FERNANDO MIRES | El escándalo del totalitarismo
Viernes 24 de Julio de 2015

Cuando Hannah Arent publicó en 1951 su libro Los orígenes del Totalitarismo, las izquierdas europeas guardaron un escandaloso silencio. No es que el libro hubiese pasado desapercibido.

Todo lo contrario. Las editoriales hicieron un buen negocio. La rigurosidad intelectual, el estilo preciso y lo novedoso de sus tesis despertaron interés en círculos académicos. No así en los políticos.

|TalCual

Fernando Mires

Arendt dio a conocer su libro durante el periodo de distensión entre la URSS y los EE UU.

Pese a reiterar que bajo Kruschev y Brezhnev la URSS aunque dictatorial no era totalitaria, su libro no coincidía con la imagen de la heroica URSS que salvó al mundo del fascismo. Solo después de que en 1989 fuera derribado el muro de Berlín, el libro de Arendt pudo aparecer en los salones de la política. Hoy casi todos los comentaristas, incluso los que no lo han leído, lo citan.

Doce años después de los Orígenes publicó Arendt otro de sus clásicos: Sobre la Revolución. El éxito político fue esta vez mayor. En momentos en los cuales el mundo parecía estar revolucionado desde Vietnam a Cuba, aparecía un libro explicando la génesis y el sentido del concepto revolución.

Aunque el libro está centrado en la comparación de las revolución norteamericana de 1776 y la francesa de 1789 muchos “revolucionarios” creyeron encontrar en él una fuente teórica de inspiración. A pocos se les ocurrió que entre el libro de 1951 y el de 1963 podía haber un nexo. Si se hubieran dado cuenta habrían captado que Sobre la Revolución era, desde el punto de vista político, aún más escandaloso que el libro sobre el totalitarismo.

Mientras el primer libro se ocupaba del “fenómeno” totalitario, el segundo nos dio a conocer a su matriz. Esa matriz se encuentra, según Arendt, en los tópicos más radicales de la revolución francesa, algunos de los cuales cristalizarían en el bolchevismo y en el nacional-populismo.

Comparando a la revolución norteamericana con la francesa, descubrió Arendt que mientras la primera solo intentó cambiar un orden político, la segunda nació conteniendo la patología representada por un enemigo meta-histórico.

Y bien, ese es precisamente el punto que une a la revolución jacobina, con la bolchevique y con la fascista. Mientras la norteamericana fue una revolución que tuvo lugar en un marco histórico determinado, las que le siguieron nacieron para derrotar a enemigos “universales”.

Los jacobinos soñaban con la destrucción del “antiguo régimen”. Los bolcheviques con el fin del capitalismo. Los nazis con el fin del judaísmo.

Las tres configuraban a un Enemigo Total frente al cual no cabían concesiones.

El totalitarismo que surgió de las revoluciones bolcheviques y nacional-socialista necesitaba de un Enemigo Total y ese solo podía ser enfrentado con un Estado Total. El Terror de la guillotina, los campos de concentración nazis y el Gulag soviético solo fueron los instrumentos de ese Estado Total.

No es seguro si hoy vivimos en una era posttotalitaria. Pero si analizamos algunos nuevos movimientos veremos que la pretensión de totalizar la lucha política frente a un enemigo absoluto no ha desaparecido.

En Francia, Marine Le Pen designa como enemigo total a la OLIGARQUÍA EUROPEA, Syriza a la TROICA, Podemos a LA CASTA, y en América Latina, neo-dictaduras y autocracias intentan justificar violaciones a los derechos humanos inventando una lucha total en contra de EL IMPERIO.

La lógica meta-real del totalitarismo continúa existiendo. La tentación totalitaria comienza con la gramática totalitaria.