Diputado HIRAM GAVIRIA La salida civilizada evita a un Franco, un Pinochet o un Stalin
ROBERTO GIUSTI  |  EL UNIVERSAL  domingo 21 de septiembre de 2014
Screen Shot 2014-09-21 at 11.06.21 AMEstá demostrado que cuando el Estado controla la cadena agroalimentaria las crisis se agravan
Sin el sector privado no es posible que el venezolano tenga comida suficiente y a tiempo
Hiram Gaviria renunció a su militancia partidista el día en que su partido, Un Nuevo Tiempo “prohibió cualquier iniciativa dirigida al diálogo” y ésta sigue siendo su bandera. Diputado por el estado Aragua, exministro de Agricultura y Cría, ligado desde siempre al campo venezolano, fue embajador de Venezuela en Francia y así como exhibe un diploma en Ciencias Políticas y otro en Economía, sus estudios de pregrado lo acreditan como médico veterinario. Ahora, a pesar de disentir con las declaraciones del nuevo ministro de Agricultura y Tierras sobre el papel dominante del Estado en la cadena agroalimentaria, insiste en que “el diálogo es la única forma que tiene el país de salir adelante y cree que la designación de Ernesto Samper, como Secretario General de Unasur, “es una buena señal”.-¿Diálogo para qué?
-Las cosas están mal y pueden ir a peor. Yo me pregunto a quién le puede interesar la desintegración social. Creo que a nadie y por eso, o buscamos una solución civilizada a los problemas del país o vendrán el caos y la anarquía. Es decir, cualquiera cosa que la gente prefiera ante esa perspectiva.

-¿Qué quieres decir con “cualquier cosa”?
-Un Franco, un Pinochet, otra Guerra Federal.

-O un Stalin
-O un Stalin. Ahora, el diálogo no puede ser el mismo del que se propuso en abril y mayo. La agenda debe centrarse sobre el tema político (que no en el de la diatriba) que implica revisar el funcionamiento del Estado.

-¿Sin negociar la salida del Gobierno?
-No. Eso no se negocia. Para eso se lucha por la vía democrática. Para eso están el Gobierno y una oposición que debe tener las garantías de alternabilidad.

-¿Apuestas al éxito del Gobierno de Maduro?
-Apuesto al éxito de cualquier gobierno. Y el éxito de nosotros, como alternativa, no está en el fracaso del Gobierno, sino en que nuestra propuesta, de hacer las cosas mejor, puedan conquistar a las mayorías.

-En marzo de este año se instaló la Comisión Presidencial Agroalimentaria, cuya creación partió de una propuesta tuya que perseguía prevenir la escasez, el desabastecimiento y la carestía. Seis meses después, ¿se lograron esos objetivos?
-Fue una decisión acertada del presidente Maduro acoger la solicitud de los productores agropecuarios, formulada por mí en la Asamblea Nacional, para reconstituir una instancia de diálogo entre el sector público y el privado.Y digo “reconstituir” porque en los años 2002-2003 hubo un intento del presidente Chávez y algo se avanzó. La Comisión se crea luego de nueve años de incomunicación y aunque el ministro Iván Gil sostenía contactos con Fedeagro, no había una instancia integral que agrupara a distintos despachos con las cadenas agroalimentarias

-¿No accedió el gobierno al diálogo porque ante la protesta que sacudía al país, se sentía débil y buscaba apoyo para retomar el control?
-El anuncio de esta iniciativa se hace el 14 de enero, cuando el presidente se dirige al país desde la Asamblea Nacional. Los sucesos se desencadenaron un mes después. En cambio la reunión con los empresarios fue el 27 de febrero y para entonces ya los productores agropecuarios se habían reunido con voceros del gobierno.

-Metas de la comisión eran la revisión y ajuste de los precios del alimentos, mejorar las condiciones de financiamiento y parar las invasiones contra las unidades de producción. ¿Eso se logró?
-Desde un comienzo se dijo que era imposible revertir, de la noche a la mañana, la situación de deterioro del sector agrícola: tanto vegetal, como animal, pesquero y forestal. Pero también el primario y el relativo al procesamiento industrial. En las cinco reuniones (la última fue el 15 de julio en Maracaibo) los productores han planteado sus aspiraciones y se avanzó. Primero, porque los interlocutores se reconocen y hay una instancia que los reúne. De un lado la alimentación, la agricultura, el petróleo (producción de fertilizantes), Cencoex (divisas), la industria, el vicepresidente Arreaza, gobernadores, presidentes de empresas estatales. Del otro lado Fedeagro, Confagan, Fedenaga, Cavidea, la banca, los productores primarios: cafetaleros, cañicultores, productores de pollo, de cerdo y bastantes más.

-El reconocimiento mutuo no implica logros concretos.
-Implica una visión integral de la cadena alimentaria y el reconocimiento mutuo, si bien es un logro intangible, en un país donde el productor agropecuario está visto casi como una amenaza, constituye un hecho importante. Pero también se avanzó en temas como el planteado por Cavidea (Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos). Para febrero, la deuda del gobierno con la agroindustria era de 3 mil 100 millones de dólares. Hasta hoy se han pagado dos mil 700 millones. Debe reconocerse, entonces, la buena disposición del Cencoex.

