Fernando Mires | Llegó el momento de movilizarse para cambiar las cosas en Venezuela

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ALONSO MOLEIRO

@amoleiro

El escritor e intelectual chileno, profundo conocedor de la realidad nacional, considera que están dadas “las condiciones objetivas y las subjetivas” para llevar adelante un proceso político consultivo exitoso, que produzca un cambio definitivo en el actual estado de cosas en el país. Mires coincide en que el riesgo del fracaso existe: “si la gente no actúa claro que no sucederá nada”. Pide, por último, no tomarse a la ligera la importancia de los segundos que corren: “se los dice uno que ha sido radicalmente moderado”.

– Uno de los aspectos más notorios de la situación en Venezuela es la renuencia a salir a la calle manifestarse. Luego de 17 años pesa el agotamiento. – Sí. Hay que hacer el esfuerzo. Lo que pasa es que es el momento. Si los políticos no salen a la calle, no se defienden, los van a acusar de no haber hecho nada. A la gente le están quitando todo. Es un robo masivo. Yo no conozco una situación igual en ninguna parte del mundo. Estoy convencido de que hay que extremar las reservas que los partidos políticos de la MUD, cada uno de ellos, pueda tener en este instante. No es por razones belicistas que expreso esto: es que de verdad no veo otra alternativa.

– ¿Puede suceder eso que ciertos escépticos ontológicos tanto predican? ¿Que las cosas se seguirán deteriorando a una alta velocidad, y no que finalmente, no sucederá nada? – Si no se hace nada, si los partidos políticos no hacen nada, naturalmente que no sucederá nada. Se puede extender. Todo depende de cómo se hagan las cosas. No creo que se trata de decir nada más “a la calle”.
Hay que salir a defender, entre otras cosas, el fuero de la Asamblea Nacional. Debe ser “nuestra” Asamblea, la de la ciudadanía, no algo que le pertenezca a la MUD. Todos los venezolanos pierden con esta situación. Los chavistas también. La defensa de la Asamblea Nacional debe ir enmarcada en la convocatoria a la Elección Revocatoria.
A Maduro le gusta presentar toda la gestión del Revocatorio como un intento de golpe.
Es necesario insistir en la idea de la Elección

– ¿Qué piensa usted que pueda pasar en Venezuela si esas elecciones no son este año? – No me atrevo a decirlo. Hay un abanico de suposiciones, ninguna se materializa. Estoy creyendo mucho en el poder de la contingencia. Siempre suceden cosas, la realidad nunca se queda quieta. Pueden suceder imponderables que desencadenen cosas, nuevos escándalos, revelaciones, hechos.

– Alguna movida brusca de poder. – Exactamente. Hasta eso.

– ¿Cómo explicarse la conducta del chavismo en este momento? Parecen decididos a provocar una crisis aún más grave de la que existe. – Me pongo en el lugar de ellos. Es difícil, pero lo hago. Pienso que, después de todo, lo que han hecho lo han hecho bien. Comprendieron que la Asamblea tiene un mandato poderoso, derivado del hecho electoral, tan importante como el que puede tener el Ejecutivo, y decidieron mover todas las piezas que tienen para neutralizarla. El CNE, el Ejército, el TSJ.
Un búnker hecho para proteger al Gobierno. Han estado tan ocupados en blindarse a sí mismos, en mantenerse en el poder y en pelear con la Oposición, que ya no gobiernan. Puede ser un boomerang en contra de ellos.

– El estado vigente en Venezuela es el de la anomia. El hombre como lobo del hombre. – Hay un desmantelamiento institucional notorio. No hay instituciones en Venezuela; hay masas. Pero en esas masas hay un sentimiento. No debemos minimizar eso, sería un grave error. He podido palparlo personalmente. La gente tiene un diagnóstico, sabe por qué suceden las cosas, sabe que la están robando, que otros se benefician. Hay conciencia.

-¿Cual será el papel de Capriles Radonski en este trance? – Se la ha jugado por el Revocatorio desde el comienzo, como la medida más radical, porque implica participación popular. Está lanzado adelante. Vamos a ver si puede movilizar.

– Las posibilidades de fracaso en todo este intento son objetivas – Es una apuesta. Pero toda alternativa política lo es. En todo se puede perder. Esto no sería una “segunda salida”. Es otra cosa. Se parte del principio de que somos mayoría clara. Hubo un momento para acumular fuerzas en la Oposición; ya no, yo pienso que las fuerzas ya están acumuladas. Hay que apostar por la movilización.

¿No descarta usted que se produzcan, entonces, movilizaciones nacionales en el corto plazo? – Pienso que se van a producir muchas en el cortísimo plazo. De acuerdo a lo que palpo, a lo que he conversado, es una realidad a punto de desarrollarse. No soy de los que piensa que no va a pasar nada. Al contrario. Pasarán muchas cosas, y serán las más duras en toda la historia que comprende el chavismo.

– ¿Por qué habrá perdido el chavismo, Maduro en particular, tantas ocasiones para rectificar? – Aquí hay un conflicto asimétrico. El Gobierno no piensa políticamente, piensa militarmente. Está obligado a hacerlo ya. Agotaron sus reservas políticas. Se están aislando, incluso, internacionalmente. Como dirían los marxistas-leninistas, las condiciones objetivas para un cambio democrático están dadas. Y, de acuerdo a lo que escucho en las calles en esta visita, las subjetivas también. Me cuentan que el interior esté peor.

