Francisco Suniaga @FSuniaga | “Hemos de resurgir”

Screen Shot 2016-09-27 at 2.23.14 PM26 de septiembre, 2016

 

Recibí una carta del Archivo Fotografía Urbana que me conmovió y me hizo sentir orgulloso de ser venezolano. La firman el doctor Humberto García Arocha y su esposa, la doctora Olga Larralde de García Arocha.

El doctor Humberto García Arocha (Caracas, 1912-1995) fue educador y médico de gran brillo, con un sentido profundamente universitario de la profesión y de la vida. Fue titular del Ministerio de Educación de la Junta Revolucionaria de Gobierno de 1945 y autor del polémico Decreto 321, que introducía la noción del Estado Docente, cuya aplicación condujo a su renuncia.

La doctora Olga Larralde de García Arocha (San José de Río Chico, 1914 – Caracas, 2005), por su parte, fue una eminente educadora (promotora de la asignatura Puericultura en el pensum de la educación básica), que entregó su vida a esa actividad. Dejó marcada su huella en el Liceo Andrés Bello, en el recordado Instituto Pedagógico de Caracas y en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela. Formó parte del grupo de mujeres que a partir de 1936 comenzaron a promover y militaron en la causa de los derechos de las mujeres.

Como su esposo, fue una defensora a ultranza de la universidad. A su muerte, Alexis Márquez Rodríguez escribió: “Fue, además, una venezolana excepcional, indoblegable luchadora por la autonomía universitaria y los principios y el sistema democráticos”. En 1951, ambos debieron salir al exilio con los cinco hijos que para entonces habían procreado. Se instalaron en Montreal y desde allí, el 29 de diciembre de 1951, escribieron esta carta cuya lectura, en el momento trágico que ahora vivimos, es, al tiempo que un bálsamo, una invitación a luchar por la democracia y la libertad.

Creo que en ella está la respuesta a muchas dudas sobre si continuar o no la ruta escogida para derrotar a este régimen. Tras su lectura, siento mayor compromiso con los partidos políticos venezolanos que de manera unitaria, y en gran desventaja, pelean por generar el escenario en el que la restauración democrática y el comienzo de nuestro renacer sea posible. “Hemos de resurgir”, como lo gritaron desde la opresión de su destierro el matrimonio García Arocha-Larralde.

Aprovecho esta nota para saludar a la doctora Cecilia García Arocha, sobrina del coautor y heredera (también por vía de sus padres) de la más noble actitud universitaria. Ella –igual que las demás autoridades de la UCV y los rectores de otras instituciones– también ha tenido que empinarse y luchar de manera valiente por la universidad autónoma y democrática.

A continuación, compartimos para los lectores de Prodavinci imágenes de la carta y, seguidamente, su transcripción:

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A los compañeros de la Caja de Ahorros
del Instituto de Medicina Experimental
Ciudad Universitaria.- Caracas

Queridos compañeros:

No queremos exagerar, ni tan siquiera ponderar la serie de contratiempos y angustias que han golpeado nuestros ánimos. Miles de otros venezolanos han padecido y padecen todavía más hondos sufrimientos. El dolor de los demás nos sobrecoge de respeto y nos obliga a sobrellevar nuestra carga con más renovarnos, seguir luchando, superarnos, es por ahora nuestra ambición y nuestra consigna. Aquí seguiremos en la Universidad.  Trabajaremos, estudiaremos;  es esta la cosecha inmediata de tanta siembra de dolor que se ha arrojado sobre nosotros; porque, en medio de toda la maldad y por encima de ella, aun mantenemos nuestra fe en la Vida, en su bondad, en su belleza y en su inagotable capacidad para la justicia y el progreso.

De ustedes, queridos compañeros, nos sigue llegando el cálido aliento que mantiene inquebrantable nuestra fe. En los momentos difíciles no nos han faltado las vigorosas manos de los amigos que se nos han dado llenas, lealmente, generosamente.- Ello, a más de nuestra gratitud, empeña también nuestra actitud frente a la vida.- Hay, más allá del charco donde remueven el cieno sapos y salamandras, centenares de voluntades abiertas para el gesto compañero, trenzando también angustias en la sincera comprensión del dolor hermano. Esto nos ha reconfortado en una magnitud superior a todo quebranto y nos ha bañado con tibia luz de ternura nuestros días pascuales. Aparte de que, en lo material, los mil dólares enviados nos han permitido alegrar con regalos la noche navideña de nuestros hijos y satisfacer urgencias de instalación en este nuevo hogar que ahora estamos reconstruyendo.

El exilio nada tiene de romántico. El vivir en el extranjero es mucha incomodidad. El satisfacer necesidades y gustos. El mantener hábitos ya adquiridos es algo que linda con lo imposible dentro de la estrechez actual que confrontamos y teniendo que hacerle frente al cuidado de cinco hijos

Pero no lo afirmamos a manera de queja. Sabremos conformarnos aun cuando nunca nos resignemos. La resignación lleva aparejada la renuncia a toda lucha. Y frente a la injusticia y la barbarie no nos creemos con el derecho de apartarnos de la tierra, estaremos con la misma inquietud por afrontar nuestra responsabilidad universitaria y nos sentiremos al lado de ustedes, a cada instante, en cuantos trances fuera menester, compañeramente, solidariamente. Solo confiamos en el triunfo inexorable de los principios defendidos con rectitud, con abnegación, con firmeza, y esa ha sido la pauta y el cauce de la lucha de todos ustedes en la defensa de la Universidad contra la agresión. La universidad es ante todo, la idea, el pensamiento, el sentimiento de respeto hacia la libertad y la condición humana. El sentirla así nos obliga a la lucha. Por encima de toda política, más allá de los intereses circunstanciales de grupos o partidos.  Por respeto a nosotros mismo, por lo que aspiramos a significar, en el progreso científico, docente y humano de nuestra propia tierra, por el deseo de ver sobrevivir nuestros ideales;  por todo ello nuestra responsabilidad está emplazada.  Aun cuando nos cueste tribulación y horas angostas.  Ha sido del análisis detenido de cuanto ustedes han dado en la medida de esa actitud ya señalada que resurge para nosotros a cada momento, un renovado estímulo; una obligación para corresponder plenamente a lo que ha sido esfuerzo desinterés y altura en la conducta de todos ustedes.

No queremos demorar con más palabras lo que ya es urgencia del sentimiento. El satisfacer esta impaciencia, la de expresarles las gracias ¡muchas gracias! es algo que no podemos hacer sin que se nos nublen los ojos.  No queremos pecar de cursis;  la frase suena a trajinados giros por los que transita el fingimiento humano. Sinceramente, en franca confesión de amigos, ni nos avergüenza, ni nos sonrojan las lágrimas de quieta ternura con que a ustedes les decimos ¡Gracias compañeros! ¡Un millón de gracias!

Ya en el umbral de un nuevo año unimos nuestras voces a las de ustedes para entonar, a manera de brindis, la estrofa del himno que tan hermosamente canta nuestro orfeón universitario:

La pródiga luz presentida
Infunde firmeza y valor
Marchemos en pos de la vida
Forjemos la paz y el amor…

Desde el destierro, que para nosotros ahora comienza, queremos, junto a nuestro cariño, hacerles también la entrega de nuestra firme, clara e inagotable fe.
(Fdos) Olga Larralde de García Arocha.- H. García Arocha.-

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