enpaís | La pregunta | la frase del día 3.9.16 -Rafael Poleo

Screen Shot 2016-09-03 at 07.51.33Siguiendo desde el destierro la marcha de ayer, viví un momento de inquietud. Fue cuando entró la tarde y todavía la gente, que llegaba superando los obstáculos opuestos por el régimen, seguía caminando hacia los puntos de concentración. Ese retraso hacía suponer que la movilización tardaría hasta entrada la noche, cuando, como sabíamos, los sociópatas que nos gobiernan soltarían a sus bandas armadas, aún a riesgo de que eso provocara la intervención militar que sobre ellos pende -otra de las pesadillas que les tienen con esas ojeras que parecen pozos sépticos.

Fue entonces cuando el comando opositor hizo un movimiento que hizo recordar los de Napoleón Bonaparte en sus mejores tiempos, aquellos que le calificaron como uno de los más brillantes tácticos de la Historia, tanto como luego se vería que como estratega no llegaba a esa altura. Cuando el Gobierno pensaba que en la noche podría ejecutar la masacre que aterrorizaría y desanimaría definitivamente a la mayoría opositora, la MUD, que ya había coronado el objetivo de mostrar físicamente al mundo la magnitud del rechazo al régimen castro-chavista, ordenó el retiro de sus tropas, conservando así intactos sus efectivos para la batalla final. De no hacer eso, hubiera sido una victoria pírrica (esta sí, no la que dijo Chávez), aquella donde se triunfa pero con pérdidas que inhabilitan para un próximo combate, como le pasó a Pirro frente a los romanos.

Hitler, quien como Maduro pretende mandar a los militares cuando sus conocimientos son de terrorista con curso de nivel medio en Cuba, repitió el error de Napoleón. Contra la opinión de sus generales, Hitler extendió imprudentemente sus líneas hasta meterse en el clásico bolsón donde a los rusos les bastó cerrar la boca de la bolsa y así dejar que el general Invierno exterminara allí a las disciplinadas tropas alemanas.

Confieso que no esperaba esta habilísima jugada de la MUD, aunque imploraba a Dios por que la hicieran. Temía que atendieran a la presión de las guacharacas que en radio y televisión, trabajando, en su ignorancia, para el enemigo, metían su cuchara en un guiso de sofisticación superior a su capacidad digestiva.

Como decía mi fallecido amigo Omar Lares: Se cansa uno.