– ¿Qué hay de una respuesta militar? ¿De una situación de facto, de la violencia? – Esas son posibilidades. La otra es un golpe bonapartista: que un gobierno militar ejerza el control del país y el arbitraje a una eventual transición. Es una entre 100 posibilidades. Pero me llama la atención que haya sido descartada cuando es una de las que puede materializarse. El ejército purga sus tensiones y se erige como factor de orden, como árbitro. Con ello las Fuerzas Armadas obtendrían un respaldo popular muy superior al que tiene Maduro, que incluya incluso a sectores de la Oposición. 

– Es probable que en las instancias administrativas de los poderes públicos que domina el chavismo ­TSJ, CNE, Fiscalía, Defensoríahaya mucha gente haciéndose preguntas, pensando en silencio en el fin de esta pesadilla – Ayer me decían que el poder en este momento, las decisiones, descansan en cinco personas: Maduro y su esposa Cilia; Diosdado Cabello; Jaua; Jorge Rodríguez y la hermana. Rodilla en tierra, defienden los últimos restos, se instalan en las últimas barricadas y lo hacen, de acuerdo a la visión que tienen de sí mismos, con honor y gloria. Si eso significa que es necesario asesinar a todo un pueblo, pues pueden tenerlo computado.

– ¿Puede aguardar la población la esperanza de que el desenlace de esta crisis sea incruento? ¿O no del todo cruento? – Eso dependerá de cómo se desenvuelvan algunas cosas. Hay algunos factores imprevisibles. Uno de ellos es cómo se va a comportar el Ejército, si está dispuesto a jugar ese papel de cordón sanitario. Que se organice una ronda ancha en torno al equipo de gobierno, pero no angosta, como es ahora, sino amplia, y se le obligue a Maduro a corregir el rumbo económico, a tomar decisiones sensatas, que se gobierne para todo el país y que se le conceda a la Asamblea Nacional algo de autonomía.

Screen Shot 2016-04-29 at 2.15.35 PM Screen Shot 2016-04-29 at 2.15.55 PM– ¿Qué piensa que puede suceder si la consulta termina ejecutándose en 2017? ¿El Gobierno colocará a su Vicepresidente, como si nada hubiera pasado, sea Aristóbulo Istúriz o cualquier otro, o el resultado electoral genera una nueva realidad, no tan literal, y termina forzada una negociación con la transición? – Ahí yo creo que se abriría un abanico de posibilidades. Ellos se echarían la culpa unos a otros de la derrota, entre otras. No olvidemos algo: los chavistas conservan todavía cierto apoyo popular. Cuidado con eso. No sería una guerra civil, pero sí un choque de trenes no deseable.

– Lo que sucede en Argentina y Brasil puede inclinar las cosas a favor de la Oposición muy pronto. Y con fuerza. El rostro de espacios como Mercosur, e incluso Unasur, podrían cambiar con Maduro. – Definitivamente. Podría incluir a los uruguayos también.

– ¿Considera usted decisivo, y además viable, que se pueda invocar la Carta Democrática de la OEA? – Es bueno que exista, pero no es determinante. Estamos en el momento de la “guerra” de movimientos, no de posiciones. Imagino un escenario en el cual haya manifestaciones en todo el país, que pueda canalizarse, pacíficamente. He conversado largo, largo, con la dirigencia venezolana. Hay claridad en los objetivos. Claro, hay mucha indignación, como la que tiene la gente en las calles, a veces hay que pararlos, conversarles. Es normal. Lo importante acá es no abandonar ni un segundo la ruta electoral.

– ¿Siente usted que vale la pena enarbolarle responsablemente a los venezolanos la bandera de la esperanza? Mucha gente piensa que acá no queda nada que hacer ya. – Bueno, claro, si no pasa nada la esperanza se va a perder. La anomia, no ya social, sino política: eso sí que es grave. El “que se vayan todos”, los escenarios de Grecia o Argentina. Lo importante es que hay que saber reconocer el momento. El juego sigue abierto. “La Salida” no estaba en su momento; las condiciones no estaban dadas. Ahora sí, sin ninguna duda. Llego el momento . Las condiciones para el cambio han madurado. Se lo estoy diciendo yo, que he sido radicalmente moderado. Si no es ahora, no es nunca.

proxy– Por último. ¿Qué le hace estar tan pendiente de Venezuela? Un intelectual tan fecundo podría tener, también, otros frentes, otros intereses. Usted se ha aproximado a lo que nos pasa, cosa que acá todos le agradecen, con la pasión de un venezolano. – He venido mucho; tengo una enorme cantidad de amistades y relaciones en Venezuela. Son ligamentos que se tejen; correspondencias, cartas. Se lo atribuiría a la poderosa importancia de las relaciones privadas en lo político. Por eso no las quiero aludir por completo. Son privadas. Hay un segundo motivo: siento que estoy cumpliendo con Venezuela aquello que dejé abierto en Chile, en mi juventud. De joven era de extrema izquierda, estaba metido en una lucha feroz en la Unidad Popular, y el golpe de Pinochet se lo llevó todo.