Editoriales | El general y el mayor Sigilo | Firmas que son dardos afilados | No habrá llanto ni olvido

Screen Shot 2016-04-29 at 6.20.31 AMMIÉRCOLES 27 DE ABRIL DE 2016

Los golpes de Estado, hasta donde nos enseña la historia, son movimientos sigilosos de los cuales se enteran únicamente quienes los quieren llevar a cabo. Están rodeados de misterios, de claves que solo manejan los que participan en su hermetismo para evitar la complicación de las delaciones y la cárcel. Sin embargo, la revolución rojarojita los ha convertido en un espectáculo público, en un festín de novedades trasmitidas por televisión.

Algo semejante ha hecho desde hace tiempo el régimen con una cadena de supuestos magnicidios, repertorio de crímenes anunciados que no suceden jamás pero que no dejan de llamar la atención de un auditorio que al principio fue cautivo y entusiasta, pero que poco a poco se llenó de escepticismo hasta el punto de cambiar de señal, o de dejar de mirar los periódicos en cuyas páginas se pregonaba un delito mayúsculo que ni se convertía en parto de los montes, porque ni siquiera salía un ratón del bosque aparentemente poblado por energúmenos sedientos de sangre.

En estos días, el propio ministro de la Defensa se ha encargado de difundir la novedad sobre un movimiento cuartelario cuyo objeto es el derrocamiento de Maduro. El hecho de que la propia cabeza de las fuerzas armadas se ocupe de prender las luces de emergencia ante quienes lo quieran escuchar, le agrega un ingrediente grotesco a lo que divulga.

Las preguntas que produce una afirmación que es evidentemente insólita pueden ser interminables, pese a que forma parte de un repertorio ya viejo de patrañas y de prevenciones sin sentido.

Si viene un golpe y lo sabe el ministro, ¿por qué no lo detiene en seco, en lugar de echarlo al viento como pregonero de feria?; ¿desde cuándo los golpes se sofocan a través de un declaración frente a los micrófonos, que viene a ser como un curioso chivatazo que se lanza a los golpistas para que tomen las previsiones del caso?; si los golpistas están a mano, no en balde deben ser habitantes de la misma casa y miembros de la misma familia verde oliva, como ha sucedido desde que existe en Venezuela la llamada institución armada ¿por qué el absurdo rodeo? Como el ministro no ofrecerá ningún argumento convincente frente a estas o frente a las otras preguntas que se puedan agregar, como no tiene nada que ofrecer en su apoyo que no sea la invención de un método novísimo contra las asonadas, una revolución creada por la revolución para acabar con las militaradas, solo podemos afirmar que, si de veras estamos frente a una salida violenta del régimen que parta del desconocimiento de la Constitución y de la convivencia republicana, no es otra que la constante participación del ministro en las deliberaciones políticas, sus habituales y cada vez más groseras intervenciones en asuntos que solo incumben a la sociedad civil y a la civilidad en general, sus ganas de batir el cobre en una sola dirección política que le está vedada por la ley, por las obligaciones de su profesión y por la decencia misma. Él es, por consiguiente, el padrino de los golpes.

Screen Shot 2016-04-29 at 6.24.06 AMJUEVES 28 DE ABRIL DE 2016

Un grupo de vecinos de Petare comentaba ayer, de viva voz, sobre la cantidad de amigos y conocidos de la zona que durante años se habían proclamado como chavistas y que, durante la jornada de recolección de firmas auspiciada por la oposición, esperaban pacientemente la oportunidad de estampar su rúbrica para permitir que se inicie de una vez el proceso revocatorio del mandato de Nicolás Maduro.

Todos coincidían en que ya no era posible mantener las esperanzas en la capacidad del mandatario para revertir el curso de la crisis y que, a estas alturas, lo mejor que podía suceder para bien de Venezuela era que abandonara de una vez el poder. “Pobre hombre ­se lamentaban­, siempre se le notó que le quedaba grande la Presidencia. ¿Qué necesidad había de obligarlo a pasar esa pena y, lo peor, que lo recuerden como el político que con su cadena de errores garrafales enterró el legado de Chávez?”.

De muchas formas y maneras la gente del pueblo siente una rabia profunda y un odio lacerante contra Nicolás por ser el culpable más visible de un gobierno infinitamente inepto, integrado por ministros mediocres y embusteros, escasos de entendimiento administrativo y ayunos de honestidad y transparencia, cuya torpe actuación sembró por todas partes hambre y sed, inseguridad en las calles y muertes a montón a manos del hampa.

Un desempeño vil y despreciativo que privó a la gente de alimentos y medicinas, de posibilidades de curación a los enfermos y de oportunidades de vida a los niños, a quienes no solo se les negó la protección y el derecho a una infancia protegida y feliz, sino que se les intoxicó con una serie de sandeces y una infame sarta de mentiras dirigidas a disfrazar la historia, como si ella fuera un traje hecho a la medida para ocultar las marramucias del oficialismo.

“El pueblo es sabio” repiten a coro los demagogos para ocultar su inmenso desprecio y subestimación de los sectores populares y, por ende, de las clases medias. Craso error que se les devuelve como un boomerang afilado y mortal, que al transformarse en rabia incontenible se vuelca hacia las calles y, como ayer, se concentra en los sitios de votación para firmar y, con ello, extirpar la extensa red de tumores de la corrupción que ha penetrado la vida del oficialismo y conducido a Venezuela a las puertas de un colapso de dimensiones impredecibles.

A la vez, en medio de la rabia y de la protesta popular, se pudo entrever un mínimo aire de conmiseración por este hombre derrotado y pisoteado por la historia, náufrago sin rescate posible en medio de una oscura tormenta de torpezas y deficiencias propias y de sus colaboradores que lo empujaron barranco abajo.

Vivir con la humillante etiqueta de ser el gran sepulturero del legado de Chávez, de ser el villano inepto e inolvidable de la comedia final del chavismo no debe ser fácil, pero a Nicolás no le queda otra alternativa. Su destino indeclinable es ser un maldito por partida doble: la oposición y el oficialismo.

Screen Shot 2016-04-29 at 6.27.49 AMVIERNES 29 DE ABRIL DE 2016

El camino hacia la restitución de la democracia luego de años de oscuridad y atropellos a las reglas que claramente establece la Constitución estará largo tiempo obstruido por el Poder Ejecutivo y el Judicial que, en amorosa comandita, maniobran cada día para desconocer la voluntad popular expresada de manera rotunda el pasado 6 de diciembre.

Como todo aquello que se hace a contramano de la ley y la Constitución, como bien nos lo recuerda la historia de nuestro propio país, ninguno de estos atropellos será olvidado y mucho menos perdonado por los venezolanos honestos.

Quienes hoy se sienten poderosos y se muestran desafiantes porque gracias a triquiñuelas de última hora llegaron a ocupar cargos y desempeñar roles institucionales para los cuales no están, ni estarán jamás, preparados porque carecen de los principios morales y la formación académica adecuada que garantice la rectitud de sus actuaciones, ya pueden ir acostumbrándose al destino que les espera que no es otro que el desprecio y el mal olor que se desprenden de los basureros de la historia.

Estos personajes, aunque se crean actores principales, no van más allá de ser piezas secundarias, de fácil reemplazo, lo que permite lanzarlos a los leones cuando sus jefes titiriteros así lo crean conveniente. Siempre, como bien lo demuestra la historia, los pícaros de siete suelas, los trepadores profesionales y los alpinistas burocráticos terminan con las tablas en la cabeza.

Y lo que es más trágico: sus familias, sus hijos y nietos, sus amigos y compinches nunca dejarán de llevar la coletilla marcada en la frente: “Ese hombre que va allí formó parte de la legión de pillos que hundió a Venezuela en un extenso mar de hambre y muerte, que nada hizo por cambiar un rumbo político y económico que dejó en el abandono social e institucional a millones de niños y ancianos, en su inmensa mayoría privados de medicinas y tratamientos médicos que antes, con sus fallas y deficiencias, estaban cercanos o disponibles”.

En qué mundo viven estos ministros, gerentes de empresas públicas, diputados oficialistas, jueces y contralores, fiscales y defensores del pueblo, militares de alto rango en cargos públicos o en puestos de comando, gobernadores y alcaldes rojitos, embajadores y representantes ante organismos internacionales cuya única preocupación personal es mantener los ojos y la boca cerrada, con tanto énfasis que parecieran solo sentir desprecio por la tragedia que vivimos e indiferencia por el futuro de sus descendientes que, sin duda alguna, quedarán marcados por la despreciable conducta de sumisión y silencio que adoptan hoy.

Ojalá que en un momento de lucidez y reflexión lleguen a la conclusión inevitable de que si el país se está hundiendo lo lógico y lo generoso es que no sigan haciendo peso para contribuir a la rapidez del naufragio. Ser leal con quien no ha sabido ser leal ni siquiera con el legado de su propio jefe es ceguera e incongruencia, una idiotez suicida.