EMILIO FIGUEREDO @efigueredop | La crisis humanitaria plaga de nuestros tiempos

3 de abril del 2018Screen Shot 2018-04-03 at 4.23.08 PM

Las crisis humanitarias y sus consecuencias, es decir aquellas situaciones que surgen por el desplazamiento de personas que abandonan su país en búsqueda de lugares más seguros para vivir, han venido ocurriendo lamentablemente y con cierta frecuencia en el siglo XXI.

Sus causas van desde las crisis políticas como puede ser una guerra tanto civil como internacional, caso de Siria, o persecuciones de minorías, ejemplo, la religiosa en la población Izado por el grupo terrorista Estado Islámico (Daesh).

También están las crisis humanitarias por causas ambientales que pueden haber sido previsibles como las malas cosechas, o las causadas por la naturaleza, en el caso de terremotos o tsunamis, como fue el hecho reciente de Haití o de Katrina en Luisiana.

Estas situaciones de emergencia requieren ayuda humanitaria en un grado superlativo que no puede ser, en la mayoría de los casos, aportado por el país que acoge a los refugiados y si esa ayuda no se organiza de manera diligente y efectiva puede ocurrir una catástrofe humanitaria.

Europa y Turquía han sufrido de manera recurrente las consecuencias de una explosión migratoria proveniente de Siria y han intentado resolverla con mecanismos diversos, que incluyen apoyos económicos a otros países de la región, Jordania y el Líbano, para que estos puedan darle acogida e integren a los refugiados.

La situación en nuestro continente es novedosa, salvo lo ocurrido en el siglo pasado entre Haití y República Dominicana y en cierta medida lo que sucedió en Colombia con los desplazados.

Hoy la crisis humanitaria afecta, por razones fundamentalmente políticas y económicas, al que otrora fuera uno de los países más prósperos de la región, Venezuela.

La crisis venezolana amenaza con convertirse en una hemisférica, ya que el incremento vertiginoso de venezolanos que literalmente huyen de su país es enorme.

Según una estimación realizada por el CSIS (Center for Strategic and International Studies) ya los refugiados en diversos países de América Latina suman cifras más que alarmantes: Colombia 550.000, Ecuador 230.000, Brasil 40.000, Panamá, 270.000, Perú 149.000 y Chile 165.000. Ese estudio no muestra las cifras de otros destinos como lo son México, Argentina y República Dominicana.

Esta trágica situación no podrá ser normalmente atendida sólo por los países recipientes, si no que requerirá, con carácter de urgencia, un apoyo internacional para los más vulnerables al estilo de lo que el Banco Mundial (BM) y otras instituciones internacionales han venido realizando en países limítrofes de Siria, Jordania y en menor medida el Líbano.

En el caso venezolano resulta evidente que el apoyo principal debe orientarse hacia los países limítrofes, y la diáspora por ahora apunta como el principal a Colombia.

El Gobierno venezolano se niega recurrentemente a admitir la presencia de una crisis humanitaria, por lo tanto, no luce cercana la aplicación de medidas de ayuda internacional en ese país.

En cambio, si los gobiernos de Colombia y de Brasil solicitan a través de las Naciones Unidas el apoyo de ACNUR y organismos financieros internacionales se podría, en alguna medida, paliar la situación y favorecer condiciones dignas y humanitarias para aquellos venezolanos que huyen de su país por la catastrófica situación creada por el gobierno de Nicolás Maduro.