JEAN MANINAT @JeanManinat | Buenos deseos

26 de enero de 2018Screen Shot 2018-01-28 at 10.11.27 AM

Los dioses castigan a los mortales concediéndoles sus deseos -o algo parecido- reza la sentencia atribuida a los griegos (toda frase ocurrente de la antigüedad se le atribuye a ellos, jamás a los asirios, a los babilonios o a los egipcios, gente siempre tan malencarada). Lo cierto es que la frase ha funcionado como un freno de autoayuda frente a los excesos de confianza cuando las cosas parecen ir a toda vela, y de justificación autocomplaciente cuando van mal de todas, todas: ¡Hum!… por algo me dejó embarcado en la última cita.

Cuesta creer que los dioses se dediquen a complacer plegarias y deseos solamente para mortificarle la vida a los creyentes, pero mire usted que uno ve cada cosa, que ya no sabe qué creer. Cuánto habrá soñado el joven empresario Trump con llegar a ser Mr. President Trump, sin saber la broma que le echarían las deidades germánicas de sus ancestros al complacer sus deseos. En una de estas lo dejan encerrado en Mar -a- Lago y botan la llave, tan mal le va en el empeño.

Pero no hace falta recurrir al Imperio, ajustemos el foco en nuestros sectores de la oposición radical, y en sus virulentos tuiteros, capaces de teclear 280 hojillas por segundo, sin pelar un insulto.

Dedicaron todos sus megas, el poco Internet balbuceante que les iba  quedando, la electricidad menguante de sus habitaciones, a clamar ante los cielos la desaparición de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), a suplicar la erradicación de sus partidos, la crucifixión de sus dirigentes. De haber sido escuchados sus rezos, si un leve soplido divino hubiese disipado el obstáculo de la MUD, habrían regresado a la calle para alcanzar Miraflores definitivamente.

Y, voilà, las divinidades se sacudieron la modorra milenaria que las envuelve, aguzaron el oído para tomar nota de las peticiones y se dieron a la tarea de complacer a sus suplicantes, envenenando a la MUD, sembrando de apresuramiento sus cálculos, fijándole la brújula en el curso de un vete ya de improbable alcance, dando la partida hacia una salida -de nuevo- sin salida.

La Unidad se cuarteó, empezó a hacer aguas por los cuatro costados, y a desfallecer entre diatriba y diatriba interna. Finalmente, las plegarias radicales habrían sido escuchadas. Su momento parecía haber llegado. El radical chic -permiso Tom Wolfe-  tenía el mango bajito y al alcance de los dedos. Pero…

Pronto, la alegría por los favores recibidos se transformó en una ansiedad de esas que dan dentera. ¿Y ahora, a quién echarle la culpa de lo que pase?  ¿Todo el tiempo invertido en desprestigiar a Capriles, a Ramos Allup, a Borges, a Falcón, quién nos lo devuelve? ¿Y hoy que la MUD no nos puede  atajar, de verdad tendremos que marchar hasta Miraflores con tanto malandro suelto? ¿De verdad, chama, hay que salir a convencer a ese pueblo shithole que se vende por una bolsa CLAP? ¡No pana… seguro es otra trampa del gobierno para distraernos!

Y, así las cosas, una vez sus plegarias hechas realidad, y las premuras políticas respirándoles como chuzos en las gargantas, los jefes radicales no atinan qué decir, ni  mucho menos qué hacer, salvo regresar a la zona de confort de echarle la culpa a la administración anterior: la MUD.

(Ya se elabora el mito de un momento luminoso fundacional, cuando estábamos a tan solo dos manifestaciones más de que nos abrieran las puertas del paraíso miraflorino, pero el demonio de la MUD mandó a parar e impidió que fuéramos felices de nuevo).

Los dioses, zamarros como buenos dioses, oyeron sus cánticos quejosos, pero los hicieron responsables de sus acciones políticas ante los reflectores de la opinión pública, (accountability, lo llaman los anglosajones). Luego de tanto oírlos pontificar, mucha gente quisiera saber si como roncan… duermen.

Lo que se avecina es candela: ruptura del diálogo, validación de los partidos, elecciones anticipadas con el mismo CNE, y más miseria por minuto. Las letanías retroactivas en contra de la MUD no son suficientes para enfrentarlo.

De los buenos deseos líbrame Dios, que de los malos me libro yo.