FERMÍN LARES @LaresFermin | Como dijo Ledezma…

FERMÍN LARES

Si usted se pone a pensarlo fríamente, poco ha cambiado después del 30 de julio y la fulana elección de la constituyente. No es un antes y un después de, como se estaba haciendo ver. Maduro y los militares ya habían decretado la muerte de la Constitución y las leyes de la República. Ya habían violado toda clase de derechos humanos. Ya habían producido la muerte de alrededor de 100 personas en igual número de días. La situación, desde el punto de vista de lo que plantea el gobierno, es prácticamente la misma.

Lo que cambió fue que Maduro y los militares formalizaron oficialmente el carácter autoritario del régimen. Decidieron mostrar abiertamente lo que son. Los 100 muertos en más o menos 100 días pasaron a ser 16 en un solo día. Pueden jurar –y obviamente no es que uno lo desee– que habrá menos balas de perdigones. La represión arreciará. El reencarcelamiento de López y Ledezma es nada. Irán por Freddy Guevara y otros más, si lo consideran necesario.

Tienen mucho que perder. Se ríen a carcajadas porque a Carlos Andrés Pérez lo sacaron de la Presidencia por unos cuantos millones que extrajo de la famosa partida secreta para proteger a Violeta Chamorro, a una presidente democrática en situación de peligro. El chavismo no se ha robado millones, sino muchos millardos de dólares, y todavía hay que raspar la olla. Y para poder seguir haciéndolo se juegan el todo por el todo. La mayoría de los civiles que robaron están afuera. Adentro están los militares, a quien Maduro los puso donde haiga.

Con las sentencias del Tribunal Supremo para anular el Parlamento que el pueblo eligió con una participación de 14 millones de votos, se buscaba un barniz de legalidad a las arremetidas cada vez más recias del régimen contra la soberanía popular, que ya estaba dando suficientes muestras de descontento y que explotó harta de sus injustificadas carencias. Pero ya no hay barniz ni pulitura. Ahora hay que cambiar el mobiliario completo.

La situación es la misma porque lo que se enfrenta no es diferente. Pero de este lado, del lado democrático, la situación no puede seguir igual. De este lado, hay que prestar mucha atención a lo que dijo Antonio Ledezma en su último mensaje por las redes sociales, el mensaje que hizo que lo volvieran a llevar a la cárcel.

Yo he venido pregonando todo lo dicho por Ledezma desde este espacio por mucho tiempo. La necesidad de tener un plan de acción, una estrategia común, bien pensada y acordada por todos, que prevea situaciones a corto, mediano y largo plazo. La jerarquización de los objetivos. No puede ser lo mismo una ley para aumentar los cestatickets que una ley para reestructurar la economía. No puede ser que apenas ayer, a año y medio de tener un Parlamento dominado por la oposición, fue cuando se pusieron de acuerdo para nombrar a los nuevos magistrados del Tribunal Supremo. Y nunca se designaron los representantes que hacía falta para el Consejo Nacional Electoral.

La improvisación y una equivocada jerarquización de los objetivos también demonizó el diálogo y la negociación. No se reconoce que en cada sentada de la oposición con el gobierno se entregó todo por nada y que la última vez que la dirigencia democrática dialogó con los representantes del régimen ni siquiera sus negociadores eran los más calificados.

No se trata de caerle encima a la MUD y a los partidos. Desde esta humilde trinchera he tratado en lo posible de evitar el extremismo y la descalificación de los líderes democráticos, porque es escupir p’arriba. Son los dirigentes que tenemos. Pero nuestros dirigentes tienen que entender de una vez por todas que, como ha dicho Ledezma, tienen que hablarse con sinceridad entre ellos, tienen que llegar a acuerdos trascendentales por encima de sus intereses particulares. El adversario es el mismo y sus planteamientos no han variado. Pero de este lado tenemos que ver las cosas de otra manera. Esto no es ningún jueguito que vamos a dirimir por Facebook y las redes sociales, ni siquiera con articulitos como este.

Bienvenida la calle, pero hay que administrarla con otras acciones y sobre todo con planteamientos que respondan a los verdaderos intereses de la gente: hay problemas graves de escasez y de precios inalcanzables de la comida, de medicinas, de falta de asistencia pública. Hay problemas políticos y hay problemas sociales graves. La gente tiene que sentir que sus dirigentes luchan por su libertad y también por su bienestar, por su seguridad, por su progreso. Las protestas también tienen que estar orientadas hacia eso.

Esta semana debería estar instalándose la fraudulenta asamblea constituyente. Eso luce que va a ser simplemente un mamotreto jurídico para provocar y justificar la opresión. Los juristas y letrados que van a reestructurar el Estado venezolano, que van a crear la nueva estructura jurídico-social, no se ven por ningún lado. Es una invención burda, una cosa rara que no tiene ningún respaldo popular ni mucho menos reconocimiento internacional, salvo de aquellos a quienes inescrupulosamente les conviene seguir chupando de esta teta, incluidos los rusos con sus ventas de armas viendo qué más pueden pescar en río revuelto. Es otro monumento a la mediocridad de la cual ha sido tan difícil zafarse.

La cosa está igual o si acaso peor de aquel lado, pero no puede seguirlo siendo de este. La confianza hay que restaurarla en los camerinos, con la pizarra al frente del equipo previendo cada jugada. Las barras están con nosotros y estamos jugando en nuestro patio. Es hora de que se acaben los autogoles. Como dijo Ledezma.