Editorial ııı Teléfonos celulares para la campaña —Patria, guiso y espejitos—

Screen Shot 2017-03-24 at 09.53.31VIERNES 24 DE MARZO DE 2017

 

 

No podía haber seleccionado Maduro mejor escenario para su más reciente acto de desenfrenado populismo que el salón miraflorino bautizado por Chávez como Néstor Kirchner. El nombre del desaparecido demagogo peronista, a quien apodaban el Tuerto, quedó noticiosamente vinculado a la decisión presidencial de convertir, vía acumulación de atributos, a los comités locales de abastecimiento y producción en un ¡hay de todo para todos! ¡Haga su cola y meta la mano! A tal efecto, se aprobó una erogación milmillonaria para gastarla, no invertirla, en la compra de 30.000 celulares inteligentes, a ser distribuidos por esos bachaqueros que, para abreviar, el oficialismo nombra con el acrónimo CLAP, similar a la interjección que los dibujantes de historietas utilizan para graficar el sonido del aplauso, ¡clap!, ¡clap!, ¡clap! Sí, aplausos, vivas y bravos para este guiso en pleno desarrollo, que diría otro tuerto sureño y del otro lado del río.

Cuando se gobierna por decreto, sin que medie ni se respete la función contralora del Parlamento estipulada en la constitución ­nos vemos obligados a usar minúsculas porque el texto fundamental de la república ha dejado de ser, bajo el mandato presente, carta magna para devenir en folleto promocional de turismo revolucionario y bolivarista­, cuando se gobierna así, de esa manera, como caballo desbocado y sin tener que rendir cuentas a nadie, la malversación de los dineros públicos, de sí mayúsculo delito, pasa a ser eufemísticamente contabilizado como gasto justificado, no por razones de Estado o seguridad nacional, sino de simple supervivencia, y es fórmula cosmética para maquillar el peculado, que en el caso presente es escandaloso porque no sólo enriquece ilícitamente a quienes guisan en los fogones de la corrupción, sino que busca sobornar, es decir, corromper, a quienes se hagan con uno de esos smartphones obtenidos a precio de gallinas flacas (¡y virtuales!) porque los gallineros verticales se derrumbaron y los cultivos hidropónicos se marchitaron antes de nacer.

Se tiende, pues, a pensar que no ha sido producto del azar la convergencia del penúltimo mandón peronista ­precursor de Chávez en eso de gobernar después de muerto­ y el ensayo de tecno rebatiña con el que Nicolás prueba suerte a ver si es pertinente, como dejó entrever, elevar a 6.000.000 la cifra de esos adminículos devenidos en símbolos de status y, por ende, incompatibles con la peculiar ética nicochavista que estigmatiza la riqueza ­ser rico es malo, sentenció el (in)corruptible y eterno corruptor en una de las más desafortunadas frases jamás dichas­ y niega a los pobres, cínica y deliberadamente, cualquier posibilidad de movilización social, con el argumento de que podrían escualidizarse (sic) y alinearse con la oligarquía.

Alegato falaz que desestima las encuestas porque, según ellas, una abrumadora mayoría de venezolanos (90%) repudia la actual administración.

Y esto a pesar de los CLAP, vejatorio parto económico de los montes asistencialistas que busca canjear espejitos por votos, y de la política clientelar auspiciada por los otrora críticos de la leyenda negra, que ahora, sin gasolina, mas con golosinas, dirán: no hay bastimentos, pero tenemos patria… ¡y teléfonos!