Editorial | La censura madurista cruzó la frontera -Caracoleando

SÁBADO 26 DE AGOSTO DE 2017Screen Shot 2017-08-26 at 9.41.42 AM

No hablamos hoy de una famosa canción de aires llaneros, que copó los espacios de popularidad hace tiempo. Hablamos de otros espacios clausurados por la dictadura, asfixiados por el totalitarismo. No vamos a pasillanear, por lo tanto, sino a detenernos en el nuevo atentado contra a libertad de expresión que se acaba de perpetrar en el dominio de las llamadas cableras, a través de las cuales recibimos las informaciones que algunos medios nacionales no se atreven a comunicar, o que ofrecen por cuentagotas.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ha protestado el cierre de la señal de Caracol TV y de RCN, emisoras de su país, cuya señal ha quedado vedada a los venezolanos.

Se trata, afirma el primer mandatario desde Bogotá, de una decisión que va en contravía de las libertades consagradas y deja a los venezolanos con menos opciones para informarse. De inmediato contó con el respaldo del secretario general de la OEA. Dijo Almagro a través de su cuenta en Twitter: Dictadura golpea a medios. La salida de Caracol TV y RCN es un paso más en la sistemática violación de la libertad de prensa.

Fueron más certeras las expresiones de Almagro, pese a que no pasaron el límite de los 140 caracteres. Señaló que la medida aludida no es sino la continuación de agresiones constantes a los medios que se atreven a expresarse con independencia. Es una historia vieja, según se desprende de su breve mensaje.

En efecto, es la prolongación de una serie de ataques que se remontan al régimen de Chávez y que ahora se hacen más insistentes y amenazantes. El alicate de la dictadura no solo se usa contra los impresos y contra las emisoras radioeléctricas que funcionan en el país, sino que también extiende sus tentáculos hacia las señales que transmiten desde el exterior.

Basta una orden de Maduro, como bastó antes con un capricho de Chávez, para que el alicate de Conatel haga su trabajo de manera automática contra los contenidos procedentes del extranjero. No debemos olvidar el caso de CNN, pero también otros predicamentos escandalosos a través de los cuales se ha impedido de manera tajante la transmisión de telenovelas o de simples segmentos de diversión sin vínculos expresos con la política. El mínimo detalle de autonomía, cualquier expresión que, según el pensar de los patrones de los alicateros, va contra los intereses de la dictadura, es objeto de una censura mecánica y feroz.

El presidente Santos levanta la voz ante una agresión contra dos emisoras colombianas, como corresponde a su trabajo y su obligación, pero le recordamos desde aquí que no se trata de una novedad, sino solo de la continuidad de una machacada persecución que apenas ha permitido el funcionamiento de una media docena de emisoras de radio y de un trío de impresos independientes, entre ellos El Nacional, que subsisten en medio de férreo hostigamiento. 

Hace tiempo que la libertad de expresión no habita entre nosotros. Hace tiempo que muchas emisoras de radio, todas las televisoras y la mayoría de los periódicos que antes trabajaban en Venezuela con autonomía, agacharon la cerviz para ser obsecuentes empleados de la dictadura. Están pasillaneando desde hace tiempo, pero rara vez han caracoleado.