FAUSTO MASÓ Una estatua para Aveledo

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Este título es una exageración, sin contar que las estatuas se levantan a los muertos y Aveledo está bien vivo y no desaparecerá de la vida pública, pero ahora quizá muchos comprendan su labor en la oposición, entiendan que su misión no era encabezar un movimiento político, porque la Mesa de la Unidad no era un partido político, pero en un momento en que los partidos se miraban con la tradicional desconfianza, Aveledo fue decisivo para lograr la unidad. Ahora esa unidad se ha roto pero probablemente se reconstituirá al acercarnos a las elecciones. 

Aveledo no aspiraba a presidente de la república, ni siquiera a presidir la oposición. Fue un coordinador, un relacionista amable al que los hechos lo obligaron a un protagonismo mayor y lo convirtieron en el enemigo de quienes en realidad querían socavar la MUD, cosa que desgraciadamente han logrado en parte. Ahora se verá lo difícil que será buscarle un sustituto, alguien que este cercano al mundo político y que al mismo tiempo no despierte desconfianza. Se habla de un independiente en el país donde los in dependientes nunca han sido verdaderos independientes, o de volver rotativo el cargo. 
En el país un sector de clase media vehemente e importante quiera librarse de esta pesadilla de la noche a la mañana, está dispuesto a seguir al que le proponga cualquier salida mágica como ocurrió a comienzos del año, a los pocos días de que el gobierno había ganado unas elecciones. Ese sector no quiso aguardar a que los efectos del fracaso económico hubiera debilitado a Nicolás Maduro y su popularidad hubiera caído como ha ocurrido en estas semanas, porque tan pronto 70% o 80% rechace este gobierno la salida estará cerca pero mientras el chavismo conserva cierta popularidad no es posible sacarlo del poder.

El gobierno llega al llegadero, casos como el de Sidor no tiene arreglo. Los mismos trabajadores que precipitaron su estatización ahora se quejan del gobierno, sin atreverse a decir que Hugo Chávez es el verdadero culpable de este desastre que ha heredado Maduro. Los trabajadores de Cemex exigen 150% de aumento de sueldos, con una inflación cercana a 70% anual son justas estas peticiones, pero impagables. Es el momento de dar soluciones, plantear que solo empresas privadas exitosas, un control real de la inflación, les garantiza a los trabajadores un buen nivel de vida. La oposición no se atreve a decir esta verdad y el gobierno se encuentra atrapado, porque prefiere preservar el legado de Chávez. A Nicolás Maduro solo lo ayuda una oposición descabezada.

Ramírez no aplicará ningún programa de reforma económica, solo quieren aumentar el precio de la gasolina y las tarifas de los servicios pero rechazan disminuir los gastos oficiales, la emisión monstruosa de bolívar. Maduro apuesta a conseguir dólares en el extranjero, no cambiará en lo fundamental el modelo económico, no se atreverá a librarse del fardo de las empresas estatizadas. Maduro está atrapado, pero nosotros también. Esa es la desgracia. El congreso del PSUV fue una farsa. No tiene mucho de que alegrarse Maduro porque los conflictos sociales siguen en aumento y nadie invertirá un bolívar en el país.

En medio de ese panorama desolador Aveledo hizo una labor unitaria que no fue reconocida. Al contrario, lo insultaban por las redes sociales diciéndoles las mayores infamias, hasta que se cansó y renunció.