Editorial -XABIER COSCOJUELA @xabiercosco | Pensar con la cabeza lo más fría posible

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El domingo se concretó toda una serie de maniobras que afectaron seriamente la expresión libre de los ciudadanos. Se consumó un fraude electoral -no en el sentido tradicional de robarse los votos, excepto en Bolívar- pero es evidente que cuando la oposición no puede presentar los candidatos que quiere porque los inhabilitan, se adelantan las elecciones sin justificación alguna, no se permite la sustitución de candidatos tal como prevé la ley y se mudan centros electorales porque les da la gana a la banda de las cuatro que controla el Consejo Nacional Electoral se está frente a un fraude.

A lo anterior hay que agregar toda una serie de trampitas puestas en práctica el propio 15 de octubre por el Gobierno a través del CNE y del Plan República. Máquinas que no funcionaron y no fueron reemplazadas a tiempo, electores que no pudieron votar porque grupos paramilitares se lo impidieron, compra de votos con dinero contante y sonante, sacar a los testigos de los centros de votación, chantaje con el carnet de la patria, voto asistido obligatorio y, según la MUD, votos fantasmas.

Cuando todas estas artimañas no son suficientes, pues simplemente se desconocen los resultados y se proclama como ganador al candidato del gobierno, tal como ocurrió en el estado Bolívar, donde la mayoría votó por Andrés Velásquez. Robo descarado que tiene como protagonista a un general de la Guardia Nacional. Más coherencia imposible.

Por otra parte, una cantidad importante de simpatizantes de la oposición decidieron no votar. Si lo hubieran hecho, las cuentas que se sacan dicen que el fraude no se hubiera podido consumar, por lo menos no en toda su extensión, pues hubiera habido votos suficientes para repelerlo en algunas regiones. Tal vez sea verdad. En todo caso, creemos que desde la Mesa de la Unidad Democrática se deben analizar a fondo las razones para que estos ciudadanos hayan preferido abstenerse. Buena parte de sus razones está en la conducta ambivalente, incoherente, de la propia entente opositora ha incurrido.

Desde la MUD se alentaron las protestas que se vivieron en el país entre abril y julio de este año, protestas con consecuencias dolorosas para demasiadas familias. 

Con muertos, heridos y detenidos producto de la salvaje y criminal represión que adelantaron los cuerpos militares y policiales al servicio de la dictadura de Nicolás Maduro.

A todo el país opositor y, en particular, a los que más participaron en esas jornadas de protesta, se le hizo ver que el final del Gobierno estaba cerca. El objetivo no se logró y sin ningún tipo de explicación, repentinamente, se pasó de esa lucha a participar en las elecciones. Es lógico que muchos se sintieran decepcionados, abandonados y prefirieran quedarse en sus casas el pasado domingo.

Ahora los vientos de división cobran fuerza en la coalición opositora. Alguien lo dijo hace muchos años: la victoria tiene mil padres y la derrota es huérfana. Vuelven a ponerse sobre la mesa propuestas contradictorias. Salidas rápidas que nunca, hasta ahora, lo han sido. En la MUD hay dos visiones claramente definidas sobre cómo enfrentar al Gobierno. La unidad es importante, pero ya no estamos seguros si mantenerla con tales contradicciones es efectiva. Hay que tratar de calmarse y analizar todo lo ocurrido con la cabeza lo más fría posible.

Los que conforman la MUD deben tomarse su tiempo y analizar su accionar

desde el 6 de diciembre de 2015 hasta la fecha.

Luego de ese triunfo electoral han sido más las derrotas que los logros. Algo no se está haciendo bien.

Creemos que el resultado de esa elección parlamentaria no se leyó adecuadamente.

Se resaltó y resalta el hecho de haber logrado las dos terceras partes de la Asamblea Nacional y se olvidó que el chavismo, en esa oportunidad, obtuvo el 40% de los votos. Eso es una fuerza a tomar en cuenta siempre.

Las encuestas revelan que por lo menos

el 70% de los venezolanos rechaza a Maduro,

eso significa que hay muchos chavistas entre ellos, pero no ven a la MUD como una alternativa. Esa es otra falla. En medio de la actual derrota hay que definir políticas que permitan amortiguar los daños, y enfrentar en las mejores condiciones posibles los eventos por venir, para evitar que la debacle sea mayor y con efectos a más largo plazo.