Editorial |ı| La OEA les quita el sueño —Almagro pica y se extiende—

MIÉRCOLES 29 DE MARZO DE 2017

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En una insólita propuesta, el presidente del TSJ pide desde Caracas la destitución de Luis Almagro. Un dependiente sumiso del Ejecutivo se salta las barreras del concierto internacional, pero también los límites de la lógica, para pedir a los gobiernos del continente que se reúnan para echar de su cargo al secretario general de la OEA. Como si en los organismos internacionales se cocinaran los cambios al estilo vernáculo, a través de la imposición de la arbitrariedad y del capricho. Como si todo fuera allá tan expedito, según se toman las decisiones desde el trono de Maduro.

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La conducta del magistrado refleja, aparte de su falta de entendimiento de las cosas que suceden más allá de nuestras fronteras, la desesperación del régimen ante el crecimiento de los respaldos a la petición del secretario general de sancionar al régimen madurista por una vulneración de derechos fundamentales del ciudadano que ya clama al cielo. Como todavía el cielo es una instancia que se demora en conceder audiencia, el doctor Almagro presiona desde su cargo para procurar las rectificaciones del caso, que conciernen a su responsabilidad como cabeza de un organismo que se ha comprometido formalmente con la defensa de la democracia continental.

Antes de que la corte celestial tome cartas en el asunto, como quizá pretenda el mandón del TSJ para demorar el encontronazo que espera por Nicolás Maduro en Washington, un conjunto notable de ex presidentes de América Latina se adelanta a manifestar su respaldo a las gestiones de Almagro. Estamos ante un apoyo de extraordinarias proporciones, en la medida en que incluye la presencia de figuras que se han ganado respeto universal por sus luchas en favor de las causas más nobles de la humanidad, de personajes a quienes se conoce por su limpia trayectoria de hombres públicos.

Hablamos de 24 ex presidentes del ámbito iberoamericano, entre los cuales sobresalen figuras eminentes como las que siguen: Oscar Arias, premio Nobel de la Paz; Felipe González, luchador antifranquista y pieza esencial de la restauración de la democracia en España; Vicente Fox, el hombre que le propinó a la autocracia del PRI mexicano una derrota histórica; Luis Alberto la Calle, encarnación de la decencia y del comedimiento cívico en la República Oriental; y Ricardo Lagos, adalid contra la tiranía de Pinochet y vocero primordial de los socialistas chilenos. Los 24 ex presidentes son dignos de atención y merecen respeto por sus ejecutorias, pero el hacer énfasis en los mencionados desmonta la peregrina tesis del gobierno sobre la conspiración internacional que maneja el imperio desde la OEA para salir de Maduro.

Luchadores progresistas sin fisuras, voceros sin tacha en la defensa de las poblaciones más desatendidas de sus países, hombres que se han jugado el pellejo frente a las imposiciones militares, portavoces de decisiones autónomas ante los intereses de los países más poderosos, son la vanguardia del apoyo que concita el secretario general de la OEA en su campaña contra la dictadura que impera en Venezuela.

Comparen su hoja de servicios con el currículo del magistrado Moreno, en caso de que exista, y tienen material de sobra para reír y llorar.