FRANCISCO SUNIAGA: El pensamiento conservador resulta sensato para este país @rgiustia

ROBERTO GIUSTI |  EL UNIVERSAL lunes 25 de agosto de 2014

Los procesos políticos llegan a un punto a partir del cual se genera una dinámica imparable

Margariteño de nacimiento  podría afirmarse que Francisco Suniaga quizás sea el escritor que mejor se conecta con el “ser ” venezolano. Esa cualidad le ha permitido definir el arquetipo de un cierto tipo de tachirense, de   principios del siglo XX, que llega a Caracas, así como el elusivo e indefinible carácter de lo que llama el “patriciado caraqueño”. Dos mundos distantes  y contradictorios que se entremezclan cuando lo andinos asaltan el poder. Y esa, que puede ser una característica secundaria de su libro, “El Pasajero de Truman”, entronca con el núcleo de una historia real, la de un gomecista ilustrado y extranjerizante, que emerge como la encarnación de una fórmula para intentar una transición a la democracia.

-En El Pasajero de Truman Diógenes Escalante dice que venezolanos hemos sufrido una trágica disyuntiva: o el orden impuesto por una dictadura para vivir en paz o el caos y la anarquía. ¿En cuál de esos dos escenarios  nos ubicamos hoy?
-Eso era verdad cuando Escalante lo dijo (1945) y la democracia era un sueño. La experiencia posterior demostró como Venezuela puede vivir con instituciones y bajo el imperio del derecho. Pero este régimen  posee unas particularidades que lo distancian, tanto de una dictadura clásica latinoamericana, como de un gobierno democrático. Tenemos un autoritarismo extraordinario, selectivo en algunos casos, pero capaz de determinar, por ejemplo, lo que la gente puede comprar o no en un automercado.

-Autoritario pero elegido democráticamente.
-Electo democráticamente haciendo uso abusivo del poder, manejando de manera opaca el sistema electoral y recurriendo al más gigantesco aparato clientelar nunca antes visto en el país. Eso le dio la  posibilidad de ser ratificado en elecciones, pero sin la legitimidad  de un gobierno democrático.

-Autoritario porque  Chávez lo concibió así. Pero, ¿se puede  hablar de autoritarismo con el actual presidente?
-Chávez era un autócrata y el rasgo distintivo de la autocracia es la intolerancia. Para este gobierno no pueden existir sindicatos libres, ni alcaldías y gobernaciones regidas por organizaciones distintas a la suya. Mucho menos (y lo dicen sus voceros expresamente) la  alternabilidad en el ejercicio democrático del poder.

-En El Pasajero de Truman se plantea que el intento frustrado, con Escalante, de ir a una transición  para darle paso a la democracia,  tuvo efectos catastróficos. Entre otros el surgimiento de una dictadura que retrasó en 15 años la concreción de ese objetivo. Vista esa experiencia, ¿tiene sentido buscar ahora otro Escalante?
-Una cosa es lo que yo pienso y otra la que aparece en boca de los personajes. Pero para mí está claro que Escalante era inviable por ser producto de un consenso que no le iba a dar suficiente fortaleza para iniciar la transición. Ni siquiera una que fuera progresiva y pausada. Un gobierno como el que se planteaba carecía de fuerza política y el riesgo mayor era que alguien gobernara por detrás de Escalante. Eso quedó demostrado con el gobierno de (Rómulo) Gallegos, derrocado luego de llegar a la presidencia con 75% de los votos, luego de una Asamblea Constituyente, siendo los partidos los grandes protagonistas y viviendo los sindicatos su mejor momento.

-Aparecen los militares.
-La participación de los militares en la política ha sido una constante hasta hoy. Pero ese es un hecho que puede ser corregido políticamente. El 18 de octubre (1945) comienza una transición hacia la democracia que ha sido larga. Tuvimos el Trienio, del 45 al 48 y luego el período que va del 58 al 98. Ahora hay un proceso que, si bien mantuvo cierto juego político, se fue alejando de  las pautas de una sociedad democrática.

