FERNANDO MIRES | Occidente está en guerra

Screen Shot 2015-09-14 at 9.28.46 AMViernes 11 de Septiembre de 2015

 

La solidaridad manifestada en diversos países con los refugiados que huyen de la guerra desatada por los ejércitos del Estado Islámico (ISIS) ha puesto el acento en los aspectos humanitarios del problema. Actitud positiva sin dudas, pero que no podrá ser mantenida durante mucho tiempo. La enorme cantidad de personas que solicitan refugio representa, se quiera o no, un problema que sobre-exigirá a la administración pública y se hará presente en el mercado de trabajo, en la escasez de viviendas y en la educación básica.

La integración de grandes contingentes humanos no puede ser llevada a cabo en semanas. Requiere de decenios; a veces de toda una generación.

La reacción de los movimientos racistas europeos no se ha hecho esperar. Hordas enardecidas incendian lugares de residencia de refugiados contando a veces con la tolerancia, si no complicidad, de la policía.

Razones suficientes para oponer frente a las agrupaciones xenófobas un decidido discurso político. Los partidos establecidos no pueden seguir refiriéndose a los refugiados como a gente venida de la nada. Cada vez es más necesario decir la verdad: los sirios huyen de una guerra total declarada por ISIS a todo Occidente y por supuesto a Europa.

Ellos son víctimas de nuestros enemigos Hay que aclarar: usamos el término occidental no en sentido geográfico sino político.

En esa perspectiva Occidente no es un lugar. Es una realidad política que atraviesa a todos los continentes.

Occidente, para decirlo en breve, surgió de la contradicción entre el orden teocrático y el orden político europeo. Fue anunciado por primera vez en Grecia, después codificado en Roma, apareció de modo cultural durante el Renacimiento, avanzó a través de las ideas de la Ilustración, ya había anunciado su posibilidad de ser realidad a partir de la Carta Magna inglesa, realidad confirmada por las dos revoluciones madres de la política occidental: la norteamericana y la francesa.

Hoy el Occidente político es hegemónico en el mundo. Y lo es hasta el punto de que ordenes teocráticos como el de Irán aceptan la existencia de algunos partidos políticos y celebran elecciones periódicas.

Y bien, a ese avance del Occidente político ha declarado la guerra ISIS.

ISIS es un movimiento nacido en el Oriente Medio pero continúa el proyecto totalitario nacido en Europa. En ese sentido la existencia de ISIS no tiene nada que ver con una guerra de civilizaciones (Huntington).

Su objetivo no es civilizatorio. Su utopía es la destrucción de todas las formas de estado no religiosas. Su ideal es la sustitución del Estado por un califato en donde la ley religiosa y la política sean una sola. Por lo mismo los enemigos de ISIS no son solo democracias, también lo son dictaduras como las de al-Asad en Siria las que pese a su crueldad no reconocen la potestad religiosa sobre el estado civil.

Los que vienen de Siria, basta verlos en las calles, son en su mayoría habitantes de las grandes ciudades. Puede que en sentido estricto no sean democráticos pero por sus gustos y preferencias no podrían soportar jamás el modo totalitario de vida que imponen los califas del ISIS.

Todas estas razones indican que la solidaridad con los emigrantes no solo debe ser caritativa. Debe ser, antes que nada, política.

Como dijo el Presidente de Alemania Joachim Gauck, hay una Europa luminosa y otra oscura. A esta última pertenecen los neo-fascitas europeos. Ellos están objetivamente más cerca del ISIS que de sus propios con-ciudadanos.