Gregorio Salazar @goyosalazar | El libro de Ramos Allup

Screen Shot 2016-01-25 at 08.13.02Iba Ramos Allup por el minuto veintiuno de su célebre faena en el redondel de la AN, ya le había entrado sin contemplaciones a los diecisiete años sin diálogo, los retratos despachados al aseo, las fuerzas armadas sin apellido, el retintín (no el Rin Tin Tin, al decir de algunos medios como si de perro de serie televisiva se tratara) de los 43 muertos achacados todos a la oposición y otros atrevidos lances, cuando pasó a dedicarle la siguiente suerte a los infortunados avatares de la economía.


De vez en cuando se agitaban hacia la presidencia las exclamaciones del alborotado tendido de la izquierda, pero qué va, una cosa es estar en rol de público, espectador, barra o mirón por mucho diputado que se sea, y otra estar plantado en medio de la arena redondeando una faena que, a juzgar por el aplauso y el tronío, para ese momento ya iba ameritando rabo, orejas y patas.

La moneda, presidente, la moneda. John Locke.., dijo el orador y agregó como para que en la bancada roja quedara claro que no se trataba de un pelotero importado, un liberal clásico, y entonces introdujo esta disgresión: Por supuesto, usted sabe bien que yo no soy liberal ni neoliberal, y tengo obra escrita.

A pesar de que al personaje no se le conoce entre sus defectos la fanfarronería, se pegó en el retintín: Obra escrita, tengo obra escrita sobre eso, obra escrita y ustedes los saben. Obras de consulta académica por profesores de extrema izquierda, para que lo sepan. Después dio la definición de moneda por Locke, que llamó perfecta: Una cosa durable que los hombres deben mantener sin arruinarla, perspectiva desde la cual lo hecho aquí con el bolívar es el colmo de las imperfecciones.

No he visto en los días sucesivos ninguna referencia a la obra con la autoría de Ramos Allup. En ese particular, la prensa se ha mostrado tan indiferente como la bancada roja.

Una falta de curiosidad imperdonable respecto del personaje hoy más solicitado para los selfies en cuanto mercado o automercado aparece y que algo más tendrá que agregar sobre economía en el futuro inmediato y sobre todo en medio de estas circunstancias.

Como en una incursión por los puestos de libros de segunda mano bajo el puente de la Fuerzas Armadas pesqué un ejemplar escondido entre textos de autoayuda, folletos de sopas de letras y viejos almanaques mundiales, (comprado además a precio de gallina flaca a lo mejor no por devaluado, sino porque en este país nadie le para metra a la economía hasta que nos ahoga), lo desempolvé esa misma histórica noche en que un adeco dejó en la arena y para el arrastre la consigna ¡No volverán! Reflexiones sobre el Liberalismo, (Editorial Nueva Visión, 2007), se llama el librito de Ramos Allup, de apenas 528 páginas, sí, de las cuales 10, válgame Dios, son de bibliografía (sólo dos autores venezolanos), en la que arranca revisando los orígenes y evolución del liberalismo en Grecia y Roma y viene aterrizar milenios después en el proceso de globalización.

Allí queda muy claro con quien simpatiza y con quien no su pensamiento económico y sobre todo su opinión sobre el FMI, al que fustiga porque ha cometido errores sistemática y voluntariamente contra los países en desarrollo en todas las áreas en que ha incursionado y al que acusa porque sus posiciones no son constantes sino a menudo cambiantes, caprichosas y muy políticas: a circunstancias iguales dan tratos desiguales.

No fue, es sabido, un simpatizante del paquete perecista.

Ahora que muchos sostienen que no será posible salir de esta horrible crisis sin contar con el FMI, porque presta más y más barato, habría que ver si Ramos Allup, nueve años después de su publicación, cree en esos actos de contrición o sigue teniendo en tan mal concepto al ente que para la bancada roja es también una bestia negra.

Pero la crisis es tan grande que no sería extraño que Ramos Allup, pragmático comprobado, termine apelando a su refranero preferido y venga en decirnos que nos agarró el catarro sin pañuelo y que por donde quiera que se le mire Catalina es tuerta.

Por tanto, sudando frío y abrazado al Cristo, concluya dándole también el sí al ente de las tres detestadas letras.