-El otro aspecto era la sinceración de los precios.
-El precio del azúcar tenía seis meses rezagado y se ajustó. Lo mismo la naranja, el pollo, la leche, la carne, las harinas precocidas, el café. Maquinaria retenida (975 tractores), problemas con fertilizantes. No es todo, pero hay una señal, en pequeño, de lo que es necesario hacer en otras áreas.

-Si esos logros se materializaron, ¿por qué se agravan la escasez y la carestía?
-Porque el daño causado a la agricultura es muy profundo y no puede subsanarse de la noche a la mañana. El camino para lograrlo es el diálogo. Mientras, hoy en día la despensa de los venezolanos sigue estando en el exterior. Las cifras del Ministerio del Alimentación indican que en maíz blanco, (para las arepas), tendremos que importar 600 mil toneladas porque la demanda es de 1 millón 600 mil y la producción interna de un millón. Traemos, en maíz amarillo (alimento para pollos), 1 millón 500 mi toneladas, 400 mil toneladas de arroz y un millón 400 mil de trigo.

-Si se está importando toda esta cantidad de alimentos, ¿por qué hay escasez?
-Primero porque la producción nacional no es suficiente. Luego porque las importaciones tienen un componente de desvío y a veces se producen importaciones a destiempo.

-¿Te refieres a corrupción?
-Se ha denunciado empresas de maletín. Nosotros importamos alrededor de nueve mil millones de dólares anuales en alimentos y materia primas.

-¿No es eso es suficiente?
-Debería serlo. De esas importaciones, 60% son del sector público. Toda la leche, el azúcar, el trigo y el café que entran al país son responsabilidad del sector público. No tienen control y deberían ser suficientes si los cargamentos llegan a tiempo. Pero allí hay sobreprecios e importaciones que no se realizan totalmente.

-El gobierno importador, ¿no es un fenómeno nuevo?
-Lo es. Las importaciones las hacía el sector privado con un control por parte del gobierno.

-¿Con menos inversión?
-Así es. Ahora, parte de esos bienes salen del país por el diferencial de precios. El café, por ejemplo, en Venezuela cuesta 46 bolívares (precio regulado), pero en Colombia no baja de 500. La leche en polvo, cuyo precio, regulado, es de 25 y 35 bolívares, en Colombia es de 800.

-Somos un país exportador, pero exportamos , no lo que producimos, sino lo que importamos.
-Una parte. Y eso no se corrige con medidas policiales. Debes ir a la raíz: aumento de la producción interna y hacer complementarias las importaciones. Pero cuando la producción interna cae, las importaciones se convierten en fuente principal de aprovisionamiento. Las importaciones, además, deben ser de materias primas para que su transformación permita darle valor agregado. Luego, si tienes 4 tipos de cambio y uno de ellos está sobrevaluado, todo lo que se importe o se produzca aquí, tendrá el aliciente de la exportación.

-Equiparar los precios con los de Colombia, para evitar la fuga de bienes, implicaría matar de hambre al país.
-Debes ir a un mecanismo gradual que estimule la producción interna, controle las exportaciones, los precios no tengan el desfase actual y se eleve así el poder adquisitivo. Se trata de sincerar la economía.

-¿Sincerar la economía o cambiar de modelo?
-Sí. Me refiero a la unidad del tesoro. No podemos seguir con gastos diversos y muchos fondos sin control. Un tipo de cambio, a mediano plazo, único, libre y competitivo. Estímulo a la producción nacional y al empleo. Si alguna meta tiene la sociedad venezolana es nutrir la despensa agroalimentaria con productos nacionales.

-¿Se puede lograr esa meta con el Estado asumiendo la responsabilidad que le corresponde al sector privado?
-No. Un Estado en el cual la producción, la transformación y la distribución de los alimentos esté bajo su control ha sido ineficiente en cualquier parte y aquí también. Sin el sector privado no es posible que el venezolano tenga comida suficiente a tiempo.

-Te hacía la pregunta porque el ministro de Agricultura y Tierras, José Luis Berroterán dijo que vamos a tener el control total de los procesos productivos y de los procesos de comercialización (…) apropiarnos de los procesos, (porque) el capitalismo todavía tiene muchos procesos secuestrados”?
-Por ese camino crecerá el déficit de alimentos. Los índices del BCV, correspondientes a abril, señalan 31% de escasez. Pero hay productos, como la leche en polvo y el aceite de maíz, que han llegado al 99%. Y en casos como el de la leche la responsabilidad es del sector público. Tampoco han podido derrotar ni escasez, ni inflación. Esta última, en cuanto a alimentos, desde septiembre del 2013 hasta agosto de este año, llega al 91%. Cuarenta por ciento más que la general. Y esto demuestra que el Estado, apropiándose de los procesos de producción, transformación, distribución, agrava el problema. Esa declaración ha causado alarma y va a contracorriente del clima de entendimiento que se había mantenido desde enero. Eso de “apropiarse” suena a nuevas confiscaciones y sería bueno que el Ejecutivo aclare el asunto porque con la Comisión Presidencial se había paralizado las tomas forzosas, intervenciones y expropiaciones que tanto daño causaron.