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FERNANDO MIRES | Nueva distopía cubana
Viernes 14 de Agosto de 2015  |  TalCual

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Será la creación de una economía capitalista que no ponga en juego el sistema político de dominación 

A mayores libertades económicas más grandes serán las posibilidades para la ampliación del espacio político-democrático

A partir de la decisión norteamericana de levantar el embargo deberán tener lugar cambios radicales en el formato económico de Cuba. Cambios que van más allá de las relaciones entre EE UU y Cuba.

Pues aquello que ya comienza a configurarse es el fin de un proyecto histórico estatista, vale decir, la renuncia implícita del régimen a controlar a todo el aparato económico.

No obstante, el fin del totalitarismo económico no llevará al fin del totalitarismo militarpolítico entre otras cosas porque el concepto de totalitarismo tiene una connotación política y no económica.

De ahí que ya es posible observar dos posibilidades.

La primera, sustentada por círculos políticos optimistas, supone que a mayores libertades económicas más grandes serán las posibilidades para la ampliación del espacio políticodemocrático.

La segunda, y es la que asume el gobierno cubano, será la creación de una economía capitalista que no ponga en juego el sistema político de dominación.

Aparentemente la clase dominante cubana (Ejército + Partido) intenta adoptar la esencia del sistema que rige en China.

No obstante, aparte de las diferencias entre un país gigante y otro pequeño, hay una condición que impide a Cuba asimilar “el modelo chino”, seguido por la mayoría de las economías sud-asiáticas.. Esa condición es la no existencia de un sector social al que los chinos llaman “burguesía nacional”.

Si uno revisa la historia de China Comunista, observará una constante que aún en los momentos más radicales no sufrió alteración. Esa constante es la alianza del proletariado (PartidoEstado) con la burguesía nacional (“o patriótica”).

A lo largo de su historia, el Estado chino se esforzó en favorecer no solo la existencia sino, además, el desarrollo de un empresariado ligado al Estado. Ese es uno de los secretos de “el milagro económico chino”. Lo contrario ocurrió en Cuba.

Fidel Castro, al haber adoptado el modelo económico estalinista, destruyó al incipiente empresariado nacional sustituyéndolo por una burocracia política altamente ineficiente.

Ese es uno de los secretos de la debacle económica de Cuba, heredada por Raúl.

Esa diferencia entre Cuba y China es la que impulsa al raulismo a llenar el espacio económico que se abrirá después del levantamiento del embargo, con el capital extranjero.

Una larga cola de empresarios europeos, norteamericanos, incluso latinoamericanos, espera que se abran las puertas para convertir a Cuba en el paraíso del capitalismo mundial: un capitalismo sin política, sin derechos humanos, sin huelgas.

Así ­ese es el proyecto de Raúl- será edificado un capitalismo que funciona bajo concesiones del Estado a los empresarios extranjeros.

Condición para el funcionamiento de un “capitalismo concesionario” será ­de acuerdo a la nueva distopía- la división de la sociedad en dos segmentos. A un lado, una sociedad económica donde serán garantizadas todas las libertades que tengan que ver con el consumo y el derroche.

Al otro, una sociedad militar-política que se reserva para sí áreas como la educación y la cultura (control sobre las mentes) medicina (control sobre los cuerpos) más todo el aparato represivo y policial.

La nueva distopía que amenaza a Cuba es una alianza histórica entre lo peor del capitalismo y lo peor del comunismo.

El ideal del “hombre nuevo” podría llegar a ser el del “homo economicus” al servicio de una clase de Estado.

La democracia en Cuba no depende de un cambio económico.

La democracia solo puede ser posible si alguna vez tiene lugar la unidad política de los demócratas, dentro y fuera de Cuba.