FERNANDO MIRES @FernandoMiresOl | Dignidad
Fernando MiresViernes 31 de Julio de 2015 | TalCual

Recuperar la dignidad a través de un triunfo electoral será notificar al gobierno que la oposición existe, pero no como multitud, sino como poder

Solo somos en la medida en que nos reflejamos en los ojos de los demás. La dignidad para que aparezca, pasa por el reconocimiento del otro

La leí no me acuerdo donde. Puede que haya sido en un twitter. La frase decía así: “El día 6 de Diciembre, si todos los venezolanos votamos, recuperaremos nuestra dignidad”. Una frase de las tantas que uno lee a diario. Sin embargo, pensé, dio en el hueso del problema.

Cabía entonces preguntarme: ¿qué es la dignidad? La dignidad no es un atributo: la dignidad reside en la propia condición humana. En ese punto están de acuerdo juristas y filósofos: La dignidad es la dignidad de ser. Eso quiere decir, por el solo hecho de existir somos dignos. La dignidad, por lo tanto, no se pierde, o tal vez, solo se pierde con la muerte pues no hay muertos dignos ni indignos. Luego, la dignidad no es ni siquiera un derecho. Es, antes que nada, una propiedad del ser.

El derecho solo cumple la función de asegurar la dignidad. Eso quiere decir: la instituye pero no la crea. La dignidad precede a todo derecho.

Más aún: si no hubiera dignidad, no habría derecho.

“Recuperaremos nuestra identidad” dice la frase citada. ¿Cómo se puede recuperar algo que se tiene? ¿Una contradicción? No, no lo es. Me explico: si bien la dignidad es inherente al ser, ese ser existe en relación con los demás. El otro ­lo han dicho casi todos los filósofos- es la condición del yo.

Solo somos en la medida en que nos reflejamos en los ojos de los demás. La dignidad, para que aparezca, pasa por el “reconocimiento del otro”. Por eso la dignidad de ser requiere del reconocimiento del mismo modo que la vista requiere de la claridad.

Lo mismo sucede con la dignidad: no basta que exista. Es necesario que se vea. No sin razón Hegel afirmó que la historia es la historia de “la lucha por el reconocimiento”. Podría haber dicho, es la lucha por la dignidad, y habría sido lo mismo.

¿Se entiende el sentido de la frase? Recuperar la dignidad a través de un triunfo electoral será notificar al gobierno que la oposición existe, pero no como multitud, sino como poder. En otras palabras, el poder que el gobierno mantiene será dividido en dos. A partir de ese momento el gobierno no podrá seguir actuando como si la oposición no existiera. El gobierno deberá compartir el poder con una oposición que existe pero que finge ignorar.

Screen Shot 2015-08-02 at 8.39.43 PMEn cierto sentido el triunfo de la oposición restituirá la dignidad política al gobierno pues este, en el marco de un espacio político dividido será obligado a actuar, si no de modo democrático, por lo menos no dictatorial, como lo ha venido haciendo desde que se aferró al poder a través de dudosas elecciones.

La dignidad es la dignidad de ser, pero el ser debe ser reconocido para ser. Las elecciones del Diciembre venezolano se sitúan, por esa razón, como un eslabón en la cadena de las luchas por el reconocimiento. Ese reconocimiento, hoy negado a la oposición, será un reconocimiento político. Pero para que sea político requiere ser existencial, no para la oposición ­la oposición sabe que existe- sino para un gobierno que niega su existencia.

La dignidad, repitamos, es la dignidad de ser. Pero el ser no es un espíritu, es un cuerpo.

Gracias a la dignidad, el cuerpo será transformado en un cuerpo ciudadano del cual el gobierno no podrá disponer como lo hace con los políticos que mantiene en sus prisiones.

La lucha por el reconocimiento ­ese es el verdadero sentido de la política- requiere de la libertad de sus actores.

Si la oposición toma en cuenta el sentido existencial de las próximas elecciones tendrá lugar en Venezuela una épica que sobrepasará al acto heroico, a la inmolación inútil y a la frase marmórea. Será una lucha por una dignidad que, aunque se tiene, ha sido negada.