EL EDITORIAL @analitica | Maduro perdió la herencia

ABRIL 29, 2016Screen Shot 2016-04-29 at 2.03.41 PM

Las increíbles expresiones de alegría que contemplamos en las largas colas para llenar las planillas del revocatorio presidencial para culminar con el mandato de Nicolás Maduro reflejan dos cosas: la primera, que la herencia fatídica que le dejó el difunto a “su hijo” era un caramelo envenenado y este, en vez de entender que tenía que cambiar el rumbo, se lo tragó completo y allí está, dando tumbos y mostrándose como lo que en realidad es, un rey desnudo, como el del cuento de Hans Christian Andersen.

La segunda, es que el pueblo no se comió el caramelo envenenado y decidió ya, desde el 6D, que basta de mentiras, de amenazas, de bravuconearías de los herederos y que lo que desea es paz, seguridad, trabajos estables y menos politiquería de baja ralea.

Esta masiva reacción del pueblo en la calle plasmando su firma, es el comienzo de una etapa en la que se inicia el proceso de reconstrucción de la Venezuela democrática, y el inicio del fin del protectorado cubano sobre nuestro país. Esto no quiere decir que la senda a recorrer vaya a estar exenta de peligros, ya que las acechanzas de un régimen que no quiere entender que fracasó los hará cometer errores tras errores y causarán daños, a diestra y siniestra. Pero los resultados de las planillas recogidas en estos dos días serán una clarinada que retumbará en las cuatro esquinas del país y le dará mucha fuerza y esperanzas a los venezolanos que ya no se quedarán sentados en sus casas sino que saldrán a las calles a defender su voluntad de cambio cuando como ayer sus líderes unidos, sin discrepancias, los llamen para exigir que ni el CNE, ni el Ejecutivo usen ardides para impedir que este año revoquemos al heredero que no supo entender que la hora del cambio sonó hace rato.

Hoy los venezolanos demócratas debemos sentir de nuevo una alegría latente en nuestros pechos y un rayo de esperanza iluminará, de ahora en adelante, nuestra lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad. Como alguna vez dijo Carlos Andrés Pérez, manos a la obra.