FERNANDO MIRES @FernandoMiresOl | ELOY TORRES ROMÁN @eloicito – “El abstencionista venezolano en la miseria”

9 Abril 2018Screen Shot 2018-04-11 at 11.27.25 AM

La abstención es y será acompañante en todos los países donde tienen lugar elecciones. Así comienza su brillante, conceptualmente hablando, articulo, el profesor Fernando Mires, hombre preocupado por la suerte de Venezuela. La verdad es que es encomiable. No he visto tanta entrega en un no – venezolano por la suerte de esta tierra de gracia. Podríamos decir que es mayor que la de muchos de sus hijos que prefieren escapar o ausentarse de nuestra realidad al desvivirse por una playita, con unas birras bien caras, en lugar de confrontarse con este desgobierno. Claro, están a la espera de un Mesías que resuelva sus problemas y si no sirve a nuestros deseos es malo y hay que sacarlo. Carlos Andrés Pérez es un ejemplo. Vainas de los venezolanos.

Por lo que no puedo dejar de subrayar: Venezuela es un raro escenario donde las ideas y tesis politológicas se observan desencajadas. El discurso académico choca con una lógica distinta. Cierto es que “doxa no es episteme”, como dice Platón, pero, en este caso, lo es aún más. Determinadas opiniones corren la suerte de llevarnos a la conclusión que por mucho que saquemos las mejores ideas de la cabeza, siempre surge un”wild card” que trastoca el análisis y lo invalida. Es aquí donde los análisis de ciertos pensadores (con respeto lo digo) patinan y se deslizan hacia el océano del sin sentido.

Para explicar mi postura que enfrenta la del Profesor Mires, me voy a refugiar en Descartes. Como todos sabemos, éste planteó su tesis acerca del conocimiento en los términos de que, para concluir si algo es cierto o no, es necesario aferrarse a la duda. “Cogito ergo sum” con lo cual se rechazaba la escolástica. En la duda surge el conocimiento. Luego, de Albert Einstein para quien “La mente es como un paracaídas sòlo funciona si se abre”.

La realidad venezolana está atrapada en una suerte de fatalidad. Las elecciones de este mayo del 2018 no pueden ser vistas como unas elecciones normales. Tenemos un régimen que ha brincado la verja, y los límites de la política se ven derretidos por el autoritarismo bolivariano. Éste, ha mutado su condición de competitivo a uno de tipo autoritarismo hegemónico. No hay espacio para la disidencia electoral. Se han cerrado los espacios. Los partidos están inhabilitados. La vida política exuda obscuridad y temor a la represión. La posibilidad del triunfo de los factores de oposición (minoritarios, es verdad) que hoy compiten es prácticamente nula.

Seguro, se puede invocar el ejemplo de Chile o el de Polonia o Perú. En estas tres experiencias la realidad era muy difícil, pero también hay que decirlo: no contaban con el factor internacional, como hoy lo disfruta Venezuela. Si nos aferramos a esa visión escolástica, para llamarla de alguna manera, de la obligatoriedad de participar en un proceso electoral “amañado” por el régimen, corremos el riesgo de ser su comparsa o su “taparrabos” como lo calificó Felipe González.  Luego, tras la inminente derrota, como factor de oposición, nos encontraríamos frente al dilema: ¿ser consecuentes o no con el discurso acerca de la  salida electoral, institucional, democrática y electoral? Serían seis años más, en el entendido que el gobierno no fortalecería los mecanismos autoritarios para imponerse, hegemónicamente hablando, definitivamente en el poder. Todos sabemos que lo hará. Es su naturaleza.

Venezuela es justamente un escenario donde la polarización es extrema. Eres bueno o malo; feo o bonito; blanco o negro; federalista  o centralista. En eso ella no ha cambiado. Como tampoco ha cambiado su esfuerzo participativo. La abstención es una creación de la anti política, no es un asunto estructural. Vino con los cantos de sirenas de aquellos que desafiaron al sistema y alimentado por factores de notables e intelectuales, huérfanos de referencia política. Hoy, éstos no reconocen que, como hombres del poder, se enamoraron del chafarote del 4 de febrero de 1992. Mientras éste venía  ya con su frase del “Por ahora” y enamoró a Venezuela.

Bueno, a lo que vinimos, creemos no obstante, que la oposición puede ganar sólo si ciertamente ella mantiene una misma postura: no participar hasta tanto no se observen condiciones para realizar un torneo electoral en el que la primera condición sea la de un juego competitivo y no una farsa para legitimar un autoritarismo hegemónico. No pretendo asumir poses heroicas de otros. Por el contrario, pienso que hay que enfrentar al régimen de Maduro, todos juntos y al unísono; sin adelantar jugadas (la lucha por la dignidad) por parte de algunos actores internos de ésta. Dice Mario Puzo, en su libro “El Padrino”: <<el éxito de una familia reside en la lealtad>> Es el compromiso. Siempre he creído en él. Venezuela lo merece y no una participación por participar. El venezolano tiene hambre. Se requieren respuestas y no reacomodo político. Serían seis años más. La miseria nos desborda y será peor.

La realidad de este siglo XXI nos ofrece una suerte de escape de las formas tradicionales de hacer política.  Justamente, lo dice el mismo Profesor Mires: “… los “partidos históricos” –conservadores, liberales y socialistas– ya no son portadores de los ideales e intereses que llegaron a representar a lo largo del siglo XX”. Estamos como estamos frente a un régimen que no juega las cartas del siglo XX, siglo en el cual la experiencia chilena, polaca o peruana tuvo éxito. Este siglo obliga a repensar la política en otros términos. Abandonar la escolástica interpretativa de los textos de la politología y de la sociología política, vale decir, en palabras de Einstein: abrir la mente como un paracaídas y comprender que los escenarios y los actores políticos han cambiado; juegan otro juego. La salida es electoral pero en otras condiciones.