-En ese contexto, ¿cuál crees que debe ser el papel de los intelectuales?
-Producir ideas, arte, cultura y compartirlos con la sociedad. Eso no quiere decir que nos alejemos del proceso político. El premio Nobel de Literatura Wole  Soyinka lo ejemplifica al preguntarse, ante hechos como el asesinato de estudiantes, ¿qué hacer?, ¿acaso escribir un poema? Debemos ir más allá, evidenciar y denunciar. La realidad dicta la pauta.

-Se establece allí un compromiso con la realidad.
-(Pablo) Picasso creó el “Guernica” producto de la Guerra Civil española y ahí se puso de manifiesto aquel drama, recogido de una manera mucho más nítida que cantidades de ensayos dedicados al tema. No puedes permanecer ciego y sordo ante una realidad, que en nuestro caso, es demoledora.

-¿No sientes necesidad de  reflejar esa realidad?
-Ya escribí una novela “Esta Gente”) que cumple ese cometido. “La Otra Isla”, si bien no va directamente a situaciones de ese tipo, sí plantea los rasgos de nuestro carácter como sociedad y en “El Pasajero de Truman” se evidencia las pautas políticas que han sido recurrentes ante la repetición de  las mismas situaciones. Hay variables siempre presentes en nuestra forma de entender y de practicar la política y allí queda  plasmado la gran interrogante: si  esas variables no funcionaron en el pasado, ni funcionan en el presente, ¿por qué habrían de funcionar en el futuro?

-¿No refleja eso que 40 años de democracia representativa fueron estériles ante una sociedad y dirigencia que no superaron su concepción sobre las relaciones de poder y reprodujeron, luego de ese paréntesis, las misma pautas que marcaron su desenvolvimiento en el pasado?
-Yo no diría que fueron estériles sino insuficientes para generar una cultura democrática capaz de reaccionar ante la gran conspiración, generada en los años  80 y 90, que dio al traste con el sistema democrático.

-Una característica del Pasajero de Truman es como, a través de tu pluma, habla un Escalante que viene del gomecismo y representa una tendencia conservadora. Pero resulta tan convincente a la hora de expresar  sus ideas que uno termina confundiéndose y ya no sabe si es Suniaga quien habla a través del personaje o si eres tan hábil que te puedes desmarcar de aquello que relatas con tanta convicción.
-La diversidad política es producto del hecho incontestable de que la verdad es compartida. Que milites en la  izquierda o de derecha no significa que seas el poseedor único de la verdad sino que, como decía Platón, participas de ella. Ahora, el pensamiento conservador, en un país con una tendencia al desmadre como el nuestro, resulta atractivo y sensato. Tiene un peso indudable y quizás nos ha faltado eso. Ahora, por mi extracción y formación no soy conservador. Y si tuviera que definirme políticamente diría que soy socialdemócrata.

-Es decir, adeco.
-Adeco en un momento determinado, ahora socialdemócrata independiente.

-¿Qué salida avizoras? A menos que consideres que no hace falta ninguna porque todo marcha bien.
-Por principio soy optimista. Creo que el pueblo venezolano ha dado pruebas reiteradas de su vocación democrática. Por eso esta crisis la vamos a resolver, con todo y su gravedad, por la vía democrática y electoral. Creo que retomaremos el camino iniciado el 18 de octubre  del 45  y que viviremos momentos de gran esplendor.

-La pregunta es de qué manera porque con Escalante había un diseño que, al menos en apariencia, apoyaban  todos los sectores.  Hoy eso parece imposible porque el país esta polarizado.
-La salida intentada con Escalante se instrumentó en junio de 1945, él llegó a Venezuela el 7 agosto,  el episodio del  Hotel Ávila (cuando se verifica que perdió la razón) ocurre el 3 de septiembre y el 18 de octubre es el golpe. Con esto digo que los procesos políticos llegan a un punto a partir del cual se genera una dinámica imparable y en nuestro pueblo hay un aspiración muy grande, de unidad y democracia.