ELOY TORRES ROMÁN @eloicito | Sófocles y Theodorakis en Venezuela

28 Enero 2018Screen Shot 2018-01-29 at 1.12.41 PM

Conversaba yo con mi fraternal amiga Glenda Reveron, cuya voz traduce magia. La sonoridad de su encanto vocal me trasportó a lo que en una ocasión comenté acerca de Mikis Theodorakis, el compositor helénico, siempre vinculado a la lucha por la cultura, especialmente a la música. Él resumió su lucha en un decálogo que sirvió de Programa a la Juventud Lambrakis, epónimo de quien fuera un luchador pacifista griego asesinado en la norteña ciudad de Salónica, en mayo de 1963 por los fascistas griegos.  El asesinato de este líder pacifista  marcó la profunda crisis política de la Grecia de esos años, signada por la represión e intolerancia.


Theodorakis, compendia en ese Decálogo que su lucha se fundamentaba en la convicción de  conjugar el valor de la cultura y particularmente la griega y de sus elementos artísticos, filosóficos y literarios, con la política.  Dice, además, que es imperioso fortalecer los esfuerzos de los hombres de ciencia, de las artes y de las letras griegas y elevar el nivel de la educación, la cultura general y el deporte. Él desea que las nuevas generaciones se educaran de acuerdo con las tradiciones nacionales y con la herencia de las civilizaciones que dejaron su impronta en la humanidad. Ha anhelado para su país una total cobertura de escuelas, liceos, universidades, laboratorios, bibliotecas, salas de conferencias, teatros, museos, y campos deportivos para satisfacer las necesidades educativas y culturales de toda Grecia. Siempre ha sido un hombre preocupado por el avance cultural de Grecia. Èl, ha luchado por un futuro luminoso para su pueblo poblado de poetas,  cantantes y canciones, lleno de arte y  cultura. Pero, sobre todo, para  erradicar el fanatismo profundamente incrustado en la conciencia y el alma griegas desde hacía siglos, el cual no podía ser desarraigado fácilmente.

La Grecia de hoy, es el resultado de una guerra civil que siguió a la conclusión de la segunda guerra mundial. Ese conflicto se desarrolló entre los años 1944 y 1949, fue una continuación del conflicto que había devastado a Europa y, si bien es verdad que su desarrollo fue local, no es menos cierto que tuvo serias implicaciones internacionales: fue de hecho el “inicio caliente” de la guerra fría.  Y era lógico que así ocurriera, pues la humanidad se encontraba por esos años al comienzo del complejo proceso del reparto del mundo en “zonas de influencias”,  pautado en los acuerdos de Yalta. La derrota de los comunistas griegos, (apoyados  -inicialmente – por los soviéticos) a manos de los monárquicos (respaldados – totalmente – por ingleses y norteamericanos) fue aplastante. Ese desenlace, fue uno de los resultados de los citados acuerdos de Yalta que se tradujeron, al final de la guerra civil, en una secuela de odios e intolerancia que dividió profundamente a la sociedad griega. Fue un conflicto de una magnitud e intensidad mayor de la que le atribuyen algunos historiadores. Fue una “tragedia griega”.

El fanatismo que enconó el alma helénica luego de finalizada la guerra en Europa, se profundizó a niveles increíbles. Las desgarradoras consecuencias de la intolerancia política, excluyente y discriminatoria así como el afán de imponer, aún por la fuerza, cambios a la sociedad griega, desató una ola de crueldad ante la que empalidecen los actos violentos de la guerra civil española: se llegó a segregar a los hijos, a asesinar al vecino, todo en nombre de la nueva sociedad y el hombre nuevo. En el conflicto griego coincidieron el fratricidio, el filicidio, parricidio y el matricidio.

Felizmente, esa dureza y sus manifestaciones extremas de crueldad comienzan a perder fuerza paulatinamente en la medida en que Grecia avanza en su proceso de modernización y se cierra definitivamente con el ingreso del país helénico al concierto de naciones que conforman la hoy Unión Europea, incluso con Tsipras en el poder.

Theodorakis, ha mantenido, toda su vida, una misma postura política al hacer gala de una inusual coherencia entre  su acción y su discurso: fue un denodado luchador antifascista y pagó por ello: sufrió cárceles, penurias materiales, torturas y exilio. Luego, motivado por el viejo propósito, vivo aún en su alma, de elevar el nivel cultural de su pueblo a partir de la cultura griega tradicional, dio un paso político que sorprendió a muchos: aceptó ser Ministro de Estado de un gobierno del Partido centro derechista Nueva Democracia (Nea Demokratia) en coalición con algunos sectores provenientes del mítico Partido Comunista griego del interior.

