EDITORIAL | Se les cae el tinglado a Fidel y a Chávez — ¿Unasur o Narcosur? —

Resulta que los principales socios de Unasur quieren dejar de pertenecer a una organización a la que, desde su nacimiento, ya se le notaba una cojera fácilmente perceptible. Sus animadores básicos no eran unos muchachitos de pecho y aunque al comienzo se escondieron muy bien para evitar malas interpretaciones, lo cierto es que no se tardó mucho en identificar la mano que movía los hilos tras bastidores, el viejo truhán barbudo Fidel Castro.

Decir que trataba de aprovecharse de la organización en ciernes es poco. Su objetivo no era otro que crear un campo de juego donde solo podían actuar aquellos que Fidel escogía de común acuerdo (es un decir) con su corte de aduladores recién establecida en Suramérica gracias a los petrodólares que facilitaba el nuevo multimillonario de la región, Hugo Chávez, especialista en gastar y regalar a montones el dinero de los venezolanos. Actuaba con la misma ligereza de un borracho o un ludópata que recibe una inesperada herencia.

Lo cierto es que dinero en mano amansó a los políticos de izquierda para que se embarcaran en una aventura que nunca respetó la misión central para la cual había sido creada, unir esta parte del continente en un juego limpio en lo económico, en lo social, en el respeto de la democracia y en la autonomía e independencia que tanta falta nos hace para reparar sosegadamente el mal de tantos siglos de dependencia y despojos.

Unasur comenzó a andar en malas compañías cuando aceptó como tutor no solo a Fidel Castro sino a un militar golpista que, por su propio acto original del 4 de febrero, era incapaz de acatar una democracia decente y respetuosa de los ciudadanos. El mismo hecho de acudir a La Habana como presidente electo indicaba que aceptaba a Fidel como su preceptor.

Era un regalo de los dioses para una Cuba agobiada por las exigencias de un conjunto de naciones interesadas en ayudar a la isla a salir de la miseria y el empobrecimiento general que el comunismo había sembrado en el territorio. Solo se le pedía una mínima apertura democrática y cierta libertad económica que en nada debilitaba a la dictadura comunista. No fue posible.

A partir de allí y con el apoyo del gobierno chavista de entonces diseñó su nueva estrategia de penetración hacia Suramérica (la muerte del Che Guevara y la derrota de los grupos guerrilleros habían sepultado su futuro aventurero inexorablemente), estrategia que obligaba a descubrir nuevos socios en el patio trasero y a convencerlos de que untando un poco de condimentos revolucionarios a la vieja monserga comunista era posible resucitar ese muerto mal enterrado que era la guerrilla revolucionaria.

Con Unasur era posible crear un nuevo y vistoso collar para los perros que necesitaban ser entrenados en las artes del engaño y la demagogia. Pronto se le vieron los colmillos a la fiera: dice Wikipedia que el tratado constitutivo se firmó el 23 de mayo de 2008 en Brasilia y que la primera en ocupar la Presidencia pro tempore fue la presidente Michelle Bachelet. Luego siguieron Néstor Kirchner, Alí Rodríguez y el colombiano Samper, de cuyos narcovotos nadie quiere acordarse. En fin, es hora de destapar la cloaca.