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ESCRIBO Y COMENTO Elecciones y elecciones – FERNANDO MIRES | TalCual Sábado 27 de Julio de 2013

Escribo estas líneas bajo la sombra de los sucesos de Egipto, país en el cual ocurrió un golpe de Estado debido a la incapacidad de la oposición para construir una plataforma unitaria, con un programa y un candidato común, en elecciones que, como consecuencia de la estupidez de esa oposición, no tendrán lugar muy pronto. Oportunidad que hoy aprovecha el ejército de Mubarak para retomar el poder. 

La electorización del proceso político es ­hecho que no supo entender la oposición egipcia­ condición de la vida democrática. Pero para que ello ocurra debe existir, antes que nada, un proceso político. Si este no existe las elecciones serán solo un procedimiento destinado a facilitar cambios administrativos en el Estado. 

Hay también, por lo tanto, elecciones de bajo nivel político. 

En América Latina tenemos un caso en el cual las elecciones tendrán lugar en un ambiente altamente despolitizado. Me refiero a Chile, país en donde los electores, si no ocurre un milagro, llevarán de nuevo a Michelle Bachelet al poder. 

La creciente despolitización electoral chilena, ya evidente en comicios municipales, se ha visto incrementada por la aparición de dos nuevos factores. 

Screen Shot 2013-07-27 at 8.49.42 AMUno, el colapso de la derecha. El otro, la heterogeneidad de Nueva Mayoría, o bloque bacheletista. 

El colapso de la derecha había ocurrido antes de que el candidato Longueira enfermara. Dividida en dos fracciones que no sintonizan, ninguna ha podido borrar el estigma del pasado pinochetista. 

Cierto es que en términos económicos el gobierno Piñera se encuentra en continuidad y no en ruptura con el pasado reciente. Desde esa perspectiva fue un gobierno concertacionista más. Ahí reside precisamente el problema. La derecha chilena carece de perfil político e ideológico. 

La tradición conservadora, familiarista, nacionalista y clerical que caracterizó a la derecha del pasado pre-pinochetista, se vino abajo ante los embates de la globalización financiera que tuvieron lugar bajo la propia dictadura. El latifundismo de los “grandes señores y rajadiablos” fue sustituido por empresas transnacionales. Sus valores fueron arrasados por fuerzas económicas que esa misma derecha alentó. Ni siquiera su vocación anticomunista puede ser rehabilitada pues el comunismo desapareció como fenómeno mundial. De esa derecha, en fin, solo queda uno que otro apellido vinícola y nada más. De ahí que uno de los grandes problemas de la izquierda chilena es no tener frente a sí a una verdadera derecha y ese hecho cuestiona, de por sí, su existencia como izquierda. 

Bachelet en estos momentos no tiene competidores. Es lo peor que puede suceder a un(a) líder político(a). 

En Chile estamos entonces frente a un caso de descomposición política. Todo indica que en las próximas elecciones la abstención en sus dos formas (militante y apática) superará todos los índices. ¿Qué podrá surgir de ahí? La verdad, no lo sé. 

Nada bueno en todo caso. 

El ejemplo contrario a Chile lo representa Venezuela. Allí, en lugar de una electoralización de la política, tendrá lugar en los próximos comicios municipales (8.12. 2013) una radical politización de las elecciones. Caso históricamente inédito pues ni en Venezuela ni en otros países latinoamericanos unas simples elecciones municipales han llegado a ser tan decisivas. La razón es conocida: dichas elecciones tendrán el carácter de un plebiscito nacional. 

En la hora en que escribo estas líneas, Maduro, quien jamás ha sido popular, es más impopular que nunca. A su enorme impopularidad une una legitimidad puesta por él mismo en duda (negación a recontar de modo honesto los votos). Si a ello sumamos la crisis económica heredada del presidente muerto, crisis que afecta de modo agudo a los sectores más pobres, un resultado favorable a la oposición, si esta no comete una locura egipcia, estaría asegurado. 

Si no comete una locura egipcia, he de reiterar. Porque hay un problema: existe un segmento delgadísimo de la oposición, “los egipcios venezolanos”, cuyo casi nulo respaldo social va unido con una creciente crítica a la MUD y a Capriles por el hecho, dicen ellos, que frenan una (imaginaria) movilización de masas. Como si Capriles en lugar de dirigente político fuese un mariscal de batallas. 

Afortunadamente los sectores que apoyan a la oposición, incluyendo a los universitarios en huelga, han dado muestras de gran inteligencia al evitar una confrontación con los destacamentos militares del partido-Estado, situación que solo favorecería a Maduro y su combo. Pues bien, ese es precisamente el segundo lado desde donde viene el peligro más grande, a saber, que Maduro sintonice indirectamente con “los egipcios” de la oposición. 

Maduro y su grupo saben que si no ganaron las elecciones del 14.04 no van a ganar las del 8.12. Saben que esta vez los fraudes no van a ser tan fáciles. Saben, además, que la crisis se traduce en temas concretos en cada municipio. Y, no por último, saben que las elecciones se dirigirán en contra de la persona del gobernante. De ahí que una salida en caso de una avisada derrota sería ­es una hipótesis- interrumpir el proceso electoral. 

Las persecuciones a miembros de la oposición, las invenciones anti-colombianas de J.V. Rangel, los brutales insultos de Maduro, su manía obsesiva de denominar fascista a todo lo que se le ponga por delante, los planes golpistas adjudicados sin prueba alguna a la oposición, todo esto, y mucho más, apunta en contra de la realización normal de las elecciones. Consciente o inconscientemente Maduro está intentando des-electorizar el proceso político: Tender una trampa, llevar la parte “egipcia” de la oposición a la violencia y militarizar aún más a la política. Así parece ser el plan. 

Las elecciones fueron la principal arma política del chavismo. Hoy son, o han llegado a ser, la principal arma en contra del madurismo. Hay que ser egipcio para no darse cuenta de eso.