La admiración y el afecto de los griegos por él no conoce límites. Su valentía genera admiración, aunado a ello, la sincronía entre su carácter ético y virtuoso de su praxis política.

Corría el año 1965 y Andreas Papandreu, el entonces líder del poderoso partido socialista griego (PASOK) dimitió luego de grandes presiones por parte del Rey Constantino II. Esta tensión en el seno de las estructuras del poder griego dio curso a la crisis que desembocó en el nefasto golpe de Estado de los coroneles griegos, de tendencia fascista en 1967. La dimisión de Papandreu coincide con las manifestaciones que realizaban las fuerzas de izquierda en homenaje al joven activista Sotiris Petroulas, asesinado por los cuerpos represivos en una manifestación anterior. El Procurador intentó enterrarlo omitiendo los tradicionales rituales funerarios con que los griegos despiden a sus muertos.

Theodorakis, para ese entonces diputado, protestó vehementemente ante el Procurador. La protesta de Theodorakis fue una pieza oratoria trascendental. Arrinconó al Procurador, citando a Sófocles, concretamente, a Antígona, para rechazar la absurda decisión del Procurador de no permitir a los familiares velar a su deudo. El Procurador respondió a Theodorakis que la decisión obedecía a órdenes del Ministro del Interior. El artista y líder democrático  replicó: “¿por qué no se habían tomado en cuenta las otras leyes?” El Procurador preguntó: ¿Cuáles leyes? Theodorakis apelando a la pieza de Sófocles, contestó airado: “¡Las leyes de los muertos o las leyes divinas, como diría Antígona!”. Theodorakis mostró, con su apasionada intervención, una compenetración total, intensa, actualizada y combativa con su idea de elevar el nivel de conciencia del griego, apoyando su discurso con expresiones y metáforas propias de la cultura griega tradicional.

Theodorakis genera fascinación. No solo por el valor  artístico de sus canciones, sino por la valentía física e intelectual demostrada al creer firmemente en el valor de la cultura tradicional de su país y actuar en consecuencia. Su acción y su discurso son la demostración fehaciente de que un gobierno que no base su norte en el desarrollo del ser humano y en la elevación de su valor antropológico y axiológico, está destinado al fracaso. Creo que ése es su gran mérito como político, artista e intelectual. Theodorakis, un cosmopolita, en el más amplio y cabal sentido de la expresión. No es casual que alguien dijera por ahí: “todos somos griegos”. Es la significación de los valores en los que nos hemos formado. Toda la terminología científica y cultural de Occidente proviene de Grecia, incluyendo el componente sensualista y hedónico presente en nuestra percepción del mundo y en la interacción que sostenemos con él.

Hoy vemos como Venezuela, prisionera de la intolerancia sufre el mismo sino que experimentó Grecia, en la época de Sófocles y su citada pieza Antígona y luego la de los años 60 con la dictadura que se implantó en el país helénico. Esta tierra de gracia es testigo de cómo asesinan a las personas y no les permiten enterrar sus restos. Un absurdo en el siglo XXI. Los DDHH no existen sino como letra muerta en una Constitución que establece que éstos son lo más importante en el país. El representante de la vindicta publica y anteriormente Defensor del pueblo, con su silencio, se solidariza con la acción brutal del Junquito. Un hombre que se entregaba fue rematado. Hay quienes dicen que los Tontons macutes de Haití, fueron unos niños de pecho, comparados con estos bárbaros. El silencio de un hombre que creció en la política hablando de DDHH no tiene perdón. Fue peor que el mismísimo Creonte, personaje de la pieza Antígona y el procurador al que enfrentó el músico griego Mikis Theodorakis.

Es público y notorio que los griegos iniciaron la sistematización del concepto occidental de belleza tal como lo conocemos hoy. Ellos juzgaban que el universo – el cosmos–  obedecía a un orden específico. Más allá del tópico que vincula la cultura griega con el hedonismo y la búsqueda del placer, la belleza es un elemento superior que los griegos explican como una simetría, como una proporción asociada a la matemática (de ahí el concepto de la “divina proporción” desarrollado posteriormente) Para los griegos, la belleza es una noción intelectualizada. La belleza no debía ser vista como un elemento puramente subjetivo, pues ella está, por excelencia, en la naturaleza misma y sólo el arte es capaz de expresarla cabalmente. Como diría Máximo Gorki, sólo un ser humano culto puede ser bello.

=ROJOenAZUL

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