EDITORIAL Un gran innovador

Emilio Botín transformó el sector financiero español desde la presidencia del Santander

Con Emilio Botín desaparece uno de los banqueros más importantes de Europa, protagonista destacado de la transformación del sistema financiero español de los últimos 30 años; un banquero a tiempo completo, conocedor del oficio, que inició su andadura en 1958 en diversas áreas del banco familiar.

La ejecutoria del presidente del Banco Santander estuvo inspirada desde el primer momento por la voluntad de hacer del banco cántabro —una empresa controlada desde 1909 por la familia Botín— uno de los mayores del mundo. La llegada de Emilio Botín a la cúspide en 1986 tras la muerte de su padre, presidente desde 1950, coincidió con avances importantes en la apertura internacional de la economía española, con la adhesión formal a las instituciones europeas y con una mayor permeabilidad a la competencia exterior de la industria de servicios financieros.

Lejos de mantener la inercia de un sistema bancario aletargado, sin gran capacidad de innovación, sus inicios como presidente constituyeron un verdadero revulsivo en el sector. Introdujo acciones competitivas en la captación de pasivo y asumió que el entorno relevante para la competencia bancaria había dejado de ser el territorio español. El crecimiento y la diversificación internacional pasaron a ser vectores esenciales de su estrategia.

Esa expansión se fundamentó en adquisiciones y fusiones con bancos nacionales y extranjeros. El episodio probablemente más significativo en esa senda de crecimiento inorgánico fue la adquisición de Banesto, tras su intervención en 1993. Seis años más tarde tendría lugar la fusión con el Banco Central-Hispano, que derivó en otra absorción de hecho. Vendrían luego adquisiciones internacionales, en Latinoamérica y, con importancia diferencial, la entrada en Reino Unido a través de la adquisición del Abbey National. A partir de ahí el Banco Santander ocuparía un lugar destacado entre los principales bancos del mundo por su capitalización, con presencia relevante en más de 10 países.

En todos estos años los destinos del banco han estado determinados por una dirección muy personalizada que, aun cuando dispusiera de órganos de gobierno potentes y consejeros delegados cualificados, ejercía un notable grado de concentración de la capacidad de decisión. Por eso el relevo en la presidencia constituye un elemento cuya importancia es difícil de minimizar. La propuesta al Consejo de Administración de la Comisión de Nombramientos y Remuneraciones de su hija Ana Patricia como presidenta fue aprobada ayer por unanimidad; llevaba 20 años en el Consejo de Administración del banco. Continuará de esta forma la saga familiar controlando los destinos de un banco en los que la propiedad del conjunto de la familia hace muchos años dejó de ser significativa.

Por continuista que sea la estrategia y las políticas del banco, es comprensible que los inversores en los mercados de acciones hayan reaccionado con alguna inquietud. La rápida respuesta de los órganos de gobierno del banco y la inexistencia de voces discordantes en el Consejo de Administración acerca de la nueva presidenta son condiciones necesarias para garantizar el mantenimiento de la estrategia y la gestión.

A la nueva presidenta le tocará concluir la orientación del banco en un entorno menos favorable, tanto en la actividad bancaria doméstica como en la internacional. El moderado crecimiento de las economías en las que está presente y las mayores exigencias reguladoras en todo el mundo harán que las empresas bancarias fundamentalmente orientadas al negocio al por menor atiendan de forma preferente a la solvencia de las entidades. Las trayectorias expansivas como las que protagonizó Emilio Botín son hoy menos probables.