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EDITORIAL Negociar con Irán EL PAÍS 26 SEP 2013

Obama deja claro en la ONU su firme intento de resolver los problemas de Oriente Medio

Barack Obama ha señalado en la ONU que Oriente Medio es la prioridad de su política exterior en lo que le resta de mandato. El foco fundamental es el programa nuclear de Irán, pero también el proceso de paz entre Israel y los palestinos; el desarme químico de Siria ha sido aludido una vez más, en ausencia de una estrategia a largo plazo. A diferencia del Obama que llegó a la Casa Blanca en 2009 para transformar el mundo, las palabras del político que se dirigía a la Asamblea General rebosaban cautela y la convicción de que Estados Unidos tiene una capacidad cada vez más limitada para influir decisivamente en el rumbo de otros países.

Las dos grandes iniciativas diplomáticas son de alto riesgo. El conflicto histórico entre Israel y los palestinos —retomado con ímpetu excesivamente mediático por Kerry, el secretario de Estado— ha pasado inamovible por encima de muchos otros presidentes estadounidenses. El final negociado de la confrontación con Irán es un desafío de décadas.

Los años han ido mostrando la enorme distancia entre las intenciones de Obama y su concreción política, tanto en el plano doméstico como en el internacional. Los altibajos y vacilaciones de la Casa Blanca (Afganistán, Libia, Palestina, Siria, entre otros) han pasado factura a la credibilidad presidencial. Pero no solo. También la generalizada percepción de que decae el poder estadounidense para gobernar los acontecimientos en una región crucial.

Nada será fácil con Teherán, pese al reciente tono mesurado de ambas partes y las expectativas despertadas por el nuevo presidente iraní. Ni siquiera se ha conseguido el publicitado apretón de manos entre Obama y Rohaní, prematuro para los ayatolás. Obama cree que el camino de la diplomacia merece ser profundizado, pese a mantener las sanciones y la amenaza de la fuerza. Pero quiere justamente que Teherán pase de sus promesas a acciones verificables. Unas promesas —las de no ambicionar el arma nuclear— que Rohaní ha ratificado en Nueva York, pero sin propuestas para llevarlas a cabo.

Sería más que ingenuo creer que, tras un desafío a ultranza, Irán va a abandonar sus pretensiones atómicas de la noche a la mañana. Pero se ha reabierto la puerta por ambas partes a negociaciones serias. El encuentro inminente entre Kerry y su homólogo iraní, Javad Zarif, con fama de dialogante, dará la primera medida de las esperanzas suscitadas.