FERNANDO MIRES @FernandoMiresOl | – ALEMANIA Y AUSTRIA EN LA HORA DE LAS COALICIONES

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Las elecciones que tuvieron lugar e la Baja Sajonia el día 15- O confirman las tendencias que se dieron en Alemania desde las elecciones generales del 2017: fuertes pérdidas de la CDU, reaparición de los liberales (FDP) como sustituto centrista del descenso socialcristiano, crecimiento sostenido – aunque no espectacular- de AfD.

 

La única novedad fue un cierto repunte de la SPD después que Martin Schulz abandonara la coalición de gobierno mantenida con la CDU/CSU. Eso significa  para la socialdemocracia, abandonar el centro político para posicionarse en una supuesta izquierda con el objetivo de intentar un frente común con la poscomunista Linke. A nivel nacional continúan las conversaciones para llevar al gobierno la nueva coalición centro-centro, formada por la CDU/CSU, los liberales (FDP) y los Verdes.

En cierto modo las elecciones de Baja Sajonia han sido un espaldarazo para la –aun en proceso discutitivo- coalición Jamaica, llamada así por los colores de los respectivos partidos. En sí la construcción geométrica del nuevo centro gobiernista no es difícil. El problema es que ese centro-centro, después de la deserción de los socialistas, no será muy sólido.

Si bien en el tema del liberalismo político hay consenso unánime entre los tres partidos, no ocurre así con el curso de la línea económica. Los Verdes son un partido social y los liberales no han dejado de ser el partido de los grandes bancos. Merkel se verá así obligada a ejercer el rol que más le gusta: el de mediadora. Pero al precio –como lo suele hacer – de disminuir el perfil político de toda la coalición. Así, el conjunto la oposición la tendrá más fácil, sobre todo con el refuerzo que les llega desde la SPD de Schulz.

Afortunadamente para Merkel la oposición se encuentra  polarizada en dos extremos irreconciliables enfrascados en disputar el favor de una masa popular que –a veces por motivos razonables- no se siente interpretada por el centro político. Captando esa situación, el dirigente de AfD, Alexander Gauland, ha comenzado a configurar una política destinada a atraer a las fracciones más conservadoras de la CDU/CSU, o simplemente a pactar con ellas. Por lo menos ya tiene un modelo: Austria.

En Austria, los nacional- populistas (FPÖ) han logrado lo que no ha podido hacer Marine Le Pen en Francia: atraer a los conservadores, en este caso al ÖVP del muy joven Sebastian Kurz a dialogar sobre una posible coalición. Por cierto, la probabilidad más alta es que tenga lugar una coalición entre conservadores y socialistas (¡!). El problema es que las encuestas revelan que, en las bases conservadoras, las tendencias que apuntan a una alianza con el ultranacionalista y xenófobo FPÖ, son mayoritarias. El mismo Kurz ha anunciado que hay grandes compatibilidades entre los programas dek  ÖVP y del FPÖ, sobre todo en el tema sobre-determinante: las migraciones. No lo dijo solo para negociar con los socialistas. Lo dijo porque, además, es cierto.

Tanto en Austria como en Alemania está a punto de romperse un tabú: el de no aceptar una derecha a la derecha de la derecha oficial. A juzgar por los encuentros no disimulados que tienen lugar en Baviera entre representantes de la DfU y de la CSU puede llegar a suceder –si es que no está sucediendo- que la principal oposición la obtenga Merkel desde sus propias filas.

El espacio de la oposición externa es –desde un punto de vista politológico- el más interesante. Si la hegemonía oposicionista la alcanza la SPD/Linke o la AfD será decisivo. En el primer caso, la SPD lograría mantener la oposición en una línea concordante con la continuidad política de la nación. En el segundo, se abrirían las condiciones para la formación de una tercera fuerza formada por la CSU, parte de la CDU y AfD. Para muchos, un escenario de horror. Para otros, una nueva realidad política con la cual habrá que convivir mucho tiempo.

Por el momento, tanto en Austria como en Alemania, hay dos situaciones claras: La primera: los partidos nacional populistas ya no son partidos leprosos pues han sido convertidos por las respectivas derechas en partidos potencialmente coalicionables. La segunda: los grandes partidos ya no son tan grandes. En ambas naciones, así como en el resto de Europa, los futuros gobiernos están condenados a ser formados por difíciles e inestables coaliciones. Noticias no muy buenas para el resto de Europa.