Gustavo Coronel | Soy un mariacorino

Abril 11, 2017

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Cada venezolano tiene derecho a pensar a su manera sobre la tragedia venezolana y sus posibles soluciones. No solo el derecho sino el deber.  Acabo de leer unas notas del escritor Francisco Suniaga, las cuales aparecen en FACEBOOK,  en las cuales ejerce su derecho a preferir una espera por elecciones regionales como la solución preferida. Al hacerlo, sin embargo, se pronuncia despectivamente sobre quienes él llama mariacorinos, quienes – según él –  estarían abogando por la violencia, en contra de los deseos del narco-régimen por llevar a cabo elecciones.
Dice Suniaga que estos mariacorinos serían: …los más patriotas y cojonudos que el resto de los venezolanos, gracias a la instantaneidad de las redes sociales, y en 140 caracteres, han ya emitido su opinión y formado una especie de barrera contra la racionalidad más conveniente. Barrera que, como suelen hacer, refuerzan con una pretendida dignidad, que ellos sí tienen y que, como acostumbran a sugerir, los dirigentes políticos opositores no (para mayor ilustración métanse en los negadores de la política que militan en la oposición (esos que son más inteligentes, demócratas, en los TL de Aristeguieta Gramko, de Nitu, los mariacorinos y otros especímenes).
Este párrafo no solo es innecesario sino insultante, lleno de desprecio. Habla de la pretendida dignidad de quienes piden una acción decisiva frente al narco-régimen. Acuña un término despectivo, los mariacorinos, para designar a quienes tienen una postura de abierta rebeldía en contra del narco-régimen y no están dispuestos a aceptar cada sugerencia engañosa que hace el payaso de Maduro cada vez que se ve en peligro. 

Soy un mariacorino, no creo en Zapatero, ni en el Nuncio, ni en elecciones regionales, ni en cada llamado a la concordia de los narcos chavistas. Quienes piensen diferente pueden quedarse con  su niaga.