Fernando Mires | Venezuela va hacia una confrontación por diferencias para superar la crisis

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Una larga cola para comprar productos básicos en un supermercado capta la atención del politólogo y sociólogo Fernando Mires, uno de los invitados especiales del Festival de la Lectura Chacao 2016 minutos antes del encuentro organizado en la biblioteca Los Palos Grandes en Caracas. Comenta medio en broma, medio en serio sobre lo que ahora es la marca distintiva del país. “Mientras en Egipto te muestran las pirámides, en Venezuela te llevan a ver las filas por comida. Son reflejo de la escasez, mala distribución, baja producción o todo junto a la vez”.

Mires comenta que las colas en Venezuela en abril de 2016 le recuerdan los últimos años de Salvador Allende en Chile, su tierra natal, donde tuvo que hacer fila para comprar combustible. “Lo peor era cargar los bidones llenos hasta la casa, en pleno invierno. Por esas cosas no quiero nada con el socialismo”. Sin embargo, descarta las comparaciones entre Chile y Venezuela. En realidad, considera que no se pueden igualar las realidades en América Latina.

El politólogo residenciado en Alemania tenía dos años sin venir a Venezuela y ciertamente la ve cambiada. Pese a que ha sido la más corta de todas las visitas realizadas a un país por el que tiene especial interés político, siente que ha sido la más productiva por el intenso intercambio de visiones dentro de la política venezolana, sobre todo de la oposición. “Esta vez no fue posible con el chavismo, a diferencia del encuentro anterior en el que Juan Carlos Monedero (partido Podemos de España y asesor del gobierno de Hugo Chávez) se molestó cuando le pregunté cómo pensaban instaurar el socialismo en Venezuela con 40% de la población en contra (en ese momento esa era la proporción de la oposición venezolana).

La tensión económica y política llevará a Venezuela a una confrontación de una u otra manera, analiza Mires. “No se va hacia nada bueno, no solo por la crisis sino por la distintas posiciones que existen con respecto a cómo superarla. No hay claves de entendimiento entre los distintos actores. El gobierno hizo lo que tenía que hacer desde el punto de vista vocacional: construyó un búnker de poder inexpugnable para evitar que la oposición acceda a gobernar”.

Cualquiera podría ser la salida a esta situación en el país, donde la historia no siempre es lógica considera Mires. “No será buena hasta que no haya algún tipo de entendimiento; no estoy convencido de que se produzca de forma reflexiva. No lo deduzco únicamente por Venezuela sino la experiencia de muchos otros países. Al diálogo sólo se llega después del conflicto, que podría prolongarse si los actores principales se comportan de modo pasivo. Pero esto entraría en contradicción con su condición: al ser actores políticos, necesariamente tienen que actuar”.

Si los actores se agotan en el conflicto, se produciría una anomia ya no social sino política, entendida como desarticulación o desintegración, evalúa Mires. La política obliga a que los actores se organicen políticamente.

Salida o no salida

Mires no está convencido de que la salida de Nicolás Maduro de la presidencia sea la única solución a la crisis en Venezuela, como no es necesariamente la de Dilma Roussef en Brasil. “Pueden ser salidas constitucionales, pero no son buenas si no cuentan con la participación democrática, popular e institucional. Lo mejor que puede ocurrir es que fueran en términos electorales, lo que le daría oportunidad de un regreso. Veamos el caso de Fujimori en Perú”.

El politólogo prefiere no hablar de un proceso único en América Latina sobre la salida de los gobiernos de izquierda. “No estoy convencido de la caída del populismo en la región como sostienen algunos analistas. Puede tratarse de retrocesos parciales, donde la gente toma distancia de la ineficiencia de determinados gobiernos, como sucedió en Argentina”. Para el pensador, no se puede trasladar automáticamente el caso argentino o boliviano al venezolano.

Sobre la oposición venezolana, Mires observa que ha ganado legitimidad en su conjunto. “El problema es que para tomar decisiones debe pactar con 4 o 5 partidos importantes, cada uno con líneas políticas definidas, a diferencia del partido de gobierno que, cual régimen monopartidista, decide sin consultar demasiado. La oposición, recuerda, es pluripartidista: entra en conflicto la asimetría. No quisiera estar en el pellejo de Jesús “Chuo” Torrealba”.

“La última decisión de la oposición, por ejemplo, fue aprobar cuatro opciones para salir de Maduro, lo cual me pareció una locura política. Aplicado a la ley de tránsito, no puedes circular por 4 vías a la vez”, observa Mires.

¿Democracia en Venezuela?

Mires se considera enemigo de las definiciones exactas. Por ello, en vez de afirmar que en Venezuela hay dictadura, prefiere decir que existen algunos espacios democráticos y otros que no, lo que produce una tensa coexistencia. “Comparar la situación de Venezuela con la dictadura de Pinochet es una aberración. En Chile era imposible hablar en público, en las dictaduras no hay lugar para la disertación: allí no existe oposición sino disidencia. Sin embargo,  el gobierno en Venezuela tiene comportamiento dictatorial: tener presos políticos, por ejemplo. Y no quiere reconocer espacios conquistados por la oposición, como gobernaciones y la Asamblea Nacional”.

¿Cuándo una dictadura deja de serlo? Mires responde que muchas han dejado de serlo sin abandonar el poder, como es caso de Cuba “donde la gente ya no le hace caso al discurso repetitivo del gobierno, la sociedad se articula por su cuenta. Son procesos que se pueden tomar mucho tiempo. En el mundo casi no existen dictaduras en estado puro, así como no existen democracias en estado puro”.

Sobre la posibilidad de golpe de estado en Venezuela, como lo asomó el Ministro para la Defensa Vladimir Padrino López, Mires es tajante: “para que haya golpe de Estado se necesitan golpistas. Para que haya golpistas necesitan uniformados. Un golpe es militar o no lo es. O la oposición está en contubernio con el ejército o hay una parte del ejército que quiere dar un golpe de Estado. Si  habla en esos términos, lanza un mensaje equivocado: muestra más debilidad que de fuerza”.