetivos. Pues bien, justo por esas características que les son consustanciales es que se necesita un Diálogo; si tuviesen las virtudes contrarias éste sería superfluo puesto que dialogar, en minúsculas, sería un ritual más o menos cotidiano y trivial.

Los Diálogos se dan entre gente que no se tiene ningún aprecio ni confianza. Y si algún símil se puede usar para ellos es el del boxeo y no el de un coro monástico. No llovamos sobre mojado. Escierto, igualmente, como han dicho algunos, que lo que presenciamos se parece más a un debate que a una negociación. Allí fue determinante su proyección televisiva que lo convirtió en espectáculo, en que los actores hablaran para la masa y no para la mesa. El medio es el mensaje. Pero somos de los que pensamos, como dijo Ramón Guillermo, que era necesario iniciarse así ante un país con muchas sospechas y prejuicios sobre un escenario inusual y que éstos se hubiesen multiplicado de haber procedido más discretamente, como manda el manual de estos eventos.

Por eso lo del “prólogo“a que aludimos.

Ahora bien, tenemos la impresión de que, de todas formas, la oposición consiguió una notable victoria. A no ser sino porque era el más débil desafiando al Poder, diciéndole en sus narices cosas muy contundentes y para las cuales no tenía éste mucha capacidad de respuesta. Baste recordar al poco locuaz y nada razonante Cabello, el único milico en escena (¡!), balbuceando torpezas frente a ese tigre parlamentario que es Ramos Allup. Y lo que oímos del lado oficialista fue triste: la eterna historia del 11A, contada a su manera, génesis primera, pecado original de donde se derivan todos nuestros castigos, y hasta sus propios excesos. Como si ya Chávez no hubiese pecado suficientemente sobre todo en agresividad y desenfreno, provocando manifestaciones nunca vistas en la historia nacional, que pedían iracundas su salida. Y, de otra parte, repitiendo sin recato tres o cuatro dolorosos casos que, sin mayor investigación (¿para qué si la justicia es nuestra?), le atribuyen a los protestatarios de estos días, obviando los centenares de denuncias en su contra, y que le sirven para reforzar las truculencias del golpe continuado, suave, lento… todo ello contradictorio y disparatado porque todos los golpes son puntuales y rápidos y los dan las fuerzas armadas. Tanto como llamar guerra económica a lo que no es sino fanatismo ideológico, extrema incapacidad e inédita corrupción. Lamentable Ramírez hablando de modelo exitoso cuando somos el bagazo de todas las estadísticas económicas del continente.

Todo lo dicho era esperable. Lo importante, como dijo Capriles, es que haya resultados y pronto para que la fanaticada no empiece a gritar fraude o cosas peores y volvamos a las batallas de calle cada vez más cruentas. El gobierno es el que tiene la capacidad de decidir, no otro. De manera que si quieren apagar los fuegos de las protestas de la ira y paliar la catástrofe económica que nos aplasta apréstense a tomar difíciles decisiones, para estos días.