ELIZABETH ARAUJO @elizaraujo —Aviso a los que torrrturan—
Miércoles 26 de Noviembre de 2014|TalCual

Screen Shot 2014-11-26 at 6.36.06 PMLa semana pasada fueron condenados a tres años de prisión dos coroneles retirados de la Fuerza Aérea de Chile, a quienes se les acusó de haber ordenado aplicar torturas y vejaciones, que provocaron la muerte por infarto, en 1974 al general Alberto Bachelet, padre de la actual presidenta de Chile. La noticia, desde luego, pudo no haber trascendido más allá de las fronteras del país austral, pero quedó en quienes hoy nos sorprendemos con denuncias sobre el comportamiento excesivo de los cuerpos de seguridad del Estado venezolano hacia los jóvenes estudiantes que permanecen detenidos por pensar distinto, un recordatorio de que los crímenes que atentan contra los derechos humanos no prescriben.

En el caso del padre de la presidenta Bachelet ­no se trata de una venganza porque hubiera podido hacerlo durante su primer mandato.­ Los coroneles de aviación, ya retirados, Edgar Cevallos Jones y Ramón Cáceres Jorqueda, fueron acusados del delito reiterado de aplicación de tormentos en contra de Alberto Bachelet, general de la Fuerza Aérea, justo después de haberse perpetrado el golpe militar contra el presidente Salvador Allende.

El general Bachelet fue apresado y meses después murió a raíz de un infarto, ocasionado por debilitamiento provocado por las torturas, cuando permanecía detenido en la Academia de Guerra, donde fue vejado por sus propios subalternos, que le propinaron golpizas, le aplicaron choques eléctricos, le destruyeron las uñas y lo sometieron a largos períodos de colgamientos con capucha, hechos que obligaron a trasladarlo al hospital. Días después moriría.

Meses antes, el general Bachelet fue sometido a un Consejo de Guerra con los oficiales que se mantuvieron leales al gobierno de Allende, y acusados de “traición a la patria”. ¿Les parece conocida esa frase? La esposa y su hija Michelle también fueron apresadas y quedaron detenidas en centros de torturas. Pero el mundo da vueltas, y el siniestro dictador Pinochet murió sin haber expiado sus crímenes. Es ahora, cuando Michelle Bachelet ejerce por segunda vez su mandato presidencial, se hace justicia contra los militares que no tuvieron un ápice de sensibilidad y mataron a centenares de chilenos.

Hoy, leemos con ingrata sorpresa las denuncias de la golpiza reiterada que recibieron los estudiantes Alexander Tirado y Raúl Emilio Baduel, detenidos desde hace 8 meses en la explosiva cárcel de Uribana, y se observa al mismo tiempo que la fiscal general Luisa Ortega Díaz y la defensora del pueblo Gabriela Ramírez prefieren guardar silencio, porque a quienes torturan son, seguramente, “enemigos de la revolución”. Mayor sorpresa, al saber que ese Baduel que agreden es precisamente el hijo del ex ministro de Defensa Raúl Baduel, preso también en la cárcel de Ramo Verde, y recordado, para bien o para mal, por haber “salvado” a Hugo Chávez del golpe de abril del 2002. Decía Martin Luther King que “el brazo del universo moral es largo, pero siempre se dobla hacia la justicia”. Así será.

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