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El mercado negro con Maduro

Screen Shot 2014-01-26 at 5.19.39 PMLudmila Vinogradoff  ene 26, 2014 Screen Shot 2014-01-26 at 5.16.33 PM

Pedro Gutierrez, un joven mecánico de Puerto La Cruz, al oriente de Venezuela, se sorprendió al ver gente durmiendo en la calle. “Eran las 9 de la noche cuando pasé por el Bicentenario de Guaraguao y vi una multitud  haciendo  camping con colchonetas, sábanas y almohadas para dormir  en la calzada y ser los primeros en la fila cuando abrieran en la mañana el supermercado”.

Ya de día Pedro, que es muy curioso, se detuvo a preguntar el motivo de la cola. “No sé”, le respondió una señora de mediana edad, “a lo mejor traen leche o pollo”, dijo al referirse a un camión que vieron en la mañana descargando mercadería.

Alrededor de los supermercados del gobierno llamados Bicentenario y PDVAL hay un fuerte olor a orine por las largas esperas en la calle. Pero además se producen enfrentamientos y peleas entre los clientes.  Más de uno ha salido golpeado por los empujones y pisotones.

El problema del racionamiento. Pedro es muy observador. En la fila de entrada al supermercado siempre hay un grupo de “agitadores” que para soltarse o colearse la cola inventa una “trifulca” para sorprender. “Son unos comediantes espontáneos, inventan una pelea para entrar y ser los primeros para no hacer cola”.

La  gente que hace cola en el supermercado Unicasa es la misma que va al Central Madeirense. “Siempre hay un grupo de mujeres -las mujeres de tercera edad, que tienen preferencia-  las que hacen las colas. Pero se cambian las camisetas y vuelven hacer las colas. Y hay otras esperando en la puerta que cobran 10 bolívares por guardan las bolsas. Las mujeres vuelven hacer las colas dos y tres veces al día.”

Estas personas revenden los productos regulados y escasos en sus casas, en las barriadas populares, tres y cuatro veces más caro que en los supermercados. Así funciona el mercado negro de los alimentos. Y el de los electrodomésticos y de vehículos también. Las transacciones se hacen en plena calle a la vista de todo el mundo.

Pero el mercado negro de los dólares, mejor conocido como el de las “lechugas verdes”, es menos visible. Las operaciones se hacen discretamente entre gente conocida y recomendada. Hay que tener cuentas en divisas en un banco en el exterior. Los turistas pueden cambiar en las agencias de cambio o bancos locales pero al cambio oficial de 11,30, pero nadie lo hace porque prefieren cambiar en el mercado paralelo que ya se disparó a 78 bolívares por cada lechuga tan pronto Maduro devaluó la moneda.

El desabastecimiento de productos, medicinas, electrodomésticos,  repuestos automotrices  y alimentos se ha extendido a todos los niveles lo que ha permitido la proliferación del mercado negro. Los venezolanos viven en carne propia la miseria de tener que acudir al contrabando, el comercio sumergido e ilegal para poder subsistir.

El economista José Guerra sostiene que las nuevas medidas cambiarias anunciadas por Nicolás Maduro van a agudizar la escasez que ya de por si es desesperante.

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