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EL PODER Y LA LIBERTAD Carlos Cruz-Diez… el niño eterno ALEJANDRO OROPEZA G. | TalCual Sábado 24 de Agosto de 2013

“El artista lo que hace es revelar las cosas que están frente a uno y nadie las ve.” Carlos Cruz-Diez Screen Shot 2013-08-24 at 8.32.04 AM

Existen personas que tienen la capacidad de atrapar el universo entero en un acto, en un instante y no importa que ese acto o instante dure una vida entera de noventa años, por ejemplo. 

Conocí al maestro Carlos Cruz-Diez un final de mañana hace escasos meses, cuando acompañaba a Beatriz Gil en una visita de trabajo en junio de este mismo año. ¿El lugar? su taller-casa, una antigua carnicería en la Rue Pierre Sémard en París. Screen Shot 2013-08-24 at 8.32.18 AMEse momento fue como reencontrarse con un amigo con el que hace apenas unos días se había hablado; con un amable vecino al que le había dado los buenos días esa misma mañana; con un abuelo devuelto de la eternidad al que provocaba abrazar y contar lo que siempre faltó o lo acaecido en ese tiempo de ausencias; en fin, el encuentro con el maestro fue un canto a la vida, a la amistad, a la alegría, a la belleza, a la buena mesa, a las mujeres hermosas, en definitiva a un universo que tiene su centro en esa simpática calle de un París inexorable que siempre regresa en sueños a decirnos que hay mundo porque hay hombres. La despedida fue un abrazo cálido que no quería terminara nunca, tanto que provocaba poner una carpa en el jardín para estar cerca de ese abuelo alegre y locuaz, venezolano por los cuatro costados, creador insigne y genio del color; porque sus ojos son chispas de luz y su risa un escándalo de pasión y sueños volando a los vientos. 

Reencontré a este gigante el pasado 17 de agosto, porque no pude decir que no a la posibilidad de asistir en Ciudad de Panamá a la celebración de sus noventa años. Y ahí estaba, rodeado de todos, saludando a todos, sin pretender merecer nada que la vida misma no le obsequiase o que no conquistase con tesón, estaba trabajando y creando, soñando y riendo. Esa noche muchos de los que estábamos cerca de él acompañándolo cantando boleros, poniéndose peluca en la hora loca, tomándose fotos acá y allá y más allá, lo vimos: vimos a un niño eterno que habita en aquella humanidad de noventa años, abría los regalos con el éxtasis de la agonía de lo desconocido, rompía papeles y envolturas, se agachaba para apurar el descubrimiento, luego… la amplia y cómplice sonrisa y el acto de posesión inmediata. 

Quería, queríamos miles de regalos, y los tuvimos, pues cada sonrisa, abrazo, agradecimientos al tiempo pasado fueron regalos para, no solo el maestro, sino para todos a los que la vida nos regaló esa noche. 

Pero, ¿qué deja esta historia? ¿Qué puede significar para los venezolanos de hoy, amantes o no del arte y el color, el que un buen hombre cumpla noventa años? ¿Qué, para quien no sabe quién es Carlos Cruz-Diez? Cuestiones que se responden al reconocer en el maestro el triunfo de la disciplina, la constancia y el trabajo. La verdad, sus verdades, están conquistadas en la fortaleza y la sinceridad de su alma, de ahí la pureza de su discurso artístico y el infatigable compromiso con la obra y así, con el futuro. Muy lejos el conformismo y la dádiva para sí, lejos la amargura de la posesión gratuita, mucho más lejos la entrega de principios y valores, de cualquier valor: profano o místico, idealista o personal. Todo ello hace emerger en el maestro, en el hombre, el culto a la libertad de lo posible y lo imposible. 

La evocación de mundos, de universos abstractos, lejanos, suponen, en un artista, la entrega de la vida a favor de un fin último: la trascendencia. No el culto, sino el entender que la vida es algo más que una sucesión de días más o menos similares, con uno que otro accidente positivo o negativo en ese divagar temporal. Implica asumir desde la médula del alma que la mentira a sí mismo y la cesión de principios a cambio de cualquier cosa, jamás podrían ser las guías de una vida que conduzca a esa “simpleza” y por “simple” compleja y peligrosa, que significa la trascendencia. Y, ¿qué importa que existan venezolanos que no sepan quién es este hombre eterno? Podrían no saber quién es, pero, lo han vivido: cada vez que caminan por la maravillosa obra del Aeropuerto de Maiquetía, que pasan frente al Homenaje al Sol en Barquisimeto, que ven alucinando la Plaza Venezuela, sin hablar de aquellos que aprecian, se contagian y caen cautivados por su obra en Valencia, Porlamar, Ciudad de Panamá, Miami, Caracas, París, Madrid, Houston, Mérida, Santo Domingo, Fortaleza, Bogotá, Puerto La Cruz, México y un muy largo etcétera. Todo viene a demostrar que la frase de Carmen Victoria Méndez es real y verdadera: él es el más importante de los artistas venezolanos vivos. ¡Sí! y cabría agregar: Y uno de los más grandes creadores venezolanos y universales de todos los tiempos. 

Así que, ¡SALUD Y FELIZ CUMPLEAÑOS, MAESTRO CRUZ-DIEZ! Venezuela te quiere y te admira.