EL EDITORIAL @analitica | Estado de excepción o régimen de excepciones

Screen Shot 2016-05-18 at 6.46.24 AMMAYO 18, 2016

 

El artículo 337 de la Constitución es muy claro al tipificar cómo se puede y debe declarar un estado de excepción y las razones de su corta duración y control necesario de la Asamblea Nacional.

Las ambigüedades (¿intencionales?) del decreto, en vez de aclarar oscurecen, ya que no precisan cuáles garantías constitucionales están suspendidas y eso deja mucho margen para proceder con excepciones a lo dispuesto en la norma de nuestra Carta Magna.

Ese régimen más bien lo que apunta es a darle plenos poderes y sin control de ninguna naturaleza al poder ejecutivo y crear una inadecuada zozobra en la población al dejar traslucir un eventual corralito, un control sobre la distribución de alimentos de organizaciones políticas no estatales, una posible medida de control sobre los mecanismos de transferencias bancarias, y lo más ambiguo, algún tipo de control sobre las publicaciones en internet.

Todas esas medidas violarían de alguna manera las garantías constitucionales de los individuos y por lo tanto deben ser explícitas y publicadas en la Gaceta Oficial para que el ciudadano tenga el conocimiento debido de la norma legal.

Gobernar con medidas excepcionales sin el debido asidero legal es lo que hacen regímenes no democráticos que por definición no rinden cuenta a nadie de sus actos. Lo más seguro es que así sea en Cuba y en Corea del Norte, porque incluso en China hay un respeto formal a lo dispuesto en las normas legales.

Lo contrario de la excepcionalidad es la normalidad, y eso es lo que pide a gritos la inmensa mayoría de los venezolanos que quieren saber a qué atenerse y construir su futuro con base en certezas y no bajo la incertidumbre que genera una permanente aplicación de excepciones para todo.

Para superar la crisis Venezuela debe retornar cuanto antes a la normalidad democrática y dejar de lado las experimentaciones políticas, económicas y sociales que tanto daño le han hecho a nuestro país.

Ha llegado la hora del reencuentro, de la reconstrucción de una Venezuela en la que todos podamos vivir en paz y con la esperanza firme de que si podemos lograr un mejor futuro.