Editorial | Y todavía no se les ha dado la nalgada —Ya están llorando

Screen Shot 2017-07-20 at 9.27.15 AMJUEVES 20 DE JULIO DE 2017

Desde las cada día más escasas y enflaquecidas filas del madurismo surgen lamentos y peticiones de perdón, como si el movimiento democrático se pareciera a ellos en cuanto a echárselas de machos cuando son muchos, porque temen que los asesinatos que sus jefes han cometido contra gente desarmada se puedan repetir si la oposición llega al poder. Allá ellos con sus miedos, con sus perversiones y con sus temores infundados. 

Lo cierto es que los venezolanos nunca hemos sido malandros, ladrones, narcotraficantes, asesinos y tampoco hemos sido partidarios de fabricar bandas criminales para atacar a la gente del pueblo con las armas que la República le confió a la Fuerza Armada y que, por desgracia, terminaron en manos de gente siniestra y violenta. 

Si a alguien hay que castigar y juzgar no es precisamente al pueblo, y menos a quienes creyeron en el proyecto de los militares juramentados a la sombra del Samán de Güere, sino a aquellos que detrás de un supuesto “modelo de justicia social” escondieron sus propósitos de adquirir el poder suficiente para enriquecerse como nunca antes había ocurrido en la Venezuela moderna. 

Valga decir, tuvieron la suficiente astucia para ir tejiendo una silenciosa y peligrosa red al más puro estilo mafioso, basado en hermandades adquiridas y fomentadas en los pasillos de las escuelas militares, tomando como faro y figura nada menos que la trayectoria impecable y rigurosa de Simón Bolívar, olvidando que el Libertador jamás fue ladrón ni corrupto, ni mucho menos guapetón o ignorante; más bien, siempre actuó guardando las formas y la decencia. 

Y eso es lo que más duele y nos llena de rabia al ver a estos esperpentos tan ignorantes e incultos como jamás lo fue ni Bolívar, ni Sucre, ni Páez, ni mucho menos el Estado Mayor constituido por oficiales que brillaban no solo por su coraje, hidalguía y honestidad, sino también por su don de lenguas, por su respeto al enemigo que caía prisionero y por la capacidad de dar la gracia del perdón incluso a su más terribles enemigos. 

Esta gente excepcional que acompañaba a Bolívar nada tiene que ver con estos asaltantes de caminos, groseros y ambiciosos, arribistas que nunca debieron haberse graduado en nuestras academias militares, que hoy amenazan a la democracia porque ella, como forma de gobierno, les obliga a ser soldados decentes, incorruptibles y, por encima de todo, respetuosos de la ley y la Constitución Nacional. 

Como sus riquezas no pueden ser escondidas, como su comodidad y sus rollizas formas corporales cada día aumentan más y más, y por ello delatan su estilo de vida, ahora inventan que si la democracia llega al poder se desatará una cacería de brujas. Las únicas brujas que los venezolanos conocen son las del CNE que convierten derrotas en falsas victorias. De ellas se ocuparán los tribunales que deberán averiguar de dónde obtuvo Tibisay el desembolso millonario para adquirir su nueva residencia y, para más, la parcela vecina pues le molestaba tanta cercanía. 

Lo cierto es que los venezolanos estamos por encima de todas esas miserias, no somos rencorosos ni vamos a perseguir a nadie porque eso se lo dejamos a la justicia. Vamos, si nos dejan, a vivir juntos otra vez.