HUGO PRIETO @hfprietos | Carlos Romero @carlosromero9 ‏ -El gobierno ha hecho del conflicto venezolano un vacilón

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El gobierno nunca presentó una verdadera hoja de ruta, que permitiera las negociaciones. Se burló de la oposición, dice el internacionalista, politólogo y profesor universitario, Carlos Romero. En realidad, desde la época de Chávez, ha demostrado un desprecio olímpico por el papel que juegan los partidos de oposición en una democracia. El éxito se mide en la implantación del autoritarismo, del fracaso económico y de una crisis social que raya en tragedia.

Es increíble que un país, cuyo nombre se confunde con dos palabras, emergencia humanitaria, sea una mortificación para sus vecinos y particularmente una bomba de tiempo para todo el Caribe. Esta combinación de factores negativos, domésticos y externos, ha disparado las alarmas de la comunidad internacional. Hay una coalición de países, encabezada por Estados Unidos que le ha puesto un límite a Venezuela. El intento de sobrepasar ese límite va a significar un costo elevadísimo, que nos va a llevar a una conflictividad mucho mayor, dice Romero.

Desde Miraflores se ha hecho un manejo irresponsable, la gente perdió la fe en la negociación política, en la vía electoral y pacífica. No es poca cosa en un país distante, ¿quizás indiferente? ante la muerte de sus signos vitales.

¿Usted cree que la suerte de Venezuela y de sus recursos la están decidiendo soberanamente los venezolanos?

Sí y no. Pretender que la paz y el equilibrio de los pueblos se consiguen solamente por factores domésticos, es subestimar la importancia que han tenido los factores internacionales como parte de la globalización, y en particular el papel que han jugado los medios de comunicación, papel tanto positivo como negativo para la narrativa, la cobertura, la imposición de imágenes y de ideas colectivas. Por tanto, la llamada comunidad internacional, los países democráticos y liberales, que representan la mitad del mundo, juegan un papel fundamental. No solamente los gobiernos, sino los organismos multilaterales y las organizaciones de carácter no gubernamental. Todo eso forma un conglomerado muy complejo y al mismo tiempo interrelacionado que permite observar que cualquier solución interna pasa por parámetros de índole internacional.

Podría decirse que la oposición cuenta con el respaldo de gobiernos democráticos y liberales y el gobierno tiene el apoyo de países con una orientación política distinta, Rusia y China, y en alguna medida de potencias emergentes, Suráfrica, India. ¿Se puede hablar de una contraposición? ¿De un balance? ¿Qué hay allí?

Luego de la caída del Muro de Berlín y del resurgimiento de Rusia, del desarrollo de China como superpotencia, más la permanencia de Estados Unidos como una potencia fundamental, lo que hay es un mundo multipolar, en el que hay potencias medianas, como Brasil, India, Turquía, Suráfrica, que también juegan un papel importante. El gobierno venezolano ha leído o tiene la creencia de que existe un mundo multipolar y desde los tiempos del ex presidente Chávez siempre se buscó promover las relaciones de Venezuela con esos países que no eran democráticos, el caso de Kadaffi o de Sadam Hussein, movimientos internacionales de izquierda, proyecciones de carácter mediático que, de alguna u otra forma, balancearon lo que Chávez denominó un mundo multipolar. Sin embargo, Venezuela no rompió con el mundo occidental, trató siempre de tener una especie de imagen oblicua, en el sentido de que profundizó relaciones con esos países, pero mantuvo buenas relaciones con los países europeos y muy buenas relaciones con los países de América Latina, a pesar de que quiso presentar un esquema paralelo y distinto a las organizaciones hemisféricas tradicionales, a través de Unasur, Celac, Alba. Indudablemente, por una serie de circunstancias, el mundo multipolar le sirvió a Venezuela, pero hoy por hoy, el mundo occidental ha apretado a Venezuela.

¿Se acuerda de aquella frase <Aquí huele a azufre>? Parece que los Estados Unidos están pasando la cuenta. Nadie pensó que Venezuela se iba a convertir en una especie de Judea, la provincia díscola del Imperio Romano. ¿Usted cree que Estados Unidos va a someter a Venezuela?

No creo, pero le va a dar un límite a Venezuela. Le va a decir. Hasta aquí usted llega en esa pretensión de jugar oblicuamente en el mundo internacional. Pero no solamente los Estados Unidos y la Unión Europea, no podemos olvidar el papel importantísimo que ha jugado Israel en todo esto. Yo siempre digo que el peor de los errores del ex presidente Chávez fue haber roto las relaciones con Israel y haber mantenido un enfrentamiento tan serio con la comunidad judía internacional, cuya influencia en los medios internacionales es relevante. Estoy seguro de que si hubiese habido una relación mucho más fructífera y amigable con Israel, y con los factores de poder que hay detrás de ese país, el gobierno venezolano no tuviera una situación como la que tiene actualmente. Pero también tenemos que preguntarnos por qué los países democráticos aprietan a Venezuela y hasta qué punto el gobierno buscó, tanto en el plano externo como en el plano interno, algo <distinto>, un modelo caracterizado por el autoritarismo, por la disminución de las libertades públicas, por la falta de respeto al papel que en una democracia juegan los partidos de oposición, el llamado Socialismo del Siglo XXI.

La soberanía, en su acepción militar, siempre fue reivindicada por Chávez. Aquí no se puede meter nadie. Pero hay realidades, económicas y políticas, que imponen límites y que a la postre significan un costo para quienes quieren cambiar el mundo a trocha y mocha. Se impone el modelo y el gobierno está dispuesto a pagar el precio. ¿Sin chequera petrolera y cuál sería el epílogo de esa política?

Aquí se mezclan varias cosas. Primero, el afán venezolano —que no es exclusivo de este gobierno, lo han tenido gobiernos anteriores— de tener una política “activa” y sobredimensionada. En vez de ser un país sencillo, con intereses y compromisos sencillos, siempre quisimos meter la mano en asuntos internos de otros países. Chávez quiso hacer una revolución en América Latina y en una ocasión habló de una revolución universal. Es decir, la proyección mediática, política y económica fue muy grande durante el gobierno de Chávez.

Venezuela es un país modesto, con un grado de desarrollo muy limitado, que quedó en evidencia en esta crisis. ¿Cómo se conjuga ese afán de grandilocuencia con la realidad de un país pequeño?

Quiero insistir en que esto no es algo inventado por Chávez. Es una tradición que muchos presidentes tuvieron. Carlos Andrés Pérez llegó al Kremlin y le dijo a Leonid Brézhnev (ex Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética) vengo en nombre del Tercer Mundo y Brézhnev le respondió. ¿Usted no es el presidente de Venezuela?, dándole a entender que no pretendiera representar al Tercer Mundo frente a una superpotencia. Decía que había tres elementos. Uno, el hiperactivismo. Dos, la confianza en los precios petroleros. Es decir, la relación entre petróleo y diplomacia. Tres, no podemos olvidar que Venezuela tuvo una actitud paternalista con algunos países del Caribe y de América Latina, en cuanto a esta idea de participar en sus asuntos internos. Digamos, por razones “positivas”, pero intervención al fin. Ocurre también que el concepto de soberanía ha ido cambiando. Esa idea de mantener una fortaleza cerrada está caduca por la realidad internacional. ¿Un país puede garantizar que no haya contrabando, tráfico de drogas, diáspora, circulación de bienes y servicios?

¿Está haciendo un retrato hablado de Venezuela?

Estoy hablando de Venezuela, de Colombia y de otros países. Esto no es exclusivo de Venezuela. Lo que pasa es que esto se ha agravado, entre otras cosas, porque tenemos una gran crisis de institucionalidad.

En medio de esa crisis emerge la arista de la geopolítica con toda su significación e importancia.

Venezuela se presenta como un estado débil y eso es un peligro. No podemos hablar de seguridad, sino de la inseguridad que, en este momento, irradia el país. A este elemento doméstico, se agrega otro: Ningún país Occidental quiere que Venezuela vaya a convertir el área del Caribe en una especie de Medio Oriente. Es decir, de traernos los problemas que son de carácter religioso, de carácter étnico, de historias coloniales distintas a la nuestra. En ningún momento, puede caber la idea que haya una internacionalización del conflicto venezolano. Curiosamente el gobierno venezolano se siente cómodo si tal cosa se produce. A Maduro le encantaría que Putin y Trump resolvieran el problema de Venezuela. Le encantaría, porque así la gente se olvidaría de lo que está pasando internamente. Nuestro problema es fundamentalmente doméstico y no de carácter geopolítico, entre otras cosas, porque nosotros estamos situados en el hemisferio Occidental.

Por las propias asimetrías y características distintas que hay en el Caribe, existe el peligro potencial de que esto se balcanice. Es previsible que los factores que quieren evitar ese riesgo intervengan de alguna manera.

Sí, la pregunta es cómo lo quieres resolver y cómo pretendes intervenir. Hay intervenciones de toda naturaleza, desde las más políticas hasta la militar. Y, por supuesto, hay condiciones de intervención diferentes. Por ejemplo, Estados Unidos, la Unión Europea y los países representados en el Grupo de Lima están comprometidos con una salida política, pacífica y electoral. Si eso no se da, para infortunio de los venezolanos, se podrían plantear otro tipo de soluciones.

En el caso de los conflictos en Centroamérica se ensayó un esquema regional y funcionó (Contadora y Esquípulas), sin mayores presiones de Estados Unidos o de otras potencias. Pero eso no ocurrió en el caso venezolano. En República Dominicana acaban de meter el diálogo en el congelador. Uno de los integrantes de la comisión asesora de la MUD dijo. <Yo no quisiera pensar en lo que pudiera ocurrir si este diálogo fracasa>. Parece que llegó la hora de pensar en eso, ¿No?

Lo que pasa es que yo, como politólogo que soy, tengo que reivindicar la negociación. La negociación es muy importante, al igual que la vía pacífica y electoral. Ahora bien, si no hay condiciones para ninguna de esas vías, no te queda más remedio que pensar en otras soluciones. Tenemos que agotar todas las posibilidades, porque a nadie, ni a Estados Unidos, ni a Rusia, ni a Colombia, ni a Venezuela misma, le interesa que entremos en una situación donde haya otras consideraciones para resolver el problema de Venezuela.

Su reivindicación, sin duda, es legítima, pero yo tengo que insistir, porque el diálogo está en terapia intensiva. ¿Qué podría pasar? ¿O, al menos, cuál sería el escenario que usted prevé?

Dado el caso de que no haya posibilidad de una negociación política que conduzca a una vía pacífica y electoral, nosotros entraríamos en un escenario mucho más conflictivo, en donde tendrían que observarse situaciones que pudieran llevar a un desenlace de carácter no político. Pero en este momento es muy difícil pronosticar cuál sería ese tipo de resultado. Es muy difícil pronosticar cuáles serían las salidas.

Ciertamente, pero ¿podríamos poner esa variable en el horizonte y hablar de una medida de longitud?  ¿Estamos a un paso? ¿A un kilómetro?

En este momento estamos en una encrucijada, en donde la mitad de Venezuela está por la solución democrática y la otra mitad con una solución de carácter no democrático. Estamos en una encrucijada y por eso es tan importante las responsabilidades. Y en este caso no me cabe la menor duda de que la responsabilidad principal es del gobierno, el gobierno ha hecho de esto, voy a usar una palabra coloquial, un vacilón, se ha burlado de la oposición. La oposición sabe muy bien que el gobierno no da su brazo a torcer, que realmente no ha ofrecido una hoja de ruta para llevar adelante una negociación, ¿cuántos episodios de negociación en el mundo nos enseñan que sí se puede llegar a una solución positiva, a un happy ending? ¿Qué pasa con Venezuela? Hay una piedra de tranca y ¿Tú sabes cuál es?… la excesiva confianza del gobierno. El gobierno creyó que podía ir como un carrito chocón por toda la dinámica internacional. Y se le puso un límite, por la sencilla razón de que se lo buscó.

Varios gobierno, incluido el de Colombia, han dicho que no van a reconocer al presidente que gane la elección convocada por la ANC, a la que no le asignan ninguna legalidad.

En principio, el gobierno de Maduro seguirá adelante sin tomar en cuenta esas advertencias. Eso abriría el camino para una condena en la OEA, que podría calificar al gobierno venezolano como fuera de la ley, a menos que Maduro sienta que llegó demasiado lejos y planteé una nueva negociación. Sería, sin la menor duda, un escenario de mayor confrontación y conflictividad.

Se ha impuesto un límite que tiene consecuencias internas terribles, digamos que los Estados Unidos han puesto la mano en el garrote, pero todavía no aprietan. Quizás porque creen que aún hay espacio para la negociación.

Si, con el apoyo de una coalición de países.

Si aprietan el garrote, no me atrevería a decir dónde estaríamos cada uno de los venezolanos.

Sería como El Asesinato del Expreso de Oriente, donde todos y cada uno estuvieran involucrados en el asesinato. Esa sería, más o menos, la situación. Yo creo, honestamente, que hay personalidades internacionales, personalidades regionales, organismos de carácter internacional, organizaciones no gubernamentales, intelectuales, que están haciendo todo lo posible para evitar transitar más allá del límite que la realidad le está imponiendo a Venezuela. Pero vuelvo a insistir en que la responsabilidad principal y fundamental es del gobierno y del partido del gobierno. A mí modo de ver están demasiado confiados en que pueden seguir, porque hasta ahora no habían encontrado ese límite. Y ese límite vino por dos razones. Por una coalición de países que se fue formando desde la época del ex presidente Obama, de gobiernos que dijeron no estamos de acuerdo con el Socialismo del Siglo XXI, no estamos de acuerdo con que metan la mano en nuestros asuntos internos, no estamos de acuerdo con tu política de alianzas de carácter geopolítico.

Esa sería la razón internacional, ¿Cuál sería la razón domestica?

Los resultados del modelo a lo interno. En el caso político, la reducción paulatina y sistemática de las libertades públicas y el estado de Derecho; además del desprecio por el papel que juegan los partidos de oposición en una democracia. En el caso económico por el desastre que es y fue el Socialismo del Siglo XXI. Desde el punto de vista social, la profundización de la crisis en todos sus aspectos. Eso ha hecho que la comunidad internacional de países democráticos haya puesto unos límites. Pero también la otra comunidad, porque los rusos y los chinos no se las van a jugar completa por Venezuela, ya ha habido casos históricos, uno de ellos fue cuando Allende fue a buscar la ayuda del Kremlin, algunos me dirán, eso fue en tiempos de la Unión Soviética, pero es que estos son peores, porque estos no tienen ningún tipo de condicionamiento ideológico, son muy pragmáticos, al igual que los chinos, al igual que Turquía y otros países que juegan con el caso venezolano a favor de sus intereses y para negociar con los Estados Unidos. Entonces, ¿Dónde está la verdad de estos actores que juegan en una especie de teatro del absurdo global? ¿Dónde está la verdad de esto? Lo único que te puedo decir es que está en manos del gobierno. El gobierno tiene que rectificar.

El gobierno subestima esos límites y sigue adelante con cosas tan estrambóticas como esta criptomoneda, el Petro. Sigue adelante con una política que ante todo es realismo mágico en profundidad, ¿Se dará cuenta el presidente Nicolás Maduro que ha llegado el momento de poner los pies en la tierra?

Y sobre todo, ¿Cuándo se va a dar cuenta de que ha sido muy irresponsable? Porque lo ha sido en el tratamiento del tema de la OEA; ha sido muy irresponsable en el tema de Naciones Unidas, recuerda que Venezuela, recientemente, representó al bloque de América Latina y no consultaba con el resto de los países, siendo un miembro transitorio del Consejo de Seguridad; ha sido muy irresponsable en el tema de las alianzas con países como Rusia y China; ha sido muy irresponsable en la política de seguridad. Venezuela tiene hoy uno de los índices más altos del mundo en materia de represión, en materia de seguridad del Estado. Hay que ver lo que ha significa la lucha por los Derechos Humanos en Venezuela. ¿Cuántos presos, cuántos detenidos ha habido en estos últimos años?; ha sido muy irresponsable ante un hecho social, que es la diáspora. La diáspora, como lo indica la palabra es una obligación. Es decir, los venezolanos están obligados a irse del país por causas políticas o económicas. Yo insisto mucho en la responsabilidad que tiene el Estado. Creo, honestamente, que las puertas no están cerradas totalmente. Creo que todavía es posible evitar un choque de trenes en Venezuela.

¿Usted cree que en el país podría ponerse en escena <la solución Siria>? ¿Existe la posibilidad, por ejemplo, de que este país se balcanice por la alianza de grupos del narcotráfico con grupos armados que operan dentro o fuera de Venezuela? Esto es lo más parecido a un polvorín, ¿No?

Ese escenario lo hemos discutido varios politólogos en profundidad. Por supuesto, como suele ocurrir en estas discusiones, siempre hay dos bandos. Hay unos que dicen que estamos a las puertas de una guerra civil y otros, entre los cuales me cuento, de que eso no va a ocurrir todavía y podría agregar algo de carácter moral, ojalá que no la haya, porque todavía las Fuerzas Armadas ejercen el monopolio de la violencia legítima. ¿Que hay presencia de los llamados colectivos? Sí, pero el monopolio de la violencia, que es uno de los principios del Estado, lo ejercen las Fuerzas Armadas. Dos. Aquí no hay desprendimientos de carácter étnico o religioso como en el caso del Medio Oriente y, particularmente, como en Siria. Es decir, aquí no hay una fragmentación territorial. En tercer lugar, todavía no hay una lucha fratricida entre sectores sociales.

No olvide que aquí hubo guerras fratricidas.

Sí, la guerra de independencia.

La Guerra Federal.

Podríamos decir que la guerra de Independencia fue un corte histórico. No hemos llegado a ese punto. Por eso yo soy optimista, no hemos llegado a un cuadro donde uno pueda definir la situación venezolana como guerra civil o lucha fratricida. De ruptura de grandes extensiones territoriales.

Ha dicho que está comprometido con la salida política, la vía electoral y pacífica, ahora dice que es optimista. ¿Qué tendríamos que ver sobre la mesa para que ese optimismo no sea sólo el de Carlos Romero sino el de toda la sociedad?

Yo creo que uno de los grandes problemas que tiene la oposición venezolana es que ha perdido la sintonía con las mayorías del pueblo. Es decir, para que podamos, realmente, ser una opción de poder y latirle en la cueva al gobierno, tenemos que reconquistar a la mayoría de los venezolanos, que actualmente han perdido la fe en la salida política y electoral.