FERNANDO MIRES |ııııııııııııııııı| Diálogo y revocatorio

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Ese liderazgo no puede ser ejercido, en las condiciones que vive Venezuela, en contra de, o sin, la MUD. Sería un suicidio

La corriente más dialoguista de la MUD aduce que en política los diálogos son inevitables y algunos deben ser secretos

En Venezuela los frentes están claramente alineados. A un lado un Gobierno cuya capacidad de sostenimiento reside en la aplicación sistemática de la fuerza.

Al otro, una oposición mayoritaria que tiene a su favor la legalidad, la legitimidad y la mayoría nacional.

No sin cierta habilidad, después de haber negado cualquier tipo de diálogo, el Gobierno levantó, viéndose políticamente acorralado, la posibilidad de un diálogo. Para el efecto se sirvió de los oficios de políticos internacionales afines al ideario chavista: el colombiano Ernesto Samper, el dominicano Leonel Fernández y el español José Luis Rodríguez Zapatero.

Pronto quedó claro que el diálogo ofrecido por Maduro a la MUD no era más que una coartada militarmente planificada. La intención se puede sintetizar en una fórmula: Diálogo en lugar de RR16. La respuesta de la MUD fue atinada: Si hay diálogo será sobre la base de la aceptación del RR16.

En el intertanto que va desde el 1S hasta el 16S tuvieron lugar, sin embargo, encuentros entre representantes del Gobierno y de la oposición. Según algunos dirigentes de la MUD se trataba de conversar en torno a las condiciones sobre las cuales podría tener lugar un diálogo. Correcto o no: gracias a ese sondeo (no diálogo) ya se sabe que el régimen no está dispuesto a ceder ni en un solo punto en su posición anticonstitucional destinada a impedir el RR.

La corriente más dialoguista de la MUD aduce que en política los diálogos son inevitables, algunos deben ser secretos y nadie está en la obligación de dar cuenta de los temas discutidos a la publicidad. Formalmente tiene razón.

En condiciones normales los políticos actúan como delegados haciendo uso del derecho de representación otorgado por sus votantes. Pero ­ese es el punto­ las condiciones políticas durante el régimen de Maduro no son normales. El pueblo opositor, a diferencia de lo que sucede en países democráticos, no se encuentra en estado pasivo esperando los próximos comicios.

El pueblo ha sido convocado, está en las calles. Es un actor, no un espectador. Tiene el derecho a ser informado de los pasos que están dando los partidos en su nombre.

Si el 1S la multitudes salieron a las calles, no fue a favor del diálogo sino del Revocatorio.

Todo diálogo, es la opinión mayoritaria, debe estar al servicio de las luchas por el RR. A la inversa, las luchas por el RR no pueden estar al servicio del diálogo. En ese punto parece haber acuerdo en la MUD.

Cierto es que la MUD no es un partido único sino un conglomerado heterogéneo de partidos con diferentes agendas y en donde ­es lógicono están ausentes las aspiraciones de ciertos políticos de profesión.

La MUD es, antes que nada, una organización coordinadora de partidos, tendencias y posiciones. Por eso mismo su tarea principal no es la de ejercer liderazgo sino mediación.

El liderazgo ­decirlo es elemental- pertenece a los líderes. Ese liderazgo de líderes no puede ser ejercido, en las condiciones que vive Venezuela, en contra de, o sin, la MUD.

Sería un suicidio. Pero en algunos momentos debe avanzar más allá de la MUD.

Ya llegará, sin duda, el momento de los diálogos. El que se vive y se vivirá el resto de 2016, y quizás más allá, es un momento de confrontación. Más aún: la lucha política no termina con el RR16. Con RR16 o sin RR16 continuará hasta cuando el régimen abandone el poder.

En el caso venezolano, la gran mayoría está por el diálogo. Pero a su vez ese diálogo solo adquiere sentido si es que el régimen acata el Revocatorio para el año 2016.

Eso no ocurrirá gracias a la buena voluntad de Maduro. El RR deberá ser conquistado.