Fernando Gerbasi @fernandogerbasi | Un falso dilema

Screen Shot 2016-09-07 at 09.01.577 de septiembre de 2016

No deja de llamar la atención la polémica que desde hace un tiempo se ha generado, particularmente en las redes sociales,  entre venezolanos residentes en Venezuela y otros residentes en el extranjero. Los primeros, aduciendo constantemente razones para no dejar el país y los segundos explicando por qué lo han hecho. En verdad, no hay nada que explicar, cada quien vive sus propias circunstancias que son las que los han llevado a tomar una u otra decisión.

Debemos comprender, eso sí, que nuestro país no es lo que fue y no se sabe cómo será en un futuro próximo. La hecatombe chavista, cúmulo de políticas erradas a lo largo de los años signada por querer imponer un pensamiento ideológico único a la población, deja y dejará una profunda huella negativa que tardaremos muchos años, y quizás algunas generaciones, en borrar de la faz de nuestra tierra. Es en esta hecatombe donde encontramos el fundamento de ese falso dilema. 

De conformidad con algunos estudios realizados los venezolanos que han dejado el país durante los últimos 17 años pudieran estar en 1.650.000, mientras que otros los sitúan en 1.800.000. Tomar una u otra cifra solo nos lleva a la conclusión que el número de venezolanos emigrantes es enorme pues esa, la de migrar, nunca fue la actitud del venezolano. Todo lo contrario, siempre fuimos reconocidos como un país de fronteras abiertas receptor de inmigrantes, de ahí la presencia casi histórica de italianos que se hizo más evidente después de la segunda guerra mundial, al igual que la de los españoles y portugueses. A partir de los años setenta fueron llegando  varios millones de colombianos, conjuntamente con chilenos, ecuatorianos, haitianos, cubanos y de otros países latinoamericanos. No hay que olvidar que como rasgo importante de nuestra idiosincrasia hemos sido siempre partidarios de recibir nacionales de países que estaban bajo la bota militar de las dictaduras, en particular las de los años setenta del Cono Sur. ¿Cuántos miles de argentinos y chilenos no encontraron refugio en Venezuela durante las dictaduras militares de Argentina y de Pinochet en Chile? 

El 1º de septiembre marcó un hito en la historia venezolana con la Toma de Caracas. Un millón o más de caraqueños, pero también venezolanos de otras latitudes, se lanzaron a la calle a manifestar su voluntad para que tenga lugar este año el Referendo Revocatorio de Nicolás Maduro como presidente de la república. Pero también manifestaron para expresar su profundo descontento por la crítica situación en la que viven como consecuencia de la escasez de alimentos, de medicinas, o por la elevada inseguridad que impone día a día un toque de queda voluntario, o por la galopante inflación que hace que los sueldos y salarios no permitan llegar a fin de mes o que en las mesas de muchos hogares no se sienten a comer sino una o dos veces al día.

Los venezolanos radicados en otros países[1] también se manifestaron en apoyo a la realización del RR16. Pero también lo hicieron para exigir que los estudiantes puedan recibir sus dineros para continuar sus estudios y puedan costearse su manutención; para que los pensionados del IVSS, que tienen todo el año 2016 o más sin cobrar reciban lo que les corresponde y que es fruto de años de trabajo y cotización; para que los jubilados cobren  sus jubilaciones; para que puedan enviarle medicinas  a sus familiares que las requieren; en fin,  para que los venezolanos, en general, puedan vivir en libertad y democracia. 

No comprender que el venezolano en Venezuela o en el extranjero vive con la misma intensidad la crisis por la que atravesamos es no conocer nuestro carácter. Ningún venezolano se siente ajeno a lo que ocurre en el suelo patrio, por ello, esté donde esté, manifiesta su repudio al régimen y exige el derecho que la Constitución le da  de revocar a Maduro en al año 2016. 

Dejémonos de falsos dilemas  y tengamos presente que quienes dejaron  el país lo hicieron porque se vieron  obligados o porque las circunstancias personales se lo impusieron.

[1] En las siguientes ciudades según informaciones recabadas: Quito, San Francisco, Houston, Washington D.C., Roma, Río de Janeiro, Miami, Santiago de Chile, Panamá, Milano, Paris, Bogotá, Tenerife, Gran Canaria, Charlotte N.C., Atlanta, Austin, Ámsterdam, Denver, Londres, Barcelona, Ciudad de México y Madrid. Y con toda seguridad en muchas otras ciudades más sobre las que no se